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20/08/2018

A falta de protocolos, corazonadas

Anli Álvarez Ramirez / Jueves, 28 Septiembre 2017 - 11:39
Caso Escuela de Aviación México: ¿Quién es el culpable? (Primera parte)

Están por cumplirse 30 días de la desaparición de la aeronave Cessna-152 perteneciente a la Escuela de Aviación México (EAM), cuyo último contacto con sus tripulantes (alumno e instructor de vuelo) se registró el 1 de septiembre pasado en la zona de la Costa Grande de Guerrero. Una vez cumplido este lapso, José Luis Salazar, comandante del Aeropuerto Internacional de Acapulco y encargado hasta ahora de la búsqueda, podría dar por canceladas estas labores.

De ocurrir, no habría nada ilegitimo en ello, puesto que la EAM apenas está en proceso de certificación de su Sistema de Gestión de Seguridad Operacional (SMS por sus siglas en inglés), protocolo que representa la "columna vertebral" ante emergencias aéreas.

La ausencia de un SMS supone que aún no está establecido un Plan de Emergencias riguroso para casos como éste, lo cual entorpece la continuidad, según lo establecen el manual 9859 y la Norma Oficial 064 de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).

Consultado sobre el tema, Víctor Manuel del Castillo, experto en SMS, consideró que la comandancia de Acapulco no debería siquiera estar al frente de la búsqueda, dado que no son expertos en ello.

Lo que pudo haber sido y no fue…

De acuerdo con las regulaciones mencionadas, un Plan de Emergencias se compone de cinco pasos básicos: 1) preservar la vida humana, es decir, no detener la búsqueda hasta encontrar a los tripulantes; 2) brindar atención a los familiares de las víctimas; 3) contar con un vocero oficial en contacto con ellos para informarles continuamente los avances; 4) proteger la infraestructura y bienes del operador, y 5) proteger la imagen de la compañía. ¿Hasta dónde se han cumplido estas premisas?

Sobre el primer punto, el propio director de la EAM, Alfredo Velázquez Marciel, en entrevista con A21 expresó que si no fuera por las diferentes instituciones que se han sumado a la investigación, no tendrían ningún dato. En su perspectiva, el colegio estableció esfuerzos hasta donde le ha sido posible.

En el segundo, la escuela proporcionó hospedaje y transporte a los familiares de las víctimas, pero no ha canalizado la atención psicológica que también es obligatoria. Velázquez asegura que no ha sido por falta de interés sino por desorganización.

El punto más desastroso, quizá, fue el tercero. El director de la EAM explicó que una persona de Protección Civil de Acapulco fue quien le informó sobre la localización de la aeronave y los cadáveres de los jóvenes pilotos. Esto llevó al Ing. Gonzálo Velázquez, fundador del colegio, a comunicar erróneamente la noticia y dar el pésame a los familiares un día después de la desaparición del Cessna-152.

Como era de esperarse, esto representó un doble shock para los padres quienes, al llegar a Acapulco a reclamar los cuerpos y hablar con el comandante del aeropuerto, descubren que esta información es falsa.

Ante este panorama, el Ing. Del Castillo explica que, si no existe un SMS sólido, es porque “la DGAC no tiene conocimiento suficiente para abarcarlo a nivel república mexicana, no tiene suficiente gente y (la que tiene está) además inadecuadamente pagada”. Por ello, sentenció, resulta virtualmente imposible supervisar el que instituciones académicas como EAM cuenten con los protocolos necesarios.

Sospechosos comunes

Velázquez señaló que cada año la EAM es auditada en sus operaciones por la DGAC. Sin embargo, bajo la perspectiva de Victor Manuel del Castillo, eso no es suficiente. Reiteró que lo imperativo es contar con un riguroso SMS que garantice acciones proactivas, es decir de previsión, y no reactivas, cuando ya está el problema enfrente.

Cabe destacar que la desaparición del avión escuela no es el único ni el último caso de accidente aéreo registrado en México. Tan solo desde el 1 de septiembre, otras 13 aeronaves han sufrido serios percances, y en muchos casos, con muertes de por medio.

Por ello, el director de EAM urgió a que se otorguen mayores recursos a la autoridad (DGAC) para que pueda apoyar a los casos de búsqueda. La prueba está en que, para este abanico de siniestros, solo hay dos personas que laboran en la Dirección de Investigación de Accidentes.

A tal grado llega el vacío operativo que, ante la falta de resultados percibida en el municipio de Atoyac de Álvarez, el señor Ávila declaró: “incluso nos dijeron que les propongamos un lugar donde tengamos una corazonada de que puedan estar”.

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