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18/01/2021

¿Adiós Interjet? ¡No estoy tan seguro!

Juan A. José / Martes, 12 Enero 2021 - 13:28

“Lo más grave de dejar de estar, es hacerlo siguiendo estando…” dice una frase que escuché por ahí y cuyo autor o autora desconozco, si bien me gustaría saberlo para otorgarle el crédito que se merece.

Interjet, considerada por muchos la mejor aerolínea de la era de los cielos abiertos mexicanos, ha dejado realmente de “estar” desde hace tiempo; por lo menos así ya lo intuía este analista cuando publico en el portal A21 en agosto del año 2019 una nota con un contundente título: Destruyendo a Interjet.

Lo cierto es que aún cuando ello suene poco probable dada su actual situación, en mi opinión su historia no está del todo escrita; sigo pensando que hay “mano negra” en todo este asunto, tal y como seguramente ocurrió en el año 2010 cuando dejó de operar Mexicana de Aviación, por lo que no debemos dar por un hecho su liquidación.

¿A quién se le ocurre pensar que una aerolínea en las condiciones en las que se encontraba esta en particular a comienzos de este nefasto año 2020 sobreviviría la crisis del covid-19 de manera natural, es decir, sin inherencias externas? ¡Caramba! ¡Ya ni Southwest está fuera de peligro!

Mi relación con la aerolínea fundada por la familia Alemán es una de claro-obscuros; asistí a la ceremonia en la que fue presentada ante el entonces presidente Vicente Fox en el Aeropuerto de Toluca y no me costó trabajo valorar positivamente su estrategia de ubicarse como una aerolínea de alta eficiencia operativa y económica, pero ofreciendo un buen servicio (¡valga un reto!), algo que nunca realmente alcanzó en ambos sentidos, y es que me da la impresión de que Interjet falló en algo sumamente importante en una entidad prestadora de servicios: en la calidad de su ambiente laboral, misma que se quiera o no influye en la efectividad del manejo de esos “Momentos de la Verdad” que caracterizan cualquier interacción humana.  Me parecía que el personal de la aerolínea trabajaba siempre con mucho miedo de perder su empleo por cualquier error. ¡Así nadie puede dar lo mejor! Nunca voy a olvidar el cómo hace ya varios años, un grupo de sus sobrecargos con el que tuve la oportunidad de interactuar, se quejaba ante de una suerte de clima hostigamiento laboral en el seno de la aerolínea, condición que me confirmaron tiempo después amigos pilotos y personal de tierra.

Mis experiencias con su personal del área de Atención a Clientes relacionados a varios incidentes de mal servicio ocurridos con bastante tiempo entre uno y el otro, me convencieron además de que si bien el servicio de Interjet en vuelo era bastante bueno, en tierra tenía una enorme área de oportunidad que debía ser atendida a la brevedad, incluyendo pensar más en el cliente, y “bajarle” un poco a esa arrogancia propia de quien se siente intocable con la que la aerolínea y algunos de sus representantes se manejaban ante sus favorecedores y la sociedad, incluyendo el propio gobierno, asunto en el que el haber logrado construir en el año 2015 un edificio corporativo en plena plataforma sur del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, cancelando por lo menos tres muy necesarias posiciones remotas en ella, habla mucho de su influencia.

Los cielos comenzaron a nublarse seriamente para la operadora durante el verano del 2019 cuando evidenció grandes problemas en el marco de esa crisis operativa, plagada de cancelaciones y demoras que tan mal sabor de boca dejó entre sus clientes y proveedores, contribuyendo a esa precaria condición financiera, operativa, legal y laboral con la que se atrevió a enfrentar la pandemia del covid-19.

La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) le propinó lo que en mi opinión parecía todo un “tiro de gracia” al suspenderle parte de sus servicios a finales de abril pasado, pero no fue así; en julio aparecieron “nuevos inversionistas” listos para capitalizar a la aerolínea, algo que finalmente no se materializó ya sea porque se espantaron ante lo que vieron en sus números o por algún otra razón menos objetiva.

Lógicamente, carente de recursos para hacer frente a gastos tan elementales como el pago de su nómina, la aerolínea, todo indica, está sucumbiendo, tal y como suele suceder con las empresas en México en medio de un mar de demandas legales, perjudicando especialmente a sus empleados, proveedores y asociados, afectando el prestigio, la conectividad y por ende los mejores intereses de la bandera que portaban sus aeronaves.

Debo confesar que a estas alturas el que la compañía logre finalmente sobrevivir me preocuparía mucho, toda vez que de alguna manera validaría la hipótesis que fuerzas que poco tienen que ver con la lógica de la economía, el libre mercado, la transparencia y la manera en la que opera el aerotransporte están interviniendo en ella.

Mientras se define el futuro de Interjet, que me temo habla mucho del futuro de la oferta de aviación comercial mexicana, lo que queda del mercado aéreo mexicano está siendo atendido en los segmentos doméstico e internacional tanto por operadoras nacionales y extranjeras también en serios problemas, caso notable de Aeroméxico; por aerolíneas de ultra bajos costos, todo indica en mejores condiciones de seguir enfrentando esta crisis de la pandemia que en lugar de paliar tiende a agravarse, caso de Viva Aerobus y Volaris y en materia logística por las ahora vitales cargueras.

“Mientras es Chana o es Juana”, si bien desde hace meses ya no son factor en un mercado que tal y como ocurrió con Mexicana ya se encargó de atender la demanda, sin duda se extrañan en el aire a los hermosos aviones de Interjet.

Los mejores deseos al personal, proveedores y asociados de esta que alguna vez fue una atractiva y competitiva operadora aérea.

Estaremos pendientes de la evolución de este lamentable tema.

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