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23/07/2018

¡Gotcha! Triste destino para algunas aeronaves

Juan A. José / Miércoles, 5 Julio 2017 - 11:45

Debo confesar que no comparto el gusto que muchas personas tienen, en especial adolescentes y adultos que no han dejado de serlo, de recrearse participando en combates tipo militar, virtuales o tanto, incluyendo esos ahora sumamente populares sitios llamados “Gotcha” que abundan en todas las latitudes, incluyendo la nuestra.

¿Será que por ahí las historias de lo que los abuelos vivieron en la Guerra Civil Española me generaron una profunda aversión a todo lo que huela a los conflictos bélicos? ¡Muy posiblemente!

No soy anti-militar, por el contrario, me queda perfectamente clara la gran labor que nuestros ejércitos realizan en materia de defensa y seguridad nacional, instituciones a las que respeto y admiro profundamente, en especial a sus brazos aéreos, lo cual no obvia el que me cuesta trabajo entender cómo es que alguien encuentra placer en disfrazarse de “ranger” para cazar y matar (aun figuradamente) a otros seres humanos, en espacios como los llamados “Gotcha” en los que empleando bolas de pintura simulando munición real se escenifican intensas batallas.

Baste decir que tampoco son de mi agrado los videojuegos de corte para-militar. Y es que una cosa es defender a una patria y otra menospreciar la vida humana, promoviendo una cultura en la que las guerrillas, los sicarios o los súper-héroes armados hasta los dientes son como dicen los jóvenes: “cool”.

Recorriendo recientemente la carretera Picacho-Ajusco con el fin de disfrutar de esa maravilla de la naturaleza que adorna el sur del Valle de México no me sorprendió toparme con varios establecimientos donde practicar el “Gotcha”; es más yo sabía que existían. Lo que llamó mi atención fue encontrarme en ellos ante todo un cementerio de aviones, en el que ubiqué los fuselajes de algunas interesantes aeronaves que van desde monomotores tipo Cessna 172, hasta un impresionante Antonov An-32, que, de acuerdo a lo que pude ver, aún conserva los colores de la Fuerza Aérea Mexicana, entidad en la que seguramente operó, pasando por dos Boeing 737-200, uno de los cuales mantiene en su empenaje el logo de esa ahora extinta aerolínea regio-chiapaneca con base en la Ciudad de México que conocimos como Aviacsa, a cuya seguramente flota perteneció y por lo que parece algún día haber sido un Jet Ejecutivo Grumman II. Seguramente hay restos de más aeronaves que no logré visualizar.

¡Qué triste destino el de esos equipos! Sí, muy triste; de por sí es lamentable estar ante una aeronave que ya no vuela, como para todavía observar como es empleada en una actividad que insisto, no me parece el más sano entretenimiento que existe. Ojalá y hubiesen tenido un mejor destino al terminar su vida productiva en el aire, como el que tuvo por ejemplo uno de los Lockheed JetStar que alguna vez operó TAESA que acabó como “hospitalito” en los jardines del área de pediatría y maternidad del Sanatorio Español de la Ciudad de México, donde (cosas de la vida) precisamente este comentarista aeronáutico nació. No me molesta cuando una aeronave es transformada, tal y como ha sucedido por doquier, en restaurante u hotel.

Sobra decir que disfruto que aeronaves en desuso adornen instalaciones castrenses y más cuando terminan en museos, ludotecas u otros espacios al alcance del público en general, especialmente estudiantes. Es más, promuevo el que los museos aeronáuticos del mundo se colmen de equipos.

Soy realista; hay un mercado legítimo para el “Gotcha” y para los video-juegos de ese mismo perfil, empleando o no aviones, por ende, debo aprender a vivir con ello. Pero eso no significa que al ver a ese An-32 convertido en campo de batalla, no deje de pensar por ejemplo en Alberto Santos Dumont, el enorme pionero aeronáutico brasileño que le dio a Europa su primer avión en 1906 y que en el ocaso de su vida se deprimió profundamente al ver cómo en su Brasil natal se estaban empleando aeronaves como armas de guerra, agrediendo a su pueblo durante una revolución. Estoy seguro que a él tampoco le hubiese agradado mucho lo que vi por el rumbo del Ajusco.

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