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15/12/2018

Las voces en contra del proyecto de Texcoco

Francisco M. M… / Jueves, 11 Octubre 2018 - 09:40

"¿Para qué quieren un aeropuerto si nunca se han subido a un avión?"
–Gerardo Fernández Noroña.

Por todo lo que significa de forma y de fondo, no hay manera de evitar que sigamos refiriéndonos al tema de la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, así como de todas las voces –y las manos– que están interviniendo en una decisión que puede convertirse en una de las más importantes del periodo presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Y es que el presidente electo y su círculo cercano están haciendo su campaña, a veces por debajo del agua y a veces a la luz del día, para cancelar el plan de Texcoco, donde ya se han invertido un mundo de millones, y se inclinan a favor del proyecto Santa Lucía que, de acuerdo con los verdaderos expertos nacionales e internacionales, representa una opción no viable por razones que se basan justo en donde debe iniciar todo en aviación: en la seguridad de los más de 45 millones de pasajeros que cada año transitan por aire en la capital del país.

Hablando de seguridad, no podemos dejar de recordar en este espacio la célebre frase del señor José María Rioboó, que cimbró las redes sociales y le dio la vuelta al mundo: "los aviones no chocan, los aviones se repelen"... la ignorancia sobre temas aéreos en todo su esplendor.

Hay que decirlo con claridad: la operación simultánea del actual Benito Juárez y Santa Lucía, como plantea el nuevo Gobierno, simplemente no es viable y además es insegura debido al reducido espacio aéreo disponible para controlar 50 operaciones cada hora –450 mil cada año. A esto se añade las especial orografía que rodea al Valle de México y sus complicadas condiciones meteorológicas durante los doce meses del año, y ello sin tomar en cuenta la estratosféricamente cara logística que deberán implementar las aerolíneas para operar sus vuelos nacionales e internacionales, además de la necesaria infraestructura de intercomunicación terrestre entre ambos aeropuertos, separados por casi 30 kilómetros uno de otro.

Así, parece una idea muy desatinada –por decir lo menos– planear una votación popular para que sea el "pueblo sabio" quien decida lo que debe hacerse con el nuevo aeropuerto, porque la mayor parte de la población del país no tiene los conocimientos y elementos necesarios para opinar sobre un asunto que nos va a afectar o a beneficiar a todos. Ni qué decir cuando se publica que serán los pobladores de 526 municipios quienes serán consultados sobre el tema, cuando en la República Mexicana existen dos mil 438 en 32 Estados federativos, lo cual deja claro que sólo la opinión de una mínima parte de la población total será tomada en cuenta para depositar su voto en las urnas.

Y para completar el cuadro, al reunirse con pobladores de Atenco, los futuros miembros cercanos del gabinete de AMLO –María Luisa Albores para Medio Ambiente; Javier Jiménez Espriú para Comunicaciones y Transportes, Román Meyer para Sedatu, y Alejandro Encinas, para Gobernación– fueron a hablar, según su entender, sobre el por qué sí de Santa Lucía y el por qué no de Texcoco. Desde luego que "alborotaron el gallinero", y a ver ahora quién para a los macheteros, sobre todo después de escucharlos decir: "ni aviones ni hoteles, la tierra da frijoles".

Hay que insistir en que esta determinación debería de ser una a nivel presidencial, y que López Obrador es el indicado para tomar la última decisión y hacerse responsable del resultado final.

Es cierto: el aeropuerto de Texcoco –como cualquier otro en el mundo– representa todo un reto técnico y de ingeniería, pero los problemas se irán solucionando con la aplicación de la tecnología más moderna junto con la preparación y experiencia de muchos expertos nacionales, que deberían ser un orgullo para todos nosotros.

Por otra parte, un proyecto de esta naturaleza representa un enorme paso para la aviación de México, que colocará a nuestro país entre los que tienen una infraestructura aeroportuaria de primer mundo, con todos los beneficios sociales y económicos que esto significa.

Con todo, el proyecto del nuevo aeropuerto está siendo manoseado al más puro estilo mexicano, y ahora serán los intereses de algunos, el dinero de unos cuantos, la falta de visión de varios y la ignorancia de muchos los que estarán por decidir si queremos empezar a hacer cosas de verdad importantes, o si seguimos aplicando soluciones "parche" que tan pobres resultados nos han dado.

Una aviación comercial segura, fuerte y eficiente es una cuestión de seguridad nacional para cualquier país del mundo y los ciudadanos junto con el Gobierno debemos pensar así este tema, para dejar atrás de una vez por todas esa actitud mediocre que no nos permite abandonar el subdesarrollo, a pesar de las grandes fortalezas que tenemos.

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