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17/08/2022

El vuelo que nunca debió ser

José Medina Go… / Domingo, 26 Junio 2022 - 22:43

Muchas personas consideran que en el mundo de la Inteligencia la cotidianidad parece en ocasiones una película de espías. En la mayoría de las veces esto es una ficción, una ilusión generada por la cultura mediática contemporánea. Hasta que pasamos al terreno de la realidad y entonces ésta supera la fantasía. Esto fue lo que vivió México a principios del mes de junio del 2022, en un episodio verdaderamente vergonzoso para nuestros “servicios de seguridad”, pero aterrador para la aviación comercial.

 

Efectivamente, este es un caso que las autoridades del gobierno mexicano trataron de no darle importancia; y cuantiosos esfuerzos hicieron por bajarle el perfil y quitarle atención mediática. En el entono de la Inteligencia esto es relativamente normal. Pero en el caso que nos ocupa todo parece indicar que lo hicieron por que simple y sencillamente no saben que responder, y casi podemos estar seguros que no tienen ni idea de la magnitud de lo que realmente ocurrió bajo sus narices. De ahí lo más escalofriante de este episodio de la aeronáutica mexicana: aparentemente las autoridades nacionales no saben que no saben, y tampoco lo disimulan. Su ensordecedor silencio da prueba inequívoca de la gravedad del asunto, pero también denota un profundo desconocimiento del oficio de la Inteligencia profesional.

 

No quiero ahondar en los detalles por dos causas principales: 1) el espacio de esta columna semanal es limitado, y el avezado lector puede encontrar casi toda la información disponible en fuentes electrónicas abiertas, y 2) como sucede en estos casos, no todos los datos relevantes son públicos, y no es prudente en estos espacios ventilar temas demasiado sensibles. Pero en esencia, nos referimos al Boeing 747-300M matrícula YV-3531 de EMTRASUR que despegó de Querétaro el pasado 6 de junio y aterrizó en condiciones menos que favorables en Ezeiza, Argentina, horas más tarde. Las irregularidades de este caso son verdaderamente impactantes.

 

Esta aeronave de EMTRASUR jamás debió haber ingresado al espacio aéreo mexicano, y las autoridades titulares en la materia nacionales debieron haber dado parte a los organismos internacionales de procuración y administración de justicia para su inmediata interdicción. Esto evidentemente no pasó, por que nadie detectó nada raro en este vuelo de carga con destino manifiesto a Querétaro. Sucede que esta aeronave está arrendada al Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y de Servicios Aéreos (CONIVASA), y es aparentemente propiedad de MAHAN Air, empresa de origen y financiamiento en la República Islámica de Irán. El problema es que esta entidad está vinculada al Servicio de Inteligencia Iraní, particularmente a la entidad encargada de actividades promotoras del terrorismo (llamada “Fuerza Qud”) de la Guardia Revolucionaria Iraní -brazo paramilitar extremista del liderazgo político-religioso de Irán- y que financió las actividades, adiestramiento, labores y operaciones del grupo terrorista Hezbollah a nivel global. Esta vinculación está ampliamente demostrada desde hace años, y poca duda hay sobre esta conexión desde la década de 1980 en el entorno internacional.

 

En otras palabras, esta aeronave esta boletinada a nivel internacional. Por si esto no fuera suficiente, su piloto (Gholamreza Ghasemi) está indiciado por diferentes autoridades internacionales como actor y promotor de actos de terrorismo. Solamente por esto esta aeronave no debió ingresar a nuestro espacio aéreo. Pero ahí no paró el asunto; se pone peor.

La aeronave tenía varias escalas en Sudamérica (Paraguay, Uruguay, y Argentina), pero debido a la reacción abierta o encubierta de algunas autoridades internacionales no fue así. A su arribo el 6 de junio en Ezeiza, Argentina, las autoridades estaban esperando para realizar inspección de la carga, la cual contaba con importantes irregularidades normativas. Pero más sorprendente fue que a territorio argentino ingresaron en este vuelo siete iraníes (dos pilotos, cinco pasajeros) y once venezolanos. Esto es altamente inusual, pues era un vuelo de carga, con solo una tripulación de dos elementos. No había consideraciones para el pasaje de al menos dieciséis personas más. Si a esto le adjuntamos todo el contexto anterior, existe una muy alta probabilidad que estos individuos sean parte de los servicios de inteligencia de Irán y Venezuela.

Pero para complicar más las cosas, es necesario señalar un detalle más: las autoridades mexicanas en Querétaro no tienen registrado que el vuelo haya despegado más que con carga y dos pilotos. En otras palabras, había dieciséis pasajeros no declarados que salieron de México sin los adecuados procedimientos migratorios y aduanales. ¿Qué razón habría para que saliera de nuestro país personal aparentemente vinculado a servicios de inteligencia extranjeros de una manera que a todas luces se puede considerar como “clandestina”?

 

Muchas son las teorías para responder a esta pregunta, pero la más evidente es que debieron salir así, por que ingresaron de la misma forma: de manera irregular. Esto, en el mundo de la inteligencia internacional, no es algo fuera de lo ordinario; de hecho, en las operaciones inteligencia exterior es una práctica común. Ciertamente es ilegal, pero hay amplios antecedentes. Y es ahí donde entran en juego los Servicios de Contrainteligencia de los países, para detectar y neutralizar estas amenazas, a estos agentes internacionales, y neutralizarlos de acuerdo a las prácticas y procedimientos establecidos para tales fines.

 

¿Entonces que pasó en este caso? Nada. Absolutamente nada. Esa es la parte verdaderamente preocupante. Nuestras autoridades hacen un silencio sepulcral de este incidente. No hay respuesta ni presencia. El tema se busca ignorar en todos los niveles, de todas las formas posibles. Quedó de manifiesto que presencia y capacidad de nuestras autoridades aeronáuticas, de aduanas, de contrainteligencia, de migración, de seguridad, y de procuración de justicia son en estos temas prácticamente nulas. Este tipo de casos ejemplifican claramente lo mucho que nos falta por recorrer, y las carencias que tienen nuestras autoridades. En el discurso dicen mucho, pero en la práctica aquí vemos los resultados.

 

Este tema es mucho más amplio de lo que permite abordar esta columna. En futuras entregas haremos más comentarios, reflexiones y señalamientos del caso. Pero de pronta maniobra quedó claro que mientras este es un escándalo internacional, en México no se dice casi nada del caso. No se sabe si es por que no se miden las consecuencias, o por que se busca evitar asumir la responsabilidad de este incidente y aceptar el golpe mediático y público. Sea cual sea el caso, es algo verdaderamente indignante; como sector y como ciudadanos es algo intolerable.

 

POSTDATA: La semana pasada concluyó la dilatada y retrasada visita de la FAA a México, con la finalidad de determinar si nuestras autoridades habían dado observancia a los señalamientos por los cuales en 2021 perdimos la Categoría 1 de Seguridad Aérea. Creo que no le sorprenderá saber que seguimos en Categoría 2. Nuestras autoridades, que dijeron ampliamente que “tenían todo listo y superado”, no pasaron la prueba. Otra vez.

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