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13/08/2022

El problema del liderazgo

José Medina Go… / Domingo, 28 Noviembre 2021 - 21:08

En ya cuantiosas entregas en este espacio reflexivo semanal hemos hecho alusión sobre la importancia (y urgencia) que las autoridades federales titulares de la gestión pública de la aeronáutica y de la Seguridad Aérea adquieran un papel de liderazgo constructivo. También hemos señalado como tal pareciera que sus atribuciones exclusivas fueron desempeñadas por entidades del sector privado, y ante los jaloneos coyunturales del futuro aeronáutico nacional pareciera cada vez hay menos interés de éste por asumir un papel más activo. 

Es importante señalar que a nivel internacional debe haber una profunda coordinación entre el sector privado y las autoridades para fines de desarrollo y prospectiva. Es papel, ocupación y finalidad de las autoridades promover, supervisar y dar cumplimiento a las disposiciones normativas vigentes; y es labor de los actores privados el ejercicio permanente de dichas directivas, así como proponer procesos de mejora continua del sector. Sobra decir que esto no lo hemos visto en México, pero por ello no significa que no sea relevante o no se deba hacer. 

Es imperativo que los titulares federales en materia de aviación y aeronáutica asuman el liderazgo en el sector, y que lo ejerzan apropiadamente. Durante el 2020 vimos con tristeza cómo las autoridades mexicanas se hicieron a un lado y dejaron la crisis les pasara encima. Imposible es olvidar como la OACI publicaba de manera continua las aportaciones de cada país miembro para fortalecer la seguridad aérea durante la crisis del COVID-19 las contribuciones de México eran afirmaciones totalmente descontextualizadas, imposibles de implementar y totalmente relegadas en comparación a los aportes de otras naciones. Para aquellos críticos irreflexivos que pudieran señalar que esto era parte de “un descrédito internacional contra México y su administración”, es importante apuntar que OACI tan sólo publicaba los aportes de las autoridades de cada país miembro, sin modificaciones.

México quedó en un papel secundario, relegado, en desventaja relativa frente a otros países, y las consecuencias las vemos actualmente. La confianza y certidumbre en México se ha perdido muy considerablemente, y las disposiciones internacionales de las autoridades y del sector privado lo evidencian dolorosamente. Sabemos que el sector privado ha hecho hasta lo imposible por tratar de mantenerse a flote; pero también sabemos que las autoridades nacionales más que apoyarles parece que han tratado de limitar las oportunidades de desarrollo privado.

¿Qué ocurre? ¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué las autoridades están comportándose de esta manera de forma sistemática? La respuesta rápida es que el proyecto de política económica de la actual administración ha orillado a esta situación, pero resulta una explicación demasiado sencilla. Es evidente que la visión estratégica en torno al desarrollo aeronáutico nacional ha sido una de las grandes deficiencias de la presente administración, y aunque en foros públicos se declare que “México es una potencia comercial” y que somos “referente aéreo de América Latina y del mundo”, bien sabemos eso es mera fantasía. O una sátira irónica que en poco nos beneficia.

El problema es que tal pareciera que el principal problema es una falta de conceptualización del liderazgo. No se trata solo de ordenar y exigir obediencia, sino de guiar, conducir y promover. Es una actitud completamente diferente. Pero tiene un problema inexorable: el liderazgo padece de la llamada “soledad del mando”. Si hay éxitos deben ser comunes, pero si hay responsabilidades la única que las asume y sus consecuencias es la titularidad. Todo lo que ocurra, para bien y para mal, es responsabilidad de la autoridad. De esto no hay excusa, no hay justificación o deslinde que valga. La autoridad es la única que asume la responsabilidad por falta de liderazgo oportuno y pertinente. 

En nuestro entorno nacional esto se traduce a lo siguiente: la autoridad no puede justificar sus carencias, debilidades, desaciertos e ineficiencias en las acciones de otros agentes o actores del pasado. Pese a que las causas puedan venir de otras administraciones, la actual y vigente es la única responsable de las situaciones presentes. Y reconociendo que hay un profundo problema en lo que se refiere a la adecuada gestión y proyección aeronáutica nacional, el tema adquiere nuevas dimensiones. 

Poco a poco nos aproximamos al 2022. Lejos estamos de recuperar la Categoría 1 de seguridad aeroportuaria, y cada vez más nos rezagamos en la promoción y atención de los servicios aéreos. El turismo internacional está bajando a una tasa peligrosa, el flujo de tráfico aéreo se está reduciendo, y la inversión en el sector aeronáutico está en franca retirada. Aquí no vale decir que “hay otros datos”, ni que hay una tendencia ideológica del suscribiente. Los datos son claros, contundentes e inequívocos. Efectivamente, nos encontramos en un momento de recuperación generalizada del sector aeronáutico global, pero México no se está recuperando ni tan rápido ni tan eficientemente como se esperaba. De hecho, el crecimiento no esa siendo proporcional con la tendencia internacional.

Ante esto, las únicas responsables son las autoridades nacionales. Se están perdiendo poco a poco los estímulos al sector privado, y la desconfianza en los “lideres” del sector cada vez más se incrementa. Aunque en público se profieran mensajes y discursos de “apoyo”, al interior de las empresas el sentir es radicalmente diferente. De hecho, algunas de ellas ya han manifestado -respetuosa pero contundentemente- su negativa a adecuarse a los planes federales de operar en el aeropuerto de Sana Lucía y de adecuar sus rutas para dar cabida a esta obra insignia de la administración.

Hay un gran problema con el liderazgo. Este es único, indivisible, intransferible e injustificable. No hay donde esconderse, como excusarse o como ampararse. La autoridad no tiene márgenes de maniobra, no tiene posibles deslindes, ni tiene razones admisibles para su inacción, ineficiencia o ausencia. La no acción es una acción, y tal pareciera esa es la marca distintiva del actual liderazgo de nuestro sector.

Todavía hay tiempo de enmendar el camino. Todavía se puede adquirir un liderazgo pertinente, prudente, eficiente y propositivo. Todavía se puede recuperar la confianza. Pero no hay mucho espacio para corregir la maniobra. El futuro depende de ello. 

 

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