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04/12/2021

La importancia de la doctrina

José Medina Go… / Domingo, 21 Noviembre 2021 - 21:11

En entregas anteriores hemos reflexionado en este espacio sobre la necesidad de que se establezcan criterios claros y bien definidos en torno al futuro de la aeronáutica en México. Ineludible es que la comunidad internacional ha definido un rumbo claro para las próximas décadas, y motivado principalmente por la crisis del COVID-19 del año 2020 y principios del 2021, se ha forjado una ruta crítica para el futuro,  encaminada a minimizar riesgos, maximizar oportunidades, y evitar vulnerabilidades intrínsecas a la aviación que fueron expuestas por la contingencia global. Finalmente, estamos en una etapa en la cual aquellas voces de alerta que por décadas cayeron en oídos sordos fueron atendidas, y existe un compromiso transnacional que eso no vuelva a ocurrir.

En el ámbito internacional la aviación sigue en un proceso de recuperación, de fortalecimiento y de valorizar lecciones aprendidas. Es imposible sugerir que la crisis ha terminado, que la emergencia pasó, o bien que hemos dejado atrás el terrible episodio de la pandemia global. Lo que si podemos asegurar es que en prácticamente todos los sentidos, vamos saliendo adelante. Como apuntamos en una entrega anterior, se trata de un fenómeno cíclico, en el cual una etapa de contracción o depresión es seguida de una recuperación de igual o mayor magnitud a su causante original. Bajo esta lógica, como sector y como parte de la comunidad internacional todavía no alcanzamos ni remotamente el pleno potencial de recuperación.

Pero para ello es necesario tener claramente establecida una ruta crítica, un objetivo o meta a seguir, o al menos tener identificado un plan de acción. Tal parece que para las autoridades mexicanas en materia de aviación, es exactamente lo que falta. Sucede que es demasiado notorio que no existe por parte de las autoridades titulares en la materia posicionamientos claros, precisos o bien sustentados orientados al fortalecimiento y proyección del sector. Como hemos apuntado en varias ocasiones, eso se debe principalmente a una notoria y trágica falta de interés y visión.

 

Esto no es algo fortuito. Sus orígenes no sólo pueden atribuirse a un conjunto de cuestionables decisiones y posiciones ideológicas características a la presente administración. Por el contrario, es algo mucho más profundo y grave. En dos palabras, contundentes y directas: falta doctrina. Este término conceptual no es común escucharlo en el medio de la aviación civil, aunque debería ser de empleo consuetudinario en la Administración Pública. Es un concepto que es más difundido en el medio militar, donde alberga y agrupa un conjunto de acepciones trascendentes.  La doctrina es, sintéticamente, una postura rectora estandarizada, la cual debe seguir de guía para el proceso de toma de decisiones y la observancia de estándares mínimos en la cotidianidad. La doctrina es, y siempre deberá ser, una base mínima para definir el porvenir, bajo la premisa que estandariza criterios y homologa potenciales variables.

Ciertamente este término ocupa mucho más espacio del aquí expuesto para definirlo apropiadamente. Sin embargo, de pronta maniobra, queda claro que es exactamente de lo que adolecen las autoridades mexicanas en materia aeronáutica. Inequívocamente no podemos afirmar más allá de toda duda razonable que estamos totalmente carentes de doctrina aérea; pero si podemos sustentar que no sólo la vigente es insuficiente, ambigua y atrasada, sino que también no se ejerce correctamente.

La Doctrina Aérea Nacional es un área de oportunidad. Sobre esto hay muy poco que argumentar en contra. No le corresponde al sector privado incidir en este sentido, ya que es responsabilidad de las autoridades nacionales asumirla, generarla, gestionarla, administrarla y supervisarla. Es parte de su trabajo, de su liderazgo, de su función como autoridades. Lo sorpresivo es que actualmente buena parte de los titulares de las entidades responsables en materia aeronáutica en México provienen del medio militar, donde el valor de la doctrina es perfectamente identificable y prácticamente un requisito indispensable para las actividades diarias.

Sobra decir que la aviación civil es muy diferente de la aviación militar. Imposible sería concebir que pueden ser juzgados bajo los mismos criterios, o que los términos de una son aplicables a la otra. Pero de carácter general hay mucho que aprender, mucho que adaptar, y mucho que consolidar. Aquella doctrina aérea que se tenía tal pareciera ha desaparecido casi por completo. Ante las quejas, críticas y recomendaciones nacionales e internacionales, tal parecería que el incentivo es a no generar planteamientos prospectivos trascendentes, a no unificar criterios, a establecer claramente una ruta crítica de recuperación, o a establecer una trayectoria orientada a la competitividad internacional.

Sugerir, como algunos funcionarios lo han hecho, que construir “infraestructura aeroportuaria” en México establece una ruta de desarrollo aeronáutico nacional es engañarse. Las obras propuestas, como hemos discutido ya en este espacio, son un mero derroche de recursos estratégicos, empezando por el más importante: el tiempo. Es precisamente este valioso insumo que se requiere para generar una doctrina unificada, estratégica, integral y trascendente de desarrollo aeronáutico nacional en nuestra coyuntura internacional y global. Establecer criterios de seguridad, de consolidación, de observancia normativa, de expansión y de desarrollo de nuevas tecnologías debería ocupar el tiempo de las autoridades aeronáuticas mexicanas. Es lamentable no veamos esto, sino pareciera todo lo contrario.

En el resto del mundo es impresionante ver los avances doctrinarios en materia aérea en los últimos dieciocho meses. Aspectos que se tenían rezagados o que no tenían tanta prioridad fueron actualizados casi inmediatamente, y es menester común ver propuestas de innovación continua para hacer de la aviación un entorno más seguro, más próspero y más competitivo. Tal pareciera que hemos visto una estandarización de criterios globales que se han orientado al porvenir de las próximas décadas y han fijado un camino claro de gestión para robustecer a nuestra industria, y hacer de esta un verdadero motor global para la posterioridad. Este es un ejemplo que debiéramos seguir.

México tienen mucho camino por recorrer en materia de consolidación y desarrollo aeronáutico. Bajo cualquier criterio o medida, bajo cualquier óptica o criterio objetivo, estamos atravesando una temporada muy compleja en la aviación mexicana. Existe mucha información, muchas posturas, muchas contradicciones. No es posible decir que estamos plenamente recuperados, y sugerir que tenemos una “aviación fuerte” es engañarnos con despropósito. Pero es una etapa temporal, como todo fenómeno cíclico deberemos emprender nuevos vuelos. Mucho se puede hacer para tal fin. Pero uno de los primeros pasos es generar una verdadera Doctrina Aérea Nacional Mexicana. Ésta debe incorporar los criterios esenciales de la aviación civil internacional, así como ser una verdadera guía para la toma de decisiones nacionales, de los sectores públicos y privados de manera conjunta.

Pocas excusas hay ya para no generarla y ejercerla. Ya no podemos acusar al pasado. Debemos asumir nuestra responsabilidad presente y potencial futura. O resignarnos al atraso.

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