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16/04/2021

Percepción internacional de la aviación mexicana

José Medina Go… / Lunes, 5 Abril 2021 - 08:51

Tradicionalmente la percepción internacional de la aeronáutica mexicana era bastante buena. No debemos olvidar que en México fuimos pioneros de la aviación en una cantidad bastante considerable de rubros. Desde aplicaciones comerciales hasta militares, y desde fabricación de aeronaves y sus componentes hasta innovación tecnológica, la reputación de nuestro país en el entorno de la aviación siempre ha gozado de una gran reputación.

No debemos olvidar tampoco que por décadas la aeronáutica mexicana fue referente de América Latina, y en el ámbito militar se generó a labor y tesón una importante tradición aérea desde la primera mitad del siglo pasado. Sin embargo, desde finales de la última década de la centuria pasada se inició un lamentable proceso de rezago generalizado, así como de manejos inapropiados de la administración aeronáutica en el país. Mientras que el sector privado continuó en una lucha constante contra un mercado cada vez más competitivo, en el sector gubernamental el rezago se incrementó a prácticamente todos los niveles.

Hace aproximadamente diez años comenzó un esfuerzo en el sector público por revertir ese proceso. Con altas y bajas, con las particularidades de cada administración federal, y con muchos aspectos a mejorar y subsanar, se adoptó una mentalidad y una visión de innovación y gestión prospectiva de las capacidades nacionales en materia de aviación, con miras a fortalecer la iniciativa privada. Nuevamente tenemos ese paradigma ineludible: gasto público bien orientado para estimular la inversión privada, resultado en un desarrollo prospectivo sostenido y sostenible.

Por un lado, se incentivó a las industrias aeronáutica y aeroespacial a través de los “clusters” Aeroespaciales en Querétaro, Chihuahua y Baja California; pero también en los estímulos para que algunas empresas de alto nivel instalaran operaciones en Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y otros centros urbanos. De igual forma, a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y apoyos de otras instituciones nacionales se apoyó al desarrollo tecnológico y la innovación en centros educativos y de investigación nacionales. Se fomentó el desarrollo del capital humano a través de becas para estudios de posgrado nacionales e internacionales, financiamientos a proyectos con alto potencial, y apertura de espacios para presentaciones, exposiciones y exhibiciones.

Se realizaron de manera sostenida un conjunto de acciones orientadas al fortalecimiento de las capacidades nacionales en estos rubros, así como para promover el capital humano y de esa manera abrir oportunidades potenciales para el desarrollo nacional con visión de futuro. Otro ejemplo de ello fue el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, en Texcoco. Aunque ciertamente hay muchas áreas grises en este proyecto, en su conjunto tenía el objetivo de posicionar a México como el liderazgo indiscutible en América Latina en materia de transporte aéreo.

Sin embargo, los tiempos cambiaron, e ideas acedas se impusieron ante una visión de desarrollo y de proyección global. A partir de diciembre de 2018 sobran ejemplos y escapan a la memoria por su elevado número de casos los esfuerzos por imponer en el país una visión imaginada -por que procede de una percepción unipersonal, no de hechos y realidades integrales- de hace más de cincuenta años. El objetivo de la actual administración federal es imponer un “régimen” en el país para emular distantemente una percepción de la realidad de un anteayer que no es compatible con la dinámica global del siglo XXI. El caso ejemplar es la cancelación del NAIM bajo una serie de argumentos y pretextos que ninguno ha sido demostrado desde la autoridad vigente para sustituirlo con un aeropuerto local con apenas una fracción de su potencial, que ha sido elaborado violando normas y disposiciones internacionales para dar vida a un capricho, que no queda claro si podrá operar simultáneamente con otros aeropuertos -aunque la autoridad nacional diga lo contrario- y que realmente tendrá un uso virtualmente marginal.

En otras columnas semanales y espacios hemos abordado a detalle este tema, por lo que no es necesario repetirlo. Pero ahora con la primera etapa del rediseño de las aerovías en la región central del país vuelve a ser un tema relevante, ya que esta labor se está llevando a cabo para darle lugar a Santa Lucía. Diversas autoridades y especialistas internacionales han vuelto a señalar que esto representa un riesgo innecesario, y que la operación simultánea es compleja, si acaso posible. Ante estas aseveraciones informadas por la experiencia y el conocimiento acumulado a nivel internacional por décadas, las autoridades nacionales responden con insultos, descréditos, minimizaciones, acusaciones infundadas, y con desprecio innecesario. En vez de escuchar, descalifican categóricamente. Sólo se aceptan comentarios que respalden lo que se proclama desde Palacio Nacional. Lo demás debe ser suprimido, en México y el extranjero.

Esta actitud se ha visto repetida en numerosas ocasiones y en incontables temas desde diciembre del 2018. Sin embargo, con la llegada del COVID-19 en 2020 se vio incrementada, ante la innegable incapacidad y negligente irresponsabilidad que condujo a miles de muertes innecesarias, el colapso de numerosas empresas, y para el sector aeronáutico nacional un abandono a su suerte derivado de una total y absoluta falta de visión. Este gobierno, se reitera, no ve ni contempla al sector aeronáutico y aeroespacial como un motor integral del desarrollo nacional, ni como una oportunidad prospectiva, ni como un requisito indispensable para ser compatible con la comunidad global del siglo XXI. En vez de ver a los cielos voltea la cara a la tierra, y quiere obligar de una forma u otra a todos los sectores nacionales a hacer lo mismo.

En México ha ganado incontables críticas por ello. Pero a nivel internacional la primera reacción fue de incredulidad, luego de asombro. Esto derivó posteriormente en la sorpresa, en la indignación, y ahora en la crítica. Es doloroso ver medios internacionales y organismos globales en materia de aviación el criticar a México por las terribles decisiones de un puñado de individuos que poco entienden y les interesa la aeronáutica.

Esto ha motivado a una pérdida sistemática de inversión internacional, así como de fuga de capitales y pérdida de certidumbre en las operaciones comerciales en México. En el 2020 vimos como el sector aeronáutico nacional se contrajo, y en lo que va del 2021, mientras que por un lado vemos un esfuerzo notable de muchas empresas para regresar a operaciones y retomar el rumbo, dejando una crisis atrás para llegar a nuevas altitudes, también vemos a muchos actores del sector pensando seriamente su futuro en México.

Es muy probable que al ritmo que van las cosas veamos importantes salidas de capitales y cancelación de inversión nacional y extranjera en aeronáutica en el 2021 en México. No estamos garantizado un ambiente propicio, permisivo, conducente ni confiable para la inversión. Dificultades siempre han existido. El problema no es ese. Es la visión anacrónica que se quiere cimentar y consolidar. El problema es ver abajo, a la tierra. Debemos ver a las alturas, a los cielos. Ahí esta la clave para recuperar lo que se ha perdido. Es el primer paso para emprender vuelo.

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