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14/08/2022

Cuando las dudas se incrementan

José Medina Go… / Domingo, 20 Febrero 2022 - 17:54

Si analizamos desde una óptica más amplia el desempeño y la imagen de las autoridades nacionales en materia aeronáutica al interior y exterior de nuestro país, entre actores propios del sector y otros agentes económicos, privados, académicos y autoridades, en los últimos tres años el resultado no es positivo. De hecho, es exactamente, lo contrario, porque su desempeño va de mal en peor.

En los últimos días se han dado a conocer públicamente -para aquellos que quieren verlo y que no están obsesionados por descalificar cualquier evidencia en contra de la presente administración- información que para la AFAC y SENEAM es devastadora. En diversos medios y fuentes se han hecho públicos más incidentes recientes (2022) de posibles colisiones aéreas entre aeronaves comerciales sobre el espacio aéreo mexicano. A diferencia de otros incidentes en el 2021, cada vez se encuentran más cerca de un incidente, y cada vez más descontrol tienen las autoridades. 

Se pensaría que después de la “quemada pública” del año pasado en SENEAM harían algo para corregir, o bien que la AFAC tomaría cartas en el asunto para prevenir estos incidentes producto de una deficiente operación de los controladores aéreos y de los equipos de telemetría aeronáutica. Pero vemos lo contrario. Esto es muy preocupante, por que la ley de la probabilidad no esta jugando a su favor.

Esto no es ideología, ni es un ataque irreflexivo. Son matemáticas aplicadas, las cuales nos dicen que si todo sigue igual nos acercamos peligrosamente a un percance. Pero si a esto le juntamos que en las nuevas cartas de navegación aérea al Felipe Ángeles -que insisten inaugurarán en exactamente un mes- vienen con errores profundos y trascendentes, tenemos una receta para el desastre.

Estamos a un mes de una “magna inauguración”; estos problemas debieran estar subsanados desde hace meses. Para colmo de males, el “aeropuerto” dista mucho de estar terminado. No, no son sólo “detalles” los que faltan; no son sólo “acabados”. Son obras de infraestructura críticas que simplemente no están terminadas ni consolidadas. Nadie habla sobre la calidad de la construcción, en eso los Ingenieros Militares se destacan por un excelente trabajo. Son los “vicios ocultos” que toda obra inherentemente tiene, los “detallitos” que solo se revelan con el paso del tiempo. Cualquiera que ha visto una obra en la vida real lo sabe, y sabe bien que solo con la operación y la ocupación por un periodo largo se pueden percibir y enmendar. 

Abrir la operación de un aeropuerto no es inaugurar una obra. No es una fuente en la entrada, o un letrero, o una ceremonia, o un discurso. Es una labor compleja, de una cantidad extremadamente elevada de variables. Toma tiempo y dedicación. Nada del Felipe Ángeles cumple con estos criterios. Nadie dice que está “mal hecha”, pero si que se hizo al vapor. Y no se trata que se tome esta obra como un “ejemplo de eficiencia”, sino como una manifestación de cómo no se deben hacer las cosas. Cualquier arquitecto y/o ingeniero especialista en aeropuertos y obras complejas puede dar amplio testimonio de ello.

A esto debemos sumar la opacidad y falta de transparencia en materia de contratos, licitaciones, adjudicaciones y operaciones en el sector aéreo nacional desde la autoridad. Difícilmente son ejemplo a seguir para la posteridad. Y no se nos olvide el “curioso silencio” durante la pandemia, donde dejaron a las aerolíneas a su suerte. Pero sin dejar de cobrar impuestos y cuotas, claro está. O ¿cómo olvidar la venta de exámenes de pilotos aviadores comerciales por un actor que paso a la ignominia y obscuridad de la AFAC? 

En unos días viene una “visita” de autoridades internacionales en materia aeronáutica a México. Realmente no tenemos mucho que presumirles. Lo que es cierto es que, para ellos, las dudas sobre las competencias profesionales de las autoridades nacionales en nuestro sector se incrementan. En nuestro país, de manera pública, no se habla mucho de ello. Desde la superioridad se quiere que el tema nacional sea andar ventilando cuánto gana un periodista en particular, o promover ejercicios públicos para consultar algo intrascendente para el grueso poblacional; por qué hablar de que no se ha hecho prácticamente nada por recuperar la Categoría 1 en Seguridad Aeronáutica tan sólo evidenciaría el descontrol de la autoridad y la falta de capacidad estratégica de aquellos a quienes como ciudadanos contratamos y pagamos para desempeñar tan vital labor.

Mejor hablar de otros temas. Mejor ignorar el edificio en llamas y ver la hojita de pasto. Mejor no hablemos de los grandes problemas que se nos acercan por la falta de atención al detalle. Mejor criticar, demeritar, desprestigiar, denostar y devaluar la opinión informada y reflexiva de quienes apuntan a problemas que podrían corregirse y están a la vista de todo. Mejor no señalar, aunque la evidencia es abrumadora, que ante la comunidad aeronáutica internacional las dudas sobre nuestras autoridades del sector se incrementan.

No hay nada más elusivo que un hecho obvio.

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