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15/04/2021

¿99.9% de eficiencia es aceptable?

José Medina Go… / Lunes, 17 Diciembre 2018 - 09:46

 

Tras apenas dos semanas del nuevo Gobierno, el Estado y la sociedad mexicana –así como la internacional de manera coyuntural– han tenido por vez primera la posibilidad de observar el comportamiento y desempeño de un nuevo equipo de trabajo federal, con una mentalidad nueva y un estándar de resultados autoimpuesto muy elevado. Sería ilógico pensar en ver resultados cual “acto de magia”, pero sí esperaríamos ver una tendencia, un rumbo o al menos un pronunciamiento en torno a la dirección que esta administración tendrá en el sexenio. Sin embargo, el ambiente se ve todavía más confuso de lo que inicialmente se esperaba.

Baste recordar los pronunciamientos emitidos desde el día domingo 3 de diciembre en torno al ¿extinto? proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Se advierte al lector no poner sus esperanzas ni echar las campanas al vuelo pues, hasta el momento, todo apunta a que las expectativas de recuperar el proyecto no se encuentran fundamentadas en la política pública vigente.

Sólo el tiempo nos dirá si esta nueva administración gobernará con Visión Estratégica de Estado o no, y si el NAICM esta condenado al ignominioso olvido o a un airoso replanteamiento. Pero lo que no queda duda es que con estas declaraciones, así como por la aparente reestructuración de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y demás dependencias gubernamentales, el entorno nacional del sector aeronáutico y aeroespacial sigue, literalmente, “en el aire”. Esta postura es riesgosa puesto que, como hemos comentado en entregas anteriores, este sector depende primordial y fundamentalmente de un concepto inalienable, incuestionable e inalterable: certidumbre.

Este criterio debe ser una consideración preexistente y permanente ya que sin ella el sector aeronáutico y aeroespacial no puede tomar decisiones adecuadas, eficientes y oportunas. Recordemos que este es un entorno altamente técnico y al que le resulta indispensable un proceso de planeación y preparación muy cuidadoso. Es este también un ambiente muy sensible a la incertidumbre, a la ambigüedad o a la falta de determinación por parte de cualquiera de los componentes de la “hélice de cuatro palas”, misma que discutimos en este espacio en la columna anterior y que se integra fundamentalmente por las autoridades gubernamentales, la academia generadora de investigación e innovación, la industria productora y los usuarios.

Debido a la especialización, enfoque, criterios operativos y trascendencia del sector a nivel global, existe un nivel muy bajo de tolerancia ante cambios contextuales, coyunturales o circunstanciales de los actores que le integran, y esto es debido a la búsqueda necesaria e indispensable de la eficiencia terminal, que consiste en un adecuado y oportuno aprovechamiento de los recursos (humanos, materiales, tecnológicos, industriales, científicos, normativos, administrativos y coyunturales) presentes y potenciales futuros, que pueden influir en el apropiado y seguro desempeño a nivel global de la aeronáutica civil, militar, pública y privada.

Margen de incertidumbre

Siguiendo con la tendencia de columnas anteriores, realicemos una analogía del sector aeronáutico y aeroespacial con un avión. Ciertamente este ejercicio podría considerarse como reduccionista pero nos sirve para dimensionar oportunamente la complejidad del entorno en el que nos encontramos y del paradigma que enfrentamos.

Iniciemos con la siguiente interrogante: ¿usted abordaría un avión, o permitiría que su familia abordara dicha aeronave si le dicen que es la misma es 99.9% segura? De inicio, muchos podrían responder afirmativamente con tranquilidad; pero vayamos un poco más allá este planteamiento.

Partamos del supuesto de que un avión se compone por un muy elevado número de piezas que deben ser exactas, precisas y durables con la finalidad de que pueda ejercerse un vuelo seguro. Un Boeing 737 tiene más de 360 mil componentes individuales, mientras que otras aeronaves más complejas (Boeing 747-400, Airbus A380) tienen entre tres y siete millones de piezas que deben ser fabricadas, transportadas y ensambladas con estándares muy elevados de precisión. El 0.1% de los componentes de estas aeronaves oscila entre 300 y 7,000 aproximadamente.

En virtud de esta estimación, volvamos a preguntar: ¿usted abordaría un avión, o permitiría su familia abordara dicha aeronave si le dicen que entre 300 y 7,000 piezas de la misma pueden ser defectuosas o están dañadas? Indudablemente la respuesta adquiere un significado totalmente diferente.

Pasa lo mismo cuando el sector aeronáutico y aeroespacial nacional, internacional y global, se enfrenta a una nueva administración federal que les ofrece el mismo grado de incertidumbre que en la ecuación anteriormente planteada. En la búsqueda de la eficiencia terminal existe el mismo margen de error si se pretende mantener un desarrollo operacional seguro en la aviación.

Tratando de dilucidar la potencial prospectiva de la gestión e inversión privada en nuestro país en este rubro, y retomando el planteamiento de este ejercicio, es necesario reflexionar: bajo estas condiciones y con este grado de incertidumbre, por aparentemente bajo que sea o que el nuevo liderazgo del Gobierno federal presente de manera oficial, ¿usted se la jugaría?

Sea entonces este un momento en el cual promovamos activamente e instemos a bajar la incertidumbre, disminuir riesgos y sorpresas, y sobre todo mantener un rumbo claro y definido al 100% y no pensar que existen “márgenes de incertidumbre aceptables”. Eso siempre ha sido mal agüero en un sector donde poco o nada puede dejarse al azar.

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