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21/09/2021

¿Qué mejor museo para una aeronave antigua que seguir volando?

Juan A. José / Martes, 14 Septiembre 2021 - 20:40

El pasado 8 de julio, un avión Douglas C-47 (DC-3) “Dakota”, matrícula HK-2820, número de serie 20171, del año 1943, operado por la colombiana ALIANSA, perdió contacto radar y de comunicaciones en Colombia.

Al leer un comentario respecto al evento, emitido bajo la nota publicada en el portal de noticias de aviación A21, mismo que literalmente decía: “Esa aeronave hace décadas que debió estar en un museo…” me atreví a responder al emisor afirmando lo siguiente: "¿Qué mejor museo para una aeronave que seguir volando?; ya hay muchos DC-3/C47´s en los museos, la gran mayoría de ellos abandonados o acumulando polvo. Lo que hay que hacer es asegurarse que estas hermosas aeronaves 'antiguas' reciban el mantenimiento apropiado y/o sean operadas por tripulantes competentes en aeródromos adecuados, dicho en pocas palabras, blindar su seguridad”.

La respuesta de mi interlocutor fue un contundente y por ahí desconcertante: “Amén”...

Debo insistir que si bien hay aeronaves que por su originalidad e importancia histórica deben ser preservadas no solamente en un museo, sino en un gran museo en condiciones de albergarlas como se merecen, casos notables del Wright Flyer I y del Espíritu de San Luis en el Museo del Aire y del Espacio en Washington, D.C., también hay aeronaves que si bien valiosas en términos de antigüedad hay tal cantidad de ejemplares en condiciones de volar o no, que le restan calidad museográfica al modelo y reducen la necesidad de ponerlas en tierra o menos aún resguardarlas en algún espacio de preservación o exhibición.

En el caso concreto del DC-3/C-47, de acuerdo a la acreditada revista estadounidense “Popular Mechanics” se calcula que a mediados del 2021 se mantienen volando unos 300 ejemplares por todo el mundo, la mayoría de ellos, debo agregar, en misiones cargueras. No es muy difícil encontrarse con un DC-3/DC-47 en museos de todas las geografías, de ahí que este analista considera que la idea de hacer un esfuerzo especial para asegurarse que aquellos en condiciones de volar lo hagan, es cierto, con “particulares” medidas preventivas de seguridad, resulta más atractiva para presumir su belleza, que simple y sencillamente convertirlos en otra pieza de museo.

Llegará el día, claro está en el que un último DC-3/C-47 dejará de estar en condiciones de hacer lo suyo en vuelo; quizás entonces sí que estaremos en el escenario de protegerlo de un accidente aéreo, ¡pero cuidado!, sin olvidar que también en los museos se pierden valiosas obras a causa de incendios, robos, inundaciones, abandonos u otras negligencias.

Dejemos entonces que el cielo siga siendo el mejor espacio de exhibición de aeronaves, procurando que ello tenga lugar en las mejores condiciones de seguridad posibles.

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