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28/11/2021

Construyendo toda una historia desde una imagen

Juan A. José / Martes, 3 Agosto 2021 - 22:18

Esta entrega va dedicada a mis amigos “spotters”, en particular a la memora de uno de ellos: Luis Maier quien recientemente se fue a viajar entre las estrellas, visitantes frecuentes como el de cierta cafetería “con vista al mar”, mejor dicho con vista a las pistas del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ubicada sobre avenida Fuerza Aérea Mexicana, desde la que se obtienen hermosas vistas de las operaciones en dicha terminal aérea.

No el balde dicen por ahí que “una palabra vale más que mil palabras”. El hecho que si bien se mantienen espacios en los que se privilegia la palabra escrita, como el que me alberga en esta oportunidad, los medios son cada día más gráficos, confirmando en mi opinión el adagio.

Lo cierto es que la imagen y la palabra se vinculan íntimamente conforme cada fotografía tiene una historia que contar, algo que bien puede ocurrir por escrito. El que firma esta nota frecuentemente obtiene material para redactar alguna columna a partir de una pieza gráfica que llamó su atención.

¿Qué hay detrás de la imagen ese Airbus A380 de Singapore Airlines estacionado en el aeropuerto de Alice Springs, Australia?, me pregunté recientemente. A partir de esa duda nació un texto de corte logístico ya publicado en los espacios del Grupo T21, dando origen también el presente, al que quiero dar un rumbo más aeronáutico que al anterior.

Y es que la historia de la aeronáutica se puede presentar resumida en imágenes; desde la foto del alemán Otto Lilienthal luchando por controlar su vuelo al mando de un planeador a finales del Siglo XIX, hasta las de centenares de aeronaves comerciales nuevas estacionadas en los desiertos del mundo a consecuencia de la pandemia, pasando por las de un de Orville Wright volando el Flyier 1 en Kitty Hawk en 1903, las de Charles Lindbergh posando con su “Espíritu de San Luis” en 1927, las del “Hindenburg” ardiendo en llamas en 1937, las de Paul Tibbets al mando de su atómico y devastador B-29 en el año 1944, las del Concorde despegando por primera vez en el año 1969 o las de los restos de esos Boeing 747 que colisionaron en Tenerife en 1977, por ejemplo, la fotografía ha sido una de las grandes aliadas a la hora de documentar el acontecer de lo aeronáutico.

El problema y por ende el reto, reside no solamente en validar la veracidad de la imagen desde la que uno pretende construir una historia, en particular en tiempos en los que gracias a las tecnologías digitales cada día cuesta más trabajo identificar la autenticidad de las mismas, sino también en darle un justo y sólido contexto al material que tiene uno enfrente con el fin de evitar caer en vergonzosos errores de interpretación, como en los que incurrió no hace mucho tiempo un muy conocido y controvertido comunicador mexicano (Pedro Ferriz de Con) al emplear una fotografía verdadera para dar una información que resultó falsa en relación al Boeing 787 “otrora presidencial” mexicano.

Otro gran reto es darle el crédito o la correspondiente retribución al autor de la imagen publicada; no solamente en México, sino en todo el mundo es frecuente constatar los plagios que se hacen del trabajo de otros.

Es así que en mi calidad de analista y comentarista de lo aéreo, en esta oportunidad rindo un sencillo, pero sentido homenaje a las fotografías como fuente de creación editorial y lo más importante a quienes las hacen posible y con ello nos permiten escribir a veces nuestras historias en torno a ellas.

 El Wright Flyier 1 finalmente en vuelo el 17 de diciembre de 1903. Imagen de John T. Daniel.

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