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23/06/2021

El Ingenuity le da otro gran día a Igor Sikorsky

Juan A. José / Martes, 4 Mayo 2021 - 22:11

Hacía mucho tiempo que no me emocionaba tanto con una gesta aeroespacial moderna como me está sucediendo con el caso del helicóptero robótico de fabricación norteamericana Ingenuity,  que el pasado 19 de abril realizó con éxito y nada menos que en nuestro vecino planeta Marte, el primer vuelo atmosférico (en este caso no tripulado) de una aeronave propulsada y controlada humana fuera de la Tierra, invariablemente llevándome a recordar el vuelo de los Hermanos Wright de 1903 en una aeronave de la que algunos pequeños componentes originales fueron extraídos tanto para acompañar al Apollo XI en su histórica visita a la Luna, como ahora sucederá en Marte con el ligerísimo helicóptero al que le adhirió un pequeño trozo, cual sello postal, de la tela del Wright Flyer I.

Si tomamos en cuenta que los vehículos que los humanos hemos logrado posar en otros lugares distintos a la Tierra no son en el sentido estricto aeronaves, sino naves espaciales que no emplean de ninguna manera al aire para sustentarse, debemos entonces considerar al lugar desde en el que intentará despegar y amartizar el Ingenuity como el primer aeródromo humano extraterrestre, mismo que, la verdad con mucho atino, ha sido nombrado “Campo Aéreo Hermanos Wright”.

¡Todo un histórico hito la verdad!

Mi emoción alcanza otros niveles conforme no veo otra opción que relacionar al Ingenuity con uno de mis héroes aeronáuticos, me refiero al ingeniero, inventor, empresario y piloto  de origen ucraniano Igor Sikorksy, al que por lo menos quien firma esta nota atribuye, se dice fácil, el haber convertido al de alas rotativas en una aeronave práctica.

En este caso mi agnosticismo no alcanza a superar a mi fantasía, por lo que de la misma manera que me puedo imaginar ahora mismo a un Saint-Exupéry cuidando de su rosa en un asteroide, hago lo mismo con Sikorsky disfrutando, posiblemente desde algún extraño cuerpo sideral la escena de ver a un helicóptero operando fuera del espacio aéreo terrícola.

Cuentan por ahí que uno de los momentos más felices de la vida de este gran pionero aeronáutico, por cierto enamorado de México y de sus volcanes, y uno de los pocos verdaderos amigos que tuvo mi admirado Charles Lindbergh, fue enterarse que uno de sus helicópteros había sido empleado por primera vez en la historia para salvar una vida rescatando a alguien de un barco en problemas.

Estoy seguro que el Ingenuity le ha dado una segunda gran satisfacción.

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