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04/07/2022

Mea culpa

Francisco M. M… / Miércoles, 22 Junio 2022 - 22:20

Hace más de cuatro décadas, mi generación de pilotos profesionales heredamos una industria aérea con muchos problemas.

Estos problemas han existido siempre porque esta industria nunca ha estado exenta de toda clase de crisis periódicas.

A pesar de todo, heredamos una aviación comercial pujante, encabezada por aerolíneas modernas y exitosas en su tiempo, y además regulada por una autoridad aeronáutica que, aunque enfrentaba muchas deficiencias y burocracia, funcionaba y hacia aceptablemente su trabajo de ser la rectora de la industria aérea.

Los pilotos y todos los demás profesionales de la industria entramos en una época de muchos años de complacencia instalados en nuestra zona de confort y trabajando en las diferentes áreas de manera ciertamente relajada y felices.

No nos percatamos, o no lo vimos, pero no fuimos realmente conscientes de la tormenta que teníamos al frente y que hoy está sobre nosotros. 

De muchas maneras consentimos durante años y frente a nosotros la lenta degradación  de nuestra industria debido a la cada vez peor calidad en los servicios prestados por la antigua Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), hoy Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC).

La AFAC ha resultado ser solo un cambio de nombre y es una autoridad ineficiente que es resultado de que profesionales e Instituciones no hayamos levantado la voz en su momento, y de no haber pensado y ofrecido propuestas para solucionar los problemas que ya veíamos venir y sobre los que no actuamos, y que hoy tienen a nuestra aviación comercial en un verdadero brete.

¿Cómo sucedió el  desastre que hoy vivimos?

Las autoridades aeronáuticas perdieron la brújula justo ante nuestros ojos y los profesionales de la industria aérea de México no nos dimos cuenta de ello por estar felizmente distraídos mientras disfrutábamos de las mieles de nuestro trabajo en épocas de bonanza y bienestar laboral.

El precio que hoy tienen que pagar las nuevas generaciones de profesionales en diferentes áreas de la aviación por nuestra falta de visión de futuro e inacción en aquellos días, está resultando muy alto.

No solo lo están pagando los jóvenes pilotos y demás profesionales de la industria, sino también la aviación comercial y sectores tan importantes como el turismo, que es la segunda entrada de divisas al país.

A manera de descargo, también debemos decir que desde hace muchos años han habido voces que, a través de diferentes medios e instituciones, hemos pretendido usar para hacer conciencia en los diferentes niveles de gobierno de la necesidad de considerar a la aviación comercial como una cuestión de seguridad nacional tal y como lo es en muchos países del mundo.

De ahí la importancia también de lograr una verdadera política aérea de Estado que proteja los intereses de nuestra industria, de nuestras empresas aéreas y los intereses muy válidos de las aerolíneas que representan a diferentes países en el nuestro.

Tristemente parece ser que el camino para lograr esta posibilidad, que hoy más que nunca se ha convertido en  una verdadera necesidad, va cuesta arriba.

Esta meta de la que hablamos enfrenta no pocos obstáculos, y quizá en nuestros días el  más importante es el que la AFAC siga  perteneciendo al vergonzoso grupo  de la categoría 2 dictaminada por la Administración Federal de Aviación (FAA) debido a las fallas de seguridad encontradas en el funcionamiento de varias áreas de la AFAC en México.

Así pues, debemos aceptar que los profesionales de la industria aérea e Instituciones del medio tenemos una culpa compartida delo que hoy sucede y de muchos de los problemas que hoy deben ser resueltos.

Podemos decir que nuestra culpa es por omisión, por complacencia, y por la falta de visión.

Por otro lado, la culpa de nuestras autoridades se debe a la ineficiencia, la burocracia, la falta de compromiso y empatía, excesos y corrupción durante décadas,  y  hoy a la falta de verdadera voluntad gubernamental para llevar adelante el cambio urgente que se requiere y que ya no puede esperar.

Muchos profesionales estamos  reconociendo  errores del pasado y desde nuestras diferentes trincheras tratamos de enmendarlos aunque sea un poco y en lo posible, pero toca a las nuevas generaciones que ya están aquí trabajar en ese cambio definitivo para lograr una industria exitosa de la cual puedan sentir orgullo, hacer su trabajo y vivir, pero siempre cuidando el presente para asegurar el futuro y no cometer los mismos errores del pasado.

A la AFAC toca también reconocer errores y decidir lo antes posible cambios drásticos en consecuencia, buscar eficiencia, honestidad  y actuar con visión de futuro.

Urge lograr la categoría 1 por todo lo que implica y significa y la única manera de hacerlo es cubriendo los requisitos que cumplen todos los países del mundo en seguridad aérea, excepto por tres de ellos y entre los que tristemente se encuentra México.

Si en AFAC no  hay voluntad, personal  entrenado y expertos, honestidad,  presupuesto suficiente y tecnología para lograr eficiencia, México seguirá siendo el hazmerreír mundial y la vergüenza nacional.

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