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28/11/2021

Complacencia... ese animal maldito

Francisco M. M… / Jueves, 14 Abril 2016 - 11:21

La complacencia es la mayor debilidad de un piloto cuando se encuentra tras los controles de una aeronave. Es su mayor error y el peor enemigo al que se puede enfrentar, y es necesario aprender a reconocer a ese “animal maldito”, ser consciente de que es una realidad y que está ahí esperando para atacar.

Complacencia se puede definir como "el sentimiento de estar satisfecho con la forma en que las cosas están y no desear, consciente o inconscientemente, hacer lo necesario para tratar de hacerlas mejor" o también como un "estado de autosatisfacción especialmente cuando no se puede o no se quiere ver un inminente momento de riesgo o peligro".

Yo la llamo el "animal maldito" porque justamente eso es, un monstruo que no perdona y que ataca con toda su saña y veneno a quienes no lo creen, no lo ven, no lo sienten o no lo escuchan venir.

La complacencia se encuentra instalada en todas partes, en todas las profesiones, en todos los niveles y áreas de nuestra vida y se puede detectar a cada minuto... siempre está al acecho para encontrar el momento menos esperado para realizar su ataque.

Hablando de la industria aérea, cuando la complacencia ha estado presente en quienes tienen en sus manos las decisiones administrativas u operacionales, o en las de los aviadores durante el desarrollo de su trabajo tras los controles de una aeronave repleta de seres humanos, ha causado accidentes fatales que han costado muchas vidas alrededor del mundo.

¿Quién de nosotros no ha pensado en algún momento, mientras hacemos nuestro trabajo a bordo, que las condiciones a nuestro alrededor son inmejorables?

Vamos a hablar de un avión moderno, perfectamente equipado y en buenas condiciones de vuelo, una bitácora de mantenimiento limpia y sin reportes, una tripulación calificada y experta, un cielo azul y en calma, magníficas condiciones de tiempo en la ruta y aeropuertos bien conocidos, los asuntos de casa con la esposa y los hijos caminan de maravilla y un día antes fue pagada la quincena y el ansiado bono adicional… ¿suena familiar?

Bajo las condiciones anteriores el piloto entra en un estado total de relajación y siente que lo tiene todo bajo control… se vuelve arrogantemente complaciente.

Sin darse cuenta, la complacencia lo disfraza de Batman y piensa que lo tiene todo perfectamente controlado , pide un vaso de café a la sobrecargo, reclina su asiento, se desprende de los audífonos y pregunta a sus compañeros, quienes se encuentran igualmente relajados en la cabina, "¿a dónde vamos a ir a cenar durante la pernocta"?

En el momento menos esperado se escucha la voz del controlador en las bocinas "contacto radar perdido, informe: ¿cuál es su rumbo y posición actual?".

Con calma desesperante y hasta con enfado uno de los pilotos toma el micrófono y contesta a la pregunta y es entonces cuando todos brincan en su asiento, viene el golpe de adrenalina y se dan cuenta que están volando con un rumbo equivocado y que se han desviado más de 100 millas de la trayectoria asignada.

La complacencia hizo su trabajo, los aviadores en algún momento y debido a su estado de relajación total no hicieron el suyo adecuada, responsable, puntual y profesionalmente.

Lo anterior no es una fantasía, se trata del resumen de un caso real que sucedió hace unos años sobre el cielo de Brasil.

Otro caso es aquel en el que ninguno de los pilotos, que por cierto eran dos Comandantes calificados, quiso llevar a cabo la revisión exterior y antes de iniciar su vuelo de noche despegaron con las tomas estáticas obstruidas con cinta adhesiva, después de que los técnicos de mantenimiento olvidaran retirarlas previo al vuelo.

Los pilotos tuvieron grandes diferencias en lecturas de velocidad durante la carrera de despegue, pero no aplicaron el procedimiento establecido para abortarlo. Tampoco tuvieron información de velocidad después del despegue y en medio de gran confusión y todo tipo de alarmas visuales y audibles en la cabina de mando el avión termino estrellándose en el mar. Todos a bordo murieron.

Como estos casos hay registrados cientos de otros similares y ya son tantos que desde hace tiempo han llamado la atención de médicos, psicólogos, agencias de seguridad, autoridades y conocedores del medio para calificar a la complacencia como otro de los factores humanos contribuyentes a los accidentes aéreos.

Por otra parte, se ha reconocido que a veces se habla de la fatiga como un buen pretexto para justificar lo que es injustificable y que realmente es simple y pura complacencia.

No importan las circunstancias, nunca hay que bajar la guardia, es vital revisar y revisar nuevamente los procedimientos y todo lo relacionado con el vuelo aún en las mejores condiciones, nunca hay que sentirse satisfecho con lo que uno hace y no importa qué tan bueno se pueda creer uno haciendo su trabajo.

Es necesario estar siempre alerta y actuar rápido cuando una posible situación de riesgo sea detectada, no se puede ser apático y no hay que confiarse nunca.

No hay que "dormirse” tras los controles y nunca se debe pensar que se tiene todo bajo control porque lo menos esperado puede suceder en cualquier instante.

Al mando de un avión que transporta seres humanos no hay lugar para la complacencia o la arrogancia... muchas vidas dependen de un aviador para que él pueda darse ese lujo.

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