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	<title>Lindbergh &#8211; A21</title>
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	<description>El portal informativo del la Industria Aeronáutica y Aeroespacial</description>
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		<title>50 años sin el Lindbergh que abrazaba a los árboles</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2024/08/21/50-anos-sin-el-lindbergh-que-abrazaba-a-los-arboles/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Aug 2024 13:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
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					<description><![CDATA[Charles A. Lindbergh, mi gran héroe aeronáutico tenía muchos defectos, de hecho algunos de ellos tan graves que varios de los otrora más entusiastas promotores de su legado, incluidos varios miembros de la entrañable “Lindbergh Collectors Society” que alguna vez me albergó y encabecé, terminaron por desencantase por completo del inmortal norteamericano que pasó a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/imageUVKJVJKL.jpg" alt="50 años sin el Lindbergh que abrazaba a los árboles" /></p>
<p><span style="font-size:11pt"><span style="font-family:Arial,sans-serif">Charles A. Lindbergh, mi gran héroe aeronáutico tenía muchos defectos, de hecho algunos de ellos tan graves que varios de los otrora más entusiastas promotores de su legado, incluidos varios miembros de la entrañable “Lindbergh Collectors Society” que alguna vez me albergó y encabecé, terminaron por desencantase por completo del inmortal norteamericano que pasó a otro plano hace cincuenta años este 26 de agosto en una habitación de la casa de un médico en la Villa de Hana, al sureste de la Isla de Maui, Hawái, en la que recibió cuidados paliativos en preparación a su último gran vuelo a los 72 años de edad.</span></span></p>
<p><span style="font-size:11pt"><span style="font-family:Arial,sans-serif">Me vino a la mente la efeméride conforme en el fraccionamiento Arboledas, en el noroeste del Valle de México, comercios y desarrolladores que en complicidad con&nbsp; autoridades, o mediando negligencia, están atentando contra los hermosos árboles de una colonia que hasta en su nombre los presume y honra en el marco de la envidiable arquitectura de Luis Barragán y que ha sido, es y será habitada por varios integrantes de la comunidad aeronáutica mexicana, acciones en contra del ecosistema que los vecinos han decidido enfrentar de manera determinante y valiente organizándose en una asociación creada con el fin defender los árboles de la colonia y sus alrededores.&nbsp;Y es que Lindbergh, cuyo mérito como aviador es innegable, dedicó los últimos años de su vida casi exclusivamente a hacer conciencia sobre la importancia del cuidado del medio ambiente natural, impactando positivamente varios delicados ecosistemas del orbe, caso por ejemplo del Santuario de la Ballena Gris en las costas bajacalifornianas, cuya protección promovió ante lo más alto del gobierno mexicano en la segunda mitad de la pasada década de los años sesenta como integrante del Fondo Mundial para la Naturaleza.&nbsp;</span></span></p>
<p><span style="font-size:11pt"><span style="font-family:Arial,sans-serif">Además del gran piloto y promotor aeronáutico, con el Lindbergh que me quiero quedar a medio siglo de yacer descansando eternamente junto a su amigo Sam Pryor, quien por cierto estuvo a cargo de la construcción de los aeropuertos de Pan Américan durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo los que administro Mexicana de Aviación hasta que fueron incorporados en los años sesenta a Aeropuertos y Servicios Auxiliares, en un hermoso y natural cementerio con vista al Océano Pacífico cerca&nbsp; de la que fue su última residencia en Kipahulu, Maui, es con el Lindbergh que se preguntaba si la civilización era progreso, es decir, el mismo que afirmaba que si le daban a escoger entre un ave y un avión, elegiría la primera y abrazaría a los árboles.</span></span></p>
<p><span style="font-size:11pt"><span style="font-family:Arial,sans-serif">Es así que no encuentro mejor manera de rendirle honores al “Águila Solitaria” que sumarme a mis vecinos que también abrazan, aman y cuidan árboles, algo que todos los mexicanos deberíamos hacer, denunciando de paso ecocidios como el perpetrado por el gobierno de López Obrador en la Península de Yucatán con ese insostenible ferrocarril llamado Tren Maya. Estoy seguro que Lindbergh estaría de acuerdo con mi posición en la materia.&nbsp;</span></span></p>
<p><span style="font-size:11pt"><span style="font-family:Arial,sans-serif">&#8220;No pedimos ser eternos tan solo pedimos que nuestros actos no pierdan de pronto su sentido&#8221; escribió mi amigo Toño de Saint-Exupéry que no hay que olvidar cautivó a Anne Morrow Lindbergh, esposa del “imperfecto perfeccionista”, cuya memoria recupero y honro nuevamente en esta columna.</span></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt"><span style="font-family:&quot;Arial&quot;,sans-serif">“Los&nbsp; artículos firmados&nbsp; son&nbsp; responsabilidad&nbsp; exclusiva&nbsp; de&nbsp; sus&nbsp; autores&nbsp; y&nbsp; pueden&nbsp; o&nbsp; no reflejar&nbsp; el&nbsp; criterio&nbsp; de&nbsp; A21”</span></span></p>
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		<title>Una memoria inolvidable: visitar la tumba de Charles Lindbergh</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2023/05/17/una-memoria-inolvidable-visitar-la-tumba-de-charles-lindbergh/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 May 2023 08:20:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aeronaves]]></category>
		<category><![CDATA[Boeing 747]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
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					<description><![CDATA[A algunos aeronáuticos de mi generación les ha dado por preparar y hasta publicar sus memorias, que como diría Hermann Hesse en su “Lobo Estepario”, son escritas “por locos, sólo para locos”. En nuestro caso, locos por los aviones. Creo que ha llegado mi turno, sólo que a diferencia de ellos, emplearé, hasta donde mis [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/lindbergh_.jpg" alt="Una memoria inolvidable: visitar la tumba de Charles Lindbergh" /></p>
<p>A algunos<strong> aeronáuticos de mi generación</strong> les ha dado por preparar y hasta publicar sus memorias, que como diría <strong>Hermann Hesse en su </strong><em>“Lobo Estepario”, </em>son escrita<em>s “por locos, sólo para locos”</em>. En nuestro caso,<strong> locos por los aviones.</strong></p>
<p>Creo que ha llegado mi turno, sólo que a diferencia de ellos, emplearé, hasta donde mis editores y lo más importante, mis lectores, me lo permitan, espacios como el que alberga esta columna <strong>para recuperar algunos episodios de un andar en el quehacer del vuelo humano</strong>, que las canas y el deterior propio de la tercera edad, me dejan claro, ya ha sido extenso.</p>
<p>Me resulta imposible y, de hecho, me parece hasta injusto comenzar a transformar algún recuerdo aeronáutico en una anécdota, y más conforme se <strong>acercan el 20 y 21 de mayo </strong>en el que, el vuelo en solitario sin escalas entre <strong>Nueva York y París, capturó la imaginación del mundo entero</strong>, sin corresponder al protagonismo en mi vida y la generosidad que me ha dispensado la saga del que bien podría definirse como el aviador por excelencia: <strong>Charles A. Lindbergh,</strong> cuya tumba en el estado de <strong>Hawaii visité en el año 1989, </strong>en un original periplo aéreo de apenas 11 días de duración, al amparo de los descuentos en boletos de avión y hoteles, a los cuales me daba acceso mi credencial de empleado de <strong>Mexicana de Aviación</strong>, que me llevó a hacer un total de<strong> 22 despegues, en 15 aeropuertos de 4 países de dos continentes, recurriendo a 9 tipos diferentes de aeronaves de 5 aerolíneas.</strong></p>
<p>Sobra decir que, tal <strong>maratón aeronáutico,</strong> lo tuve que hacer solo, ya que nadie se atrevió a acompañarme, simple y sencillamente por el ritmo y el carácter aeronáutico del mismo, tan extraordinario que no me sorprendió que las autoridades migratorias norteamericanas en Honolulu, a mi llegada procedente de <strong>Hong Kong, con escala en Tokio,</strong> decidiesen someterme a una intensa y, debo reconocer, humillante inspección secundaria dentro de un cuartito, en el que “guante en mano” mi privacidad, en todos los sentidos, fue abrumadoramente invadida… Así lo dejo.</p>
<p>Habiéndose dado cuenta de que, efectivamente, sus sospechas eran infundadas, mis ahora <em>“íntimos amigos”</em> agentes protección de fronteras intentaron compensar las molestias ocasionadas por la revisión, acelerando mi traslado a la terminal regional del aeropuerto, en la que abordé un de<strong> Havilland DHC-6 </strong><em>“Twin Otter”,</em> de la aerolínea <strong>Aloha Island Air</strong>, modelo conocido por los veteranos aeronáuticos mexicanos como “Guajolota”, que me llevó al aeropuerto de Hana, en la <strong>isla de Maui, </strong>haciendo escalas en<strong> Kapahulua y Kahului</strong> en el mismo litoral. Volar de <strong>Kahului a Hana </strong>en un avión pequeño, permite observar la mágica costa de la isla y su trazado carretero, de fama internacional, como una de las rutas escénicas más hermosas del mundo, el mismo que tuve el privilegio de recorrer en el año 1987, en un primer intento de llegar al cementerio <strong>Palapa Homau, en Kipahulu,</strong> localidad en la que se encuentra la última morada de Lindbergh, fallecido en la casa de un médico en la <strong>Villa de Hana el 26 de agosto de 1974.</strong></p>
<p>Por lo visto a<em> “Lolo”</em>, dios local de la lluvia, no le hizo gracia mi primera visita, tanto que se dejó sentir con toda fuerza bloqueando la carretera con peligrosas corrientes de agua y deslaves. Para mi fortuna, mi segundo esfuerzo se acompañó de un clima maravilloso, permitiéndome acceder al privilegiado espacio con vista al<strong> Océano Pacífico,</strong> en el que el <em>“Águila Solitaria” </em>decidió, muy a<strong> su austero y ecologista estilo,</strong> fusionarse con la naturaleza, en un sencillo entierro tradicional de Hawaii.</p>
<p>Un detalle curioso es que, tal y como seguramente algunos de mis lectores recordarán, <strong>en esos tiempos era requisito vestir formalmente a la hora de hacer uso de algún boleto o pase interlineal</strong>, lo que me obligó a hacerme acompañar de <strong>una camisa de vestir, saco y corbata,</strong> mismos que se me ocurrió portar a la hora de estar al pie de la <strong>tumba de Lindbergh</strong>, atuendo que contrastaba con el del resto de los visitantes del panteón, uno de los cuales, vestido muy al estilo gringo hawaiiano, estaba muy molesto por el detalle de que el recorrido turístico por el sur de Maui que contrató, incluyese la visita a un cementerio, tanto así que al verme muy solemne ante el sepulcro de piloto del<em> “Espíritu de San Luis”,</em> me preguntó quién estaba enterrado en él. Cuando le respondí que se trataba de<strong> Lindbergh,</strong> se sorprendió, toda vez que hubiese pensado que siendo quien era, y más militar, el héroe norteamericano debería estar enterrado, digamos, en <strong>el cementerio de Arlington, Virginia.</strong> Cuando le expliqué cómo es que el aviador, convertido al final de su vida en un activo promotor de la preservación del medio ambiente natural, había elegido la belleza natural de Maui como su último refugio, comprendió el significado de lo que teníamos ante nosotros.</p>
<p>Es así que, estimado lector, si bien mi<strong> extenuante periplo con vuelos en aeronaves tan interesantes, </strong>como ese <strong>Boeing 747-100/SR/SUD de Japan Airlines</strong>, con<strong> la friolera de 563 asientos</strong> y la oportunidad de experimentar la espectacular aproximación IGS (Instrument Guidance System) <strong>a la pista 13 del aeropuerto Kai Tac, de Hong Kong,</strong> bien podría resultar memorables, lo cierto es que haber tenido el privilegio de presentar mis respetos a Lindbergh en su tumba es algo que nunca voy a olvidar, a menos que ese perverso alemán <strong>(el señor Alzheimer)</strong> un día se apodere de mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>¡Toco madera!</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Una memoria inolvidable: visitar la tumba de Charles Lindbergh</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2023/05/17/una-memoria-inolvidable-visitar-la-tumba-de-charles-lindbergh-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 May 2023 08:20:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aeronaves]]></category>
		<category><![CDATA[Boeing 747]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
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					<description><![CDATA[A algunos aeronáuticos de mi generación les ha dado por preparar y hasta publicar sus memorias, que como diría Hermann Hesse en su “Lobo Estepario”, son escritas “por locos, sólo para locos”. En nuestro caso, locos por los aviones. Creo que ha llegado mi turno, sólo que a diferencia de ellos, emplearé, hasta donde mis [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/lindbergh_-1.jpg" alt="Una memoria inolvidable: visitar la tumba de Charles Lindbergh" /></p>
<p>A algunos<strong> aeronáuticos de mi generación</strong> les ha dado por preparar y hasta publicar sus memorias, que como diría <strong>Hermann Hesse en su </strong><em>“Lobo Estepario”, </em>son escrita<em>s “por locos, sólo para locos”</em>. En nuestro caso,<strong> locos por los aviones.</strong></p>
<p>Creo que ha llegado mi turno, sólo que a diferencia de ellos, emplearé, hasta donde mis editores y lo más importante, mis lectores, me lo permitan, espacios como el que alberga esta columna <strong>para recuperar algunos episodios de un andar en el quehacer del vuelo humano</strong>, que las canas y el deterior propio de la tercera edad, me dejan claro, ya ha sido extenso.</p>
<p>Me resulta imposible y, de hecho, me parece hasta injusto comenzar a transformar algún recuerdo aeronáutico en una anécdota, y más conforme se <strong>acercan el 20 y 21 de mayo </strong>en el que, el vuelo en solitario sin escalas entre <strong>Nueva York y París, capturó la imaginación del mundo entero</strong>, sin corresponder al protagonismo en mi vida y la generosidad que me ha dispensado la saga del que bien podría definirse como el aviador por excelencia: <strong>Charles A. Lindbergh,</strong> cuya tumba en el estado de <strong>Hawaii visité en el año 1989, </strong>en un original periplo aéreo de apenas 11 días de duración, al amparo de los descuentos en boletos de avión y hoteles, a los cuales me daba acceso mi credencial de empleado de <strong>Mexicana de Aviación</strong>, que me llevó a hacer un total de<strong> 22 despegues, en 15 aeropuertos de 4 países de dos continentes, recurriendo a 9 tipos diferentes de aeronaves de 5 aerolíneas.</strong></p>
<p>Sobra decir que, tal <strong>maratón aeronáutico,</strong> lo tuve que hacer solo, ya que nadie se atrevió a acompañarme, simple y sencillamente por el ritmo y el carácter aeronáutico del mismo, tan extraordinario que no me sorprendió que las autoridades migratorias norteamericanas en Honolulu, a mi llegada procedente de <strong>Hong Kong, con escala en Tokio,</strong> decidiesen someterme a una intensa y, debo reconocer, humillante inspección secundaria dentro de un cuartito, en el que “guante en mano” mi privacidad, en todos los sentidos, fue abrumadoramente invadida… Así lo dejo.</p>
<p>Habiéndose dado cuenta de que, efectivamente, sus sospechas eran infundadas, mis ahora <em>“íntimos amigos”</em> agentes protección de fronteras intentaron compensar las molestias ocasionadas por la revisión, acelerando mi traslado a la terminal regional del aeropuerto, en la que abordé un de<strong> Havilland DHC-6 </strong><em>“Twin Otter”,</em> de la aerolínea <strong>Aloha Island Air</strong>, modelo conocido por los veteranos aeronáuticos mexicanos como “Guajolota”, que me llevó al aeropuerto de Hana, en la <strong>isla de Maui, </strong>haciendo escalas en<strong> Kapahulua y Kahului</strong> en el mismo litoral. Volar de <strong>Kahului a Hana </strong>en un avión pequeño, permite observar la mágica costa de la isla y su trazado carretero, de fama internacional, como una de las rutas escénicas más hermosas del mundo, el mismo que tuve el privilegio de recorrer en el año 1987, en un primer intento de llegar al cementerio <strong>Palapa Homau, en Kipahulu,</strong> localidad en la que se encuentra la última morada de Lindbergh, fallecido en la casa de un médico en la <strong>Villa de Hana el 26 de agosto de 1974.</strong></p>
<p>Por lo visto a<em> “Lolo”</em>, dios local de la lluvia, no le hizo gracia mi primera visita, tanto que se dejó sentir con toda fuerza bloqueando la carretera con peligrosas corrientes de agua y deslaves. Para mi fortuna, mi segundo esfuerzo se acompañó de un clima maravilloso, permitiéndome acceder al privilegiado espacio con vista al<strong> Océano Pacífico,</strong> en el que el <em>“Águila Solitaria” </em>decidió, muy a<strong> su austero y ecologista estilo,</strong> fusionarse con la naturaleza, en un sencillo entierro tradicional de Hawaii.</p>
<p>Un detalle curioso es que, tal y como seguramente algunos de mis lectores recordarán, <strong>en esos tiempos era requisito vestir formalmente a la hora de hacer uso de algún boleto o pase interlineal</strong>, lo que me obligó a hacerme acompañar de <strong>una camisa de vestir, saco y corbata,</strong> mismos que se me ocurrió portar a la hora de estar al pie de la <strong>tumba de Lindbergh</strong>, atuendo que contrastaba con el del resto de los visitantes del panteón, uno de los cuales, vestido muy al estilo gringo hawaiiano, estaba muy molesto por el detalle de que el recorrido turístico por el sur de Maui que contrató, incluyese la visita a un cementerio, tanto así que al verme muy solemne ante el sepulcro de piloto del<em> “Espíritu de San Luis”,</em> me preguntó quién estaba enterrado en él. Cuando le respondí que se trataba de<strong> Lindbergh,</strong> se sorprendió, toda vez que hubiese pensado que siendo quien era, y más militar, el héroe norteamericano debería estar enterrado, digamos, en <strong>el cementerio de Arlington, Virginia.</strong> Cuando le expliqué cómo es que el aviador, convertido al final de su vida en un activo promotor de la preservación del medio ambiente natural, había elegido la belleza natural de Maui como su último refugio, comprendió el significado de lo que teníamos ante nosotros.</p>
<p>Es así que, estimado lector, si bien mi<strong> extenuante periplo con vuelos en aeronaves tan interesantes, </strong>como ese <strong>Boeing 747-100/SR/SUD de Japan Airlines</strong>, con<strong> la friolera de 563 asientos</strong> y la oportunidad de experimentar la espectacular aproximación IGS (Instrument Guidance System) <strong>a la pista 13 del aeropuerto Kai Tac, de Hong Kong,</strong> bien podría resultar memorables, lo cierto es que haber tenido el privilegio de presentar mis respetos a Lindbergh en su tumba es algo que nunca voy a olvidar, a menos que ese perverso alemán <strong>(el señor Alzheimer)</strong> un día se apodere de mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>¡Toco madera!</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>“Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y pueden o no reflejar el criterio de A21”</strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Cuidado con sus tesoros aeronáuticos, no los vaya a terminar tirando su ex</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2021/06/16/cuidado-con-sus-tesoros-aeronauticos-no-los-vaya-a-terminar-tirando-su-ex/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Jun 2021 06:05:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
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					<description><![CDATA[Para mis conocidos, y seguramente para algunos de mis estimados lectores, a los que no tengo aún el gusto de conocer, creo que les queda claro que he sido un ávido coleccionista de memorabilia aeronáutica, hobby en el que el capítulo de bibliografía ha tenido un papel relevante en mi vida. La verdad es que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/A21_apectosLegales3__0.jpg" alt="Cuidado con sus tesoros aeronáuticos, no los vaya a terminar tirando su ex" /></p>
<p>Para mis conocidos, y seguramente para algunos de mis estimados lectores, a los que no tengo aún el gusto de conocer, creo que les queda claro que<strong> he sido un ávido coleccionista de memorabilia aeronáutica</strong>, hobby en el que el capítulo de bibliografía ha tenido un papel relevante en mi vida.</p>
<p>La verdad es que tengo algunos verdaderos tesoros como podrían ser ediciones autografiadas de libros por parte de Igor Sikorsky, Paul Tibbets, Pappy Boyington o Roberto Fierro, pero pocos como los ejemplares que en mu momento me autografiaron dos grandes de la literatura aeronáutica mexicana: el ingeniero José Villela Gómez y el periodista Manuel Ruiz Romero, este último habiéndome honrado además con incluir mi nombre en su <strong>Diccionario Biográfico Aeronáutico Mexicano</strong>, mismo que me autografío.</p>
<p>Debo confesar que tan orgulloso me sentí del detalle que adquirí tres ejemplares de la obra, uno de los cuales conservé, mientras que <strong>los otros dos se los entregué a cada uno mis entonces dos hijos</strong>.</p>
<p>El hecho es que me acabo de enterar de que un ejemplar del diccionario <strong>fue descubierto en una librería de viejo </strong>en la zona de Los Ángeles, California, nada menos que por un amigo y ávido coleccionista de lo aeronáutico, alguna vez como quien suscribe esta nota miembro de la Lindbergh Collectors Society. Habiendo capturado su atención Gary le dio una hojeada al libro solo para comprobar que el mismo alguna vez le había pertenecido a su mexicano colega.</p>
<p>La pregunta me resultó obligada:<strong> ¿Cómo es que dicho libro fue a dar a esa librería?</strong></p>
<p>Que el descubrimiento haya tenido lugar en Los Ángeles invariablemente me hizo pensar que la copia es la que en algún momento entregué a mi hijo Juan Pablo, residente por décadas del sur de California.</p>
<p>Quiero pensar en positivo y que en una de esas a mi hijo, a la hora de hacer uno de esos ejercicios de “limpieza” de triques y otros objetos para mudarse a las universidades en las que ha estudiado, <strong>“se le fue”</strong> el libro dedicado a su padre y en el que además aparece. La verdad, conociéndolo, no me lo imagino haciendo algo así.</p>
<p>A la que también conozco es a su progenitora, de ahí que me atrevo a pensar que fue ella a la que le valió ahora sí que le valieron “mamita” tanto el libro como el potencial significado que para nuestro hijo en común tenía y decidió venderlo a un comprador de viejo, junto con quién sabe cuántas cosas más, especialmente si se relacionan con su padre.</p>
<p>Lo cierto es que el cosmos se confabuló para que mi Lindberghiano amigo eventualmente lo encontrase en una de sus andanzas en búsqueda de tesoros y me hiciese saber no solamente del hecho sino también que me lo estaría enviando, algo que final y felizmente sucedió.</p>
<p>Curiosa y encontrada emoción la que sentí al comprobar que efectivamente<strong> se trataba de la copia que obsequié a mi hijo</strong> al que ya informé que eventualmente le volveré a entregar el testarudo documento que pareciera que simple y sencillamente se niega a abandonar nuestra familia.</p>
<p>En cualquier caso que la moraleja es clara: estimados amigos y amigas coleccionistas,<strong> tengan cuidado con sus tesoros, </strong>no vayan a terminar siendo desechados como si no valiesen nada por parte de sus ex parejas.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Charles Lindbergh y las low-cost</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2020/08/05/charles-lindbergh-y-las-low-cost/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Aug 2020 06:44:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
		<category><![CDATA[Volaris]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Qué pensaría Charles Lindbergh del aerotransporte moderno, caracterizado por la masificación sobre la base de modelos de la alta eficiencia operativa que hacen posible que más y más personas accedan al avión para ir de un lugar a otro, ahora con el riesgo de contagiarse de un virus?, me pregunto. No estoy tan seguro de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/A21_juanAjose_13marzo2019__0.jpg" alt="Charles Lindbergh y las low-cost" /></p>
<p dir="ltr">¿Qué pensaría <strong>Charles Lindbergh</strong> del aerotransporte moderno, caracterizado por la masificación sobre la base de modelos de la alta eficiencia operativa que hacen posible que más y más personas accedan al avión para ir de un lugar a otro, ahora con el riesgo de contagiarse de un virus?, me pregunto.</p>
<p dir="ltr">No estoy tan seguro de que la idea de tener a tantas personas en el aire volando en las cantidades de aeronaves que hasta comienzos del año 2020 solían colmar los espacios aéreos pudiera ser totalmente de su agrado<strong>; no hay que olvidar que en sus últimos años de vida, el aviador </strong>(para entonces convertido en ecologista) <strong>no vacilaba en afirmar que si le diesen a escoger a escoger entre las aves y las aeronaves elegiría a las primeras</strong>, o&nbsp; en plantear una pregunta tan difícil de responder como la siguiente: “¿Realmente la civilización significa progreso? Y es que al Águila Solitaria, quien por cierto, dada su estatura, no volaría muy cómodo que digamos en las cabinas tan densamente configuradas de la actualidad, no le alegraba mucho ver la faz de la Tierra cada día sin menos bosques y selvas, pero eso sí, cada vez más invadida por la urbanización.</p>
<p dir="ltr">Quiero pensar entonces que a primera vista vincular su nombre a una aerolínea low-cost no resultaría la mejor idea; pero llega a suceder y de manera afortunada.</p>
<p dir="ltr">Veamos un caso:</p>
<p dir="ltr">El que una sala de reuniones en instalaciones de la “Ultra-Low Cost” mexicana <strong>Volaris </strong>se llame “Lindbergh” no me sorprendió; al final de cuentas su nombre frecuentemente es empleado de diversas maneras en las organizaciones aeronáuticas. Lo que sin duda llamó mi atención, y por cierto, de una manera particularmente agradable, es que el señor Enrique Beltranena, al frente de la aerolínea,<strong> fuese un entusiasta de la historia de la aviación y de Lindbergh en particular.</strong></p>
<p dir="ltr">No hace mucho tiempo tuve el privilegio de ser recibido por este destacado ejecutivo del aerotransporte latinoamericano; al ingresar a su despacho no pude dejar de notar la presencia de un modelo del <strong><em>“Espíritu de San Luis”</em></strong> colgando del techo. <em><strong>“Lo armé yo”</strong></em> me dijo orgulloso el amable guatemalteco, dando pie a lo que se convirtió en una muy interesante conversación en materia de cultura aeronáutica, tema que no dudó en compartirme, promueve activamente en el seno de Volaris.</p>
<p dir="ltr">Ahora me queda claro que sí es posible vincular a una low-cost con un héroe del aerotransporte “Legacy” como Lindbergh, mediante eso precisamente: la cultura, la historia y la pasión por lo aéreo, valores que son propios de una persona tan influyente como Beltranena, algo que me da tanto gusto que me atrevo a compartirlo en esta oportunidad con mis estimados lectores, entre los cuales puedo presumir está precisamente el competente funcionario, a quien por esta vía propongo que se anime a bautizar “Charles Lindbergh” a alguno de sus aviones, suplicándole que, de hacerlo, no olvide a los héroes aeronáuticos mexicanos, como Juan Guillermo Villasana y Emilio Carranza, por ejemplo, que sin duda también son merecedores de ser así reconocidos.</p>
<p dir="ltr">Entonces, Don Enrique:<strong> ¿se anima a ponerle “Lindbergh” a uno de sus Airbus, reforzando así la estrategia de sostenibilidad de Volaris?</strong> Esperemos que así sea.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>De Lindbergh a Trump: de la buena voluntad a la agresión</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2020/05/06/de-lindbergh-a-trump-de-la-buena-voluntad-a-la-agresion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 May 2020 06:52:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
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					<description><![CDATA[La tarde del 14 de diciembre de 1927 una buena parte de la población de la Ciudad de México salió a las calles, o hasta se animó a acudir al aeródromo de Balbuena para recibir jubilosamente al aviador norteamericano Charles A. Lindbergh, quien así daba inicio a lo que se definió como un “Tour de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/A21_Salazar_6sep2019__0.jpg" alt="De Lindbergh a Trump: de la buena voluntad a la agresión" /></p>
<p dir="ltr">La tarde del 14 de diciembre de 1927 una buena parte de la población de la Ciudad de México salió a las calles, o hasta se animó a acudir al aeródromo de Balbuena <strong>para recibir jubilosamente al aviador norteamericano Charles A. Lindbergh, </strong>quien así daba inicio a lo que se definió como un “Tour de Buena Voluntad” por América Latina.</p>
<p dir="ltr">Su recorrido por 15 naciones entre el 13 de diciembre de 1927 y el 13 de febrero de 1928<strong> quedó profunda y benevolentemente grabado no solamente en los anales de la historia aeronáutica, sino en la memoria política y social de los territorios que visitó</strong>, en los que se le brindaron grandes y merecidas muestras de afecto y agradecimiento.</p>
<p dir="ltr">De alguna manera, Lindbergh, su fama y carisma fueron empleados, tanto por el Departamento de Estado norteamericano, como por el gobierno mexicano de Plutarco Elías Calles para reducir la tensión entre Washington y la Ciudad de México. Y es que apenas en el año 1914 “los gringos” <strong>habían ocupado militarmente el Puerto de Veracruz</strong>, mientras que un par de años más tarde, el general John Pershing encabezó una campaña militar para capturar en territorio mexicano al general Francisco Villa, que por poco termina en una guerra directa entre ambas naciones.</p>
<p dir="ltr">Lo cierto es que, sumando a lo anterior los reclamos de los ciudadanos e intereses norteamericanos, afectados o creyéndose afectados, por la Revolución Mexicana de 1910, cuando el “Espíritu de San Luis” aterrizó en Balbuena, las relaciones bilaterales se encontraban quizás en el punto más bajo de su historia, <strong>hasta ahora&#8230;</strong></p>
<p dir="ltr">En un artículo publicado en el “New York Times” el 9 de noviembre de 2016, el historiador y escritor mexicano Enrique Krauze, dice que hasta la llegada de Trump a la presidencia la frase “Pobre México, tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos” <strong>pocas veces correspondió a la realidad</strong>. Si bien la relación México-Estados Unidos entre estos “vecinos distantes” ha sido siempre compleja, de alguna manera, la raya que marca el límite del respeto y la agresión, parece ser que siempre le quedó clara a los presidentes norteamericanos, inclusive a los más nefastos, caso de Richard Nixon, quienes, quizás comprendiendo la importancia de la dispareja vecindad, de los intercambios sociales, culturales y económicos en torno a ella y de lo que significa la frontera sur para Estados Unidos en materia de seguridad, tuvieron la prudencia de no exhibir, por lo menos públicamente, algún desdén y repudio hacia México y hacia lo mexicano. Algunos inquilinos de la Casa Blanca inclusive llegaron a ser, o por lo menos a perecer “amistosos” con nuestro país, caso de John F. Kennedy, a quien el pueblo mexicano recibió con cariño en julio de 1962; su honesta sonrisa delataba comodidad en nuestro territorio. Ese no es el caso que quien lamentablemente, no solamente para México, sino para todo el mundo, comenzando por los Estados Unidos, hoy día encabeza el ejecutivo federal de ese país.</p>
<p dir="ltr">Pero volviendo a Lindbergh, a quien el escritor norteamericano Philip Roth presentó en su novela<em><strong> “La Conjura contra América”</strong></em> del año 2004, nada menos que como el&nbsp; hipotético ganador de la contienda presidencial estadounidense del año 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, llevando a su país a tiempos muy, pero muy obscuros, propios de una dictadura de la ultraderecha, si bien es cierto que era todo un supremacista con tintes de nazi, se manejaba con tacto en sus tratos con extranjeros incluyendo nuestros paisanos, algo a lo que estoy seguro contribuyó la sensibilidad e inteligencia de su esposa, la escritora Anne Morrow, hija que quien era embajador norteamericano en México cuando el “Águila Solitaria” nos visitó en esa oportunidad.</p>
<p dir="ltr">En los Estados Unidos, han habido, hay y seguramente habrán, figuras de poder que, como mi héroe, por definición, <strong>educación o intereses han tenido grandes prejuicios contra todo lo que no sea norteamericano o tenga la piel blanca</strong>, y quizás hayan detestado a países como México, pero han comprendido que hay límites, como los que era claro tenían algunos de los miembros de la Lindbergh Collectors Society que alguna vez presidí, grupo en el que no costaba encontrarse con verdaderos racistas. Nunca voy a olvidar cuando uno de sus expresidentes que se negó siempre a celebrar en México uno de nuestros simposios, y eso que estoy hablando de un señor que vivió varios años en Monterrey, Nuevo León, al frente de una trasnacional de su país. Otro expresidente estuvo alguna vez muy cerca de reconocer abiertamente su participación en grupos supremacistas. En fin…</p>
<p dir="ltr">La diferencia entre Trump y mis ultraconservadores amigos lindberghianos es que a la hora de tratarme o de tratar a los mexicanos frente a frente, y más estando en México, lo hacían con decencia, por lo menos simulada.</p>
<p dir="ltr">¡Lindbergh! Es cierto, hablo mucho de él, y más, conforme leo y escucho sobre lo que dice, escribe y hace Donald Trump.</p>
<p dir="ltr">¿Y cómo no hacerlo si estoy tan relacionado con los Estados Unidos académica, profesional, históricamente y personalmente hablando? Baste decir que además de mis vínculos con su gran héroe aeronáutico, por lo menos una tercera parte de todos mis vuelos han tocado un aeropuerto en ese país y lo más importante es que mi primogénito vive allá, donde, para colmo, <strong>es militar en activo.</strong></p>
<p dir="ltr">Además del dolor que me genera el sufrimiento que Trump está infligiendo a inocentes trabajadores y familias mexicanas y al comercio bilateral, siento que lo que me pone verdaderamente molesto es ver como usa su poder para tratar de extraer de muchos de sus conciudadanos algo siendo prudentes saben que deben controlar: su racismo.</p>
<p dir="ltr">Creo que es tiempo que el mundo se una, y no necesariamente contra los norteamericanos, sino contra su actual presidente. Creo que es tiempo también de decirle a esos que votaron y seguramente van a volver a votar por él, que mucho de lo que está haciendo ese señor no es legal, no es correcto, no promueve el bienestar económico de nadie y ni es moral.</p>
<p dir="ltr">Señor Trump, <strong>aprenda de Lindbergh,</strong> por lo menos, a tratar de parecer ser decente y deje de agredir sin sentido.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Cien años venciendo al Atlántico Norte</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2019/05/22/cien-anos-venciendo-al-atlantico-norte/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 May 2019 06:24:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
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					<description><![CDATA[Creo que no es un secreto mi pasión por la vida y obra del aviador norteamericano Charles A. Lindbergh. Estudiarlo ha resultado, debo reconocer, una gratificante experiencia. Haber presidido la C.A.L./N-211 COLLECTORS SOCIETY, dedicada a preservar el recuerdo del aviador y de su famoso avión “Espíritu de San Luis”, es un orgullo que atesoro. Y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/A21_juanAjose_22mayo2019_.jpg" alt="Cien años venciendo al Atlántico Norte" /></p>
<p dir="ltr">Creo que no es un secreto mi pasión por la vida y obra del <strong>aviador norteamericano Charles A. Lindbergh.</strong> Estudiarlo ha resultado, debo reconocer, una gratificante experiencia. <strong>Haber presidido la C.A.L./N-211 COLLECTORS SOCIETY, dedicada a preservar el recuerdo del aviador y de su famoso avión “Espíritu de San Luis”, es un orgullo que atesoro.</strong></p>
<p dir="ltr">Y pensar que todo ello comenzó en Toronto, <strong>Canadá un día de verano del año 1982</strong> cuando mi novia y por cierto, actual pareja, me obsequió un par de libros, uno de ellos titulado: <strong>“Hacia una nueva política aérea en el Atlántico del Norte”</strong>, y el otro, recopilando primeras planas del periódico New York Times con noticias aeroespaciales, en cuya portada estaba <strong>Lindbergh, principal protagonista de la historia de los vuelos transatlánticos,</strong> tema con el que di inicio a la tesis con la que eventualmente obtuve mi título de licenciatura.</p>
<p dir="ltr">Muy pronto me enteré que, contrario a la creencia general, la valiente y ampliamente divulgada gesta del originario de Detroit, Michigan al mando del “Espíritu de San Luis” volando de Nueva York hasta París en mayo del año 1927, <strong>no había sido el primer recorrido aéreo transatlántico, ni siquiera el primero en realizarse sin escalas entre América y Europa.</strong> Para mi sorpresa, <strong>78 personas entre pilotos, tripulantes y hasta un polizón, habían vencido al océano antes que mi héroe</strong>, comenzando por los tripulantes de un <strong>anfibio Curtiss de la Marina Norteamericana</strong> registrado como <strong>NC-4 de Albert C. Read</strong>, que, luego de haber despegado de la costa del Estado de Nueva York en los Estados Unidos <strong>el 8 de mayo de 1919 </strong>y hacer escalas en Massachusetts, Nueva Escocia y Terranova en Canadá y las Islas Azores (Portugal), <strong>logró aterrizar 19 días después: un 27 de mayo</strong>, en las aguas frente a Lisboa, la capital lusa, ya en plena Europa continental. El NC-4 proseguiría hacia España y finalmente llegaría a Plymouth, Inglaterra, nación de la que provenía el aviador <strong>John Alcock que junto con el escocés Arthur Brown logró finalmente vencer también el Atlántico del Norte sin escalas</strong>, al mando de un <strong>Vickers Vimy </strong>que despegó de Saint-John´s Terranova <strong>el 14 de junio de 1919</strong>, aterrizando al día siguiente cerca de Clifden, Irlanda, tras un <strong>vuelo de escasas 16 horas de duración.</strong></p>
<p dir="ltr">En tiempos en los que se calcula que más de <strong>dos mil 500 aeronaves cruzan diariamente con gran seguridad el Atlántico del Norte en ambas direcciones</strong>, cargadas de miles de pasajeros, tripulantes y toneladas de mercancías, me parece importante no olvidar que apenas hace cien años, tales vuelos eran todas unas costosas y peligrosas hazañas, reservadas para unos cuantos, generalmente militares respaldados por sus poderosas armas y gobiernos.</p>
<p dir="ltr">Volar y ver volar se ha vuelto tan rutinario que se nos olvida que el aerotransporte <strong>no es producto de la casualidad</strong>, sino el resultado de un <strong>enorme esfuerzo técnico</strong>, <strong>económico y regulatorio</strong>, en el que se han invertido enormes recursos y por el que se han pagado muchas vidas.</p>
<p dir="ltr">Es así que en este mes de mayo del 2019 <strong>pienso en los pioneros de los vuelos transatlánticos en el hemisferio norte</strong>, en especial en los que hace ya cien años conquistaron ésta que fue, <strong>ha sido y será una de las rutas aéreas más importantes</strong>, no solamente cuantitativa sino también cualitativamente hablando. Y es que pocos vuelos siguen capturando la imaginación como un vuelo sin escalas por encima de esas frías y tempestuosas aguas que unen a la vieja y tradicional Europa, de la joven y pujante Norteamérica.</p>
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		<title>Actuar en “momentos de verdad”</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2018/05/30/actuar-en-momentos-de-verdad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 May 2018 00:56:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
		<category><![CDATA[Sully]]></category>
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					<description><![CDATA[“El hombre se descubre cuando se enfrenta al obstáculo”, escribió Antoine de Saint-Exupéry en la que considero su mejor obra literaria: “Tierra de Hombres” del año 1939. Las maneras en las que el obstáculo se presenta son diversas, pero es cuando se manifiesta de manera repentina que nos exige aquello que presumimos poseer, o aquello [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="/wp-content/uploads/2025/05/A21_momento_.jpg" alt="Actuar en “momentos de verdad”" /></p>
<p><em>“El hombre se descubre cuando se enfrenta al obstáculo”</em>, escribió <strong>Antoine de Saint-Exupéry </strong>en la que considero su mejor obra literaria: “Tierra de Hombres” del año 1939.</p>
<p>Las maneras en las que el obstáculo se presenta son diversas, pero es cuando se manifiesta de manera repentina que nos exige aquello que presumimos poseer, o aquello que desconocemos poseemos y, sorprendentemente, aplicamos para enfrentarlo.</p>
<p>Me refiero a&nbsp;<strong>&#8220;momentos de verdad&#8221;&nbsp;</strong>de gran trascendencia, más allá de lo cotidiano, de cuyo manejo llega a depender mucho, a veces inclusive la conservación del trabajo, la paz interior, las relaciones personales y hasta la vida.&nbsp;<strong>Yo acabo de pasar nuevamente por uno</strong>.</p>
<blockquote>
<p>Son instantes, por ejemplo, como cuando suenan las alarmas en la cabina de vuelo o cuando se entra a un quirófano. Ocasiones también en las que se confirma lo que la experiencia, la supuesta madurez y el entrenamiento le han enseñado a uno; en las que se desdicen aún los más firmes supuestos y no queda de otra que vencer el miedo; y en las que se descubren, a veces dolorosamente, algunas verdades, como saber con quién cuenta uno y lo más importante:&nbsp;<strong>qué tanto cuenta uno consigo mismo</strong>.</p>
</blockquote>
<p>Y es que al enfrentar&nbsp;<em>momentos de verdad</em>, por más solidaridad que uno reciba, <strong>uno termina calladamente tomando ciertas decisiones&nbsp;solo</strong>. El copiloto, el médico, el abogado, el amigo, la familia o la pareja pueden estar ahí y ofrecer valioso consejo, pero llega un punto en el que la última palabra en cómo reaccionar está en uno. A veces se lleva uno gratas sorpresas del resultado&#8230; a veces, no tanto.</p>
<blockquote>
<p>La aeronáutica registra decenas de inspiradores casos en donde la manera en como se reaccionó&nbsp;marcó la diferencia: la decisión de <strong>Charles Lindbergh </strong>de seguir adelante con su carrera de despegue en Nueva York con destino a París en mayo de 1927, aún a pesar de haber pasado la marca que indicaba el punto en el que debía decidir o no abortar la maniobra; o la elección de <strong>Chesley Sullenberger </strong>en enero del año 2009 de no intentar aterrizar de emergencia en un aeropuerto ese A320 de US Airways –que se quedó sin potencia luego de que sus motores dejaron de funcionar por una ingesta de aves–, y en su lugar posarlo en el Río Hudson, me parecen los más representativos.</p>
</blockquote>
<p>Mis&nbsp;<em>momentos de verdad&nbsp;</em>no me convierten en héroe pero sin duda me fortalecen, descubriéndome, para bien o para mal, ante propios y extraños, comenzando por Juan Antonio mismo.</p>
<p>No quisiera desearle a ninguno de mis lectores un&nbsp;<em>momento de verdad</em>&nbsp;de alto impacto, aun cuando este termine por ayudarle a ver las cosas desde otra perspectiva, lo cual siempre es benéfico. Lo que sin duda me encantaría es que mi lector, cuando pudiera verse obligado a enfrentar uno en el aire o en tierra, tenga éxito al hacerlo.&nbsp;<strong>O cuando menos, que la tranquilidad de saber que entregó su máximo esfuerzo, le invada.</strong></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El halcón sobre las pistas</title>
		<link>https://a21.com.mx/opinion/2017/01/18/el-halcon-sobre-las-pistas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan A. José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Jan 2017 21:03:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[A380]]></category>
		<category><![CDATA[Airbus]]></category>
		<category><![CDATA[Lindbergh]]></category>
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					<description><![CDATA[“Si me dieran a escoger entre las aves y los aviones, preferiría a las primeras”, dijo Charles A. Lindbergh, ya muy entrado en esa etapa ecologista que lo caracterizó en los últimos años de su vida. En Lindbergh suelo pensar en cada oportunidad que tengo de disfrutar de mi hora de comida degustando de un [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Si me dieran a escoger entre las aves y los aviones, preferiría a las primeras”</strong>, dijo Charles A. Lindbergh, ya muy entrado en esa etapa ecologista que lo caracterizó en los últimos años de su vida.</p>
<p>En Lindbergh suelo pensar en cada oportunidad que tengo de disfrutar de mi hora de comida degustando de un buffet en el que se me permite sentarme en una mesa adyacente a unos enormes cristales desde los que se observan las pistas del aeropuerto en el que trabajo y en el que hacia esa hora, el personal del equipo de control de fauna nociva lanza al vuelo a un hermoso e imponente halcón que al recorrer el perímetro aeroportuario espanta a aves menores, mitigando el riesgo de una colisión con alguna aeronave.</p>
<p>¿Qué disfruto más? ¿El vuelo del halcón o el aterrizaje de ese Airbus A380 con el que suelo concluir mi espacio alimenticio y de esparcimiento? No lo voy a negar: Me encanta ver volar lo que sea, de metal, madera, plástico o carne, hueso y plumas, pero creo que disfruto más del espectáculo del elegante carnívoro alado que el del masivo avión europeo; es decir, tiendo a estar de acuerdo con el “Águila Solitaria”, como se le conoce al que, por más defectos que se quiera encontrar, siempre será uno de los grandes héroes aeronáuticos.</p>
<p>Verdad incontestable: Operar aeronaves tiene un impacto negativo en el medio ambiente; el reto es mitigarlo hasta donde sea científicamente posible. </p>
<blockquote><p><strong>La aeronáutica mundial entera, comenzando por sus principales organizaciones internacionales con la Organización de Aviación Civil Internacional a la cabeza, hacen esfuerzos para contribuir a lograr esta aspiración que no debe ser considerada un lujo sino toda una necesidad. </strong></p></blockquote>
<p>Y es que el medio ambiente ya no resiste más; esas aves que disfruto tanto ver volar están en peligro de desaparecer, como lo está todo lo que habita nuestro planeta ante el avance de la contaminación y la sobre explotación de los recursos naturales.</p>
<p>Es así que conforme observo ese halcón sobre las pistas del aeropuerto miro hacia el norte: hacia Texcoco  y me pongo a pensar en los retos, pero sobretodo <strong>en la necesidad de asegurarnos que en la construcción de la nueva infraestructura del Valle de México se preserve ese indispensable equilibrio entre el desarrollo de lo aeronáutico y la protección de lo ambiental. Equivocarse en ello tendría un fuerte impacto en el balance ecológico de la urbe más importante del continente y por ende repercutiría en la calidad de vida global. </strong></p>
<p>Nuestros hijos y nietos nos agradecerán poder ver modernas aeronaves en los cielos de la Ciudad de México, pero no tanto como apreciarán el que les podamos heredar un ambiente en el que las aves también pueden volar.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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