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09/12/2021

Monitoreo del espacio aéreo mexicano: una prioridad rezagada

José Medina Go… / Domingo, 17 Octubre 2021 - 21:26

Uno de los grandes temas de la Seguridad Aérea en México ha sido, desde hace décadas, la urgente necesidad de monitorear eficientemente nuestro espacio aéreo. En ocasiones anteriores hemos señalado en este espacio la importancia de mantener un adecuado monitoreo sobre nuestro espacio aéreo, así como las repercusiones políticas, diplomáticas y jurídicas de esta labor permanente. Desde un mero punto de vista pragmático, es esencial mantener un adecuado monitoreo de nuestro entorno aeronáutico. En síntesis, hacerlo nos permite tener una consciencia situacional esencial de lo que ocurre en nuestro territorio, y nos permite administrar nuestro entorno apropiada y eficientemente.

En México, buena parte del monitoreo del espacio aéreo es llevado a cabo por la autoridad civil. Las Fuerzas Armadas, principalmente la Fuerza Aérea Mexicana a través del Sistema Integral de Vigilancia Aérea (SIVA) son los titulares de mantener el monitoreo de nuestros cielos en materia de Defensa y Seguridad Nacional, pero como hemos apuntado en varias ocasiones, existen numerosas “áreas grises” y situaciones que lamentablemente no pueden ser monitoreados adecuadamente. De hecho, hasta hace apenas algunos años, buena parte del país no tenía cobertura radar para fines de Seguridad Nacional y/o de Defensa Aérea, siendo las áreas urbanas donde se concentraba buena parte del monitoreo. No fue sino hasta hace apenas diez años que importantes avances en la materia se emprendieron, y pudo dársele al país una mayor cobertura radar.

Sin embargo, por desgracia esto no es suficiente. Buena parte del sureste de México es monitoreada a través de radares secundarios o móviles, y la región occidental y norte del país no necesariamente tiene una adecuada cobertura. Urgente es, insisto, una muy necesaria inversión en materia de seguimiento aéreo, lo que implica fortalecer profundamente a nuestro SIVA, dotándolo de mayores recursos y tecnología. La carencia de ellos ha llevado a depender de las autoridades civiles para un monitoreo de nuestros cielos, lo cual en materia de Defensa es un contrasentido. De manera ordinaria, las Fuerzas Armadas deben apoyar a la aviación civil, no viceversa.

Por su parte, una correcta coordinación entre las diferentes autoridades (civiles y militares) en un sistema de vigilancia aérea integral y homogénea se traduce en un robusto mecanismo de vigilancia aeronáutica para la Seguridad Nacional. Este paso, lamentablemente, todavía no lo vemos en nuestro país. Y eso es irónico y hasta contradictorio, pues al reconocer que la nueva Agencia Federal de Aviación Civil de nuestro país se encuentra encabezada por un muy elevado número de jefes y generales de la Fuerza Aérea sería lógico y esperable que al momento viéramos avances significativos en materia de coordinación y control de nuestro espacio aéreo. Lamentablemente, no vemos esto sino todo lo contrario.

Apenas hace algunos días vimos la salida de altos funcionarios de la AFAC, supuestamente por conflictos personales. Qué tanto de estos rumores sean ciertos no debe ocuparnos. Pero que haya una rotación y sustitución de personal en una proporción tan elevada en un periodo tan corto de tiempo si debe preocuparnos. Más aún cuando a la fecha seguimos cada vez más distantes de recuperar la Categoría 1 de Seguridad Aérea. Como ya hemos señalado en este espacio, el motivo tal parece ser que no es prioridad de la administración federal. Obviamente el discurso oficial dice otra cosa, pero los hechos hablan por sí mismos.

Peor aún es ver como se ha desestimado profundamente la inversión en materia de Seguridad Aérea y de seguimiento y monitoreo aeronáutico. Seguimos con un exceso de áreas no vigiladas en su totalidad, y con limitaciones técnicas considerables. Mucho habla del profesionalismo, dedicación e ingenio del personal de la Fuerza Aérea Mexicana que pese las limitaciones y restricciones contextuales a las que se enfrentan diario encuentran medios para mantener una vigilancia de los cielos mexicanos. “Hacer mucho con poco”, tal pareciera que fuera la orden del día, y mucho habla del carácter, temple y capacidad del personal militar con vivos morados de dar cumplimiento a su misión a pesar de las limitaciones.

Pero la capacidad e ingenio tienen su límite. Urgente es recuperar como tema de atención prioritaria la inversión apropiada para modernizar las capacidades de gestión, monitoreo y vigilancia de nuestros cielos nacionales. Debemos aclarar: no nos referimos en este entorno al seguimiento del tráfico aéreo comercial ordinario, del cual las autoridades civiles son encargadas. Estamos refiriéndonos al monitoreo integral y total del espacio aéreo mexicano hasta los 100 km de altitud, el límite máximo de nuestra soberanía.

Iluso es pesar que tenemos una capacidad adecuada de monitoreo aéreo. Pero es todavía peor no reconocer la urgencia de hacerlo. Trágico es ver cómo buena parte de la discusión nacional gira en torno a la seguridad de nuestro territorio en términos terrestres, y de vez en cuando hablar de nuestra soberanía marítima cuando la coyuntura lo conviene. Dejamos de lado la Seguridad Aérea, o bien buscamos minimizarla o acotarla exclusivamente al ámbito comercial, y tan sólo de corto plazo. Esto es un error fundamental y debemos hacer algo para enmendarlo.

Lo primero es, sin lugar a dudas, reconocer la importancia que nuestros cielos tienen para el futuro del país. No debemos dejar de insistir en tres máximas que fijan la prioridad nacional para el porvenir: 1) quien controla los aires, controla la tierra, 2) la conexión global por excelencia en el siglo XXI es el entorno aéreo, y 3) el futuro se encuentra en las alturas. En torno al primero, difícilmente podemos decir que tenemos un “control” del espacio aéreo mexicano. Bueno, ni siquiera podemos hablar de una “supremacía” en términos pragmáticos. Podemos tener “soberanía”, pero como hemos señalado anteriormente, de nada nos sirve si no podemos ejercerla. Y para ello primero debemos tener la capacidad de vigilarla, y subsecuentemente de resguardarla y protegerla. Cuando podemos pasar de ese nivel y nos ampliemos al ámbito de la proyección, ya podremos hablar del “dominio aéreo”, máxima aspiración de los Estados contemporáneos.

En torno al segundo concepto, tal parece que a la actual administración eso no le importa. La falta de inversión, estímulos y de incentivos para ampliar nuestros intereses en el ámbito aeronáutico e internacional evidencia que claramente la prioridad es al interior y al pasado, no al futuro global. El resto de la comunidad internacional nos ha rebasado por mucho en materia aeronáutica en estos tres años, y pese al discurso oficial la evidencia es abrumadora de la falta de interés y visión estratégica internacional y de proyección global de nuestro país.

Finalmente tenemos el tercer punto: el futuro está en las alturas. No podemos seguir viendo a pasado, hacia abajo, hacia el pasado. Debemos reconocer el gran patrimonio que tenemos en las alturas, en los cielos mexicanos sobre tierra y sobre el mar. Ese es el espacio donde está el porvenir. Lo menos que podemos hacer es cuidarlo, y debemos empezar por su vigilancia.

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