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24/10/2021

Costos colaterales

José Medina Go… / Domingo, 10 Octubre 2021 - 22:05

En oportunidades anteriores en esta misma columna hemos presentado y reflexionado sobre el complejo entorno donde se encuentra el sector aeroespacial mexicano, y cómo las decisiones -conscientes e inconscientes- de la actual administración han complicado aún más la dinámica de nuestro sector. También hemos reflexionado sobre cómo la coyuntura global contemporánea ha afectado el futuro de la aeronáutica en el ámbito global, y cómo las vulnerabilidades del entorno han influido sobre la aviación del porvenir. 

Sin embargo, debemos recordar que nuestro sector -tanto por su naturaleza intrínseca, así como por sus tendencias prospectivas- no se encuentra aislado, sino que por el contrario es interdependiente con numerosos sectores de las actividades productivas nacionales y globales. Es así como nos encontramos en un contexto en el cual una decisión en un sector productivo distinto al propio puede tener profundas implicaciones para el desarrollo y dinámica de la aeronáutica global, y por tanto también nacional. Son estos factores que deben considerarse para dilucidar el porvenir de la industria aérea y espacial en años venideros. 

En el caso mexicano el entorno es relativamente directo, más no necesariamente sencillo. A partir de mediados del 2018 el entorno económico y social lo determinan principalmente la toma de decisiones políticas. Sin intención ni necesidad de profundizar o siquiera fijar un posicionamiento en torno a la toma de decisiones políticas del país en los últimos tres años, sobra decir que por lo general se encuentran dictadas de carácter unipersonal, y su ejecución gira en torno a un puñado de disposiciones emitidas por un muy reducido número de funcionarios bajo directivas superiores. 

Como hemos apuntado anteriormente, cuando estas decisiones y determinaciones se emiten e implementan sin una plena visión prospectiva del entorno de carácter integral, o bien si una visión estratégica clara y acorde al contexto global del siglo XXI, los resultados tienden a ser menos que eficientes. El primer efecto es que se crean asimetrías frente al entorno global, o bien se emprenden actividades descontextualizadas que tienden a tener costos superiores a los rendimientos posibles. Es ahí donde se encuentra México, y en el ámbito de la aviación es particularmente relevante, aunque será notorio muy posiblemente en años venideros.

En primer lugar, nos encontramos frente a un alza considerable en los precios de los combustibles para la aviación. Derivado de un cambio de dirección en la producción energética global en años venideros, así como de su visión prospectiva y orientación para las siguientes décadas, la producción de combustibles en base a hidrocarburos se verá reducida considerablemente en los próximos años, lo que incrementará el precio de los mismos. Esto ha llevado a que cuantiosas industrias (entre ellas la aviación) se encuentren en un proceso de desarrollo, implementación, gestión y administración tecnológica para ser más eficientes en el consumo de los hidrocarburos y sus derivados, así como en la prospectiva de generar tecnologías sustitutas a estos insumos. En los próximos años veremos un avance considerable en esta materia, y se prevén innovaciones verdaderamente revolucionarias para el sector.

Con tales miras, a nivel global han comenzado los preparativos no sólo para emplear estas tecnologías y aproximaciones, sino también para desarrollar tecnologías complementarias a este nuevo paradigma global. Europa, Medio Oriente, Asia-Pacífico y Norteamérica se encuentran ya en fases de planeación prospectiva para esta nueva etapa, que supone una derrama económica muy considerable, acorde cualquier cambio radical de tecnología. La aviación, en consecuencia, se encuentra a pocos años de un cambio paradigmático y revolucionario verdaderamente trascendente. 

En el ámbito espacial también estamos al borde de avances considerables. Pese a la difícil situación que se vivió en el 2020 con la pandemia global, importantes avances tecnológicos se encuentran en puerta, empezando por una nueva generación de vehículos y módulos espaciales, así como planeación para la explotación de recursos extra atmosféricos. Si al lector le parece como “ciencia ficción” le invito cordialmente a revisar las publicaciones especializadas en estos temas a nivel internacional, en donde encontrará que prácticamente todos estos medios nos hablan de grandes avances potenciales en el porvenir que se encuentran en desarrollo, y que buena parte del sector aeroespacial en el mundo toma como una realidad casi certera con metas puntuales para el 2030. Es decir, para el resto del mundo es “ciencia realidad”.

¿Cómo explicamos entonces que en nuestro país lo percibamos como algo virtualmente imposible, cuando para el mundo es una certidumbre? Una posible explicación sin duda podría ser por que la visión nacional del sector privado esta fija en el corto plazo en el mejor de los casos, y para el sector gubernamental esta en el presente o en el pasado. Mientras que el mundo apuesta al porvenir, tal parece aquí seguimos anclados al ayer, con una visión que busca regresarnos algunas décadas con respecto al avance global.

Este tipo de decisiones transmite un mensaje poco favorable al entorno internacional. Por un lado, denota que existe un poco potencial de competitividad en México, y que un amplio sector del mercado venidero en materia aeronáutica y espacial no podrá ser atendido por actores mexicanos. Aquí es importante señalar una acotación: esto no quiere decir que el sector aeroespacial mexicano no va a crecer o se va a contraer, sino que no se encontrará en condiciones tan competitivas como otros actores internacionales, y esto implicará que de manera relativa y proporcional se reducirá respecto a otros actores internacionales que ocupen el mercado que no se atiende a nivel nacional. Ya estamos viendo los primeros efectos, pues al encontrarnos en Categoría 2 de Supervisión de las Autoridades a la Aviación, muchas rutas y vuelos comerciales son tomados por empresas extranjeras, al estar impedidas las nacionales para ello. 

La semana pasada amplia difusión se le dio a la iniciativa presidencial para una nueva ley en materia de electricidad. Muchos especialistas nacionales e internacionales apuntaron cómo esta sería un retroceso considerable para la producción energética nacional, y los severos costos que implica. De entrada, de acuerdo con los especialistas, podría generar una crisis de finanzas públicas y de suministro de electricidad a nivel nacional. Esto es particularmente importante para todos los sectores productivos del país, y entre ellos está la aviación.

Es así como la toma de decisiones en otros sectores puede afectarnos de manera indirecta. Son costos colaterales que tenemos que asumir; y entender que, debido a la interconexión de todos los sectores productivos de un país, así como del resto del mundo, las decisiones de políticas públicas pueden tener un costo extremadamente elevado en otros entornos vinculados. Implica tener una “visión estratégica integral”, no una mirada de corto plazo para atender intereses políticos pasajeros. Ahí es donde esta el reto de la aviación mexicana del provenir, en la acertada toma de decisiones que parecen desvinculadas, pero realmente trascienden de manera muy considerable.

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