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26/10/2021

La aerolínea que será y la que nunca será

José Medina Go… / Domingo, 5 Septiembre 2021 - 20:14

En entregas anteriores hemos comentado en este espacio que desde hace meses se ha gestado un proyecto por parte de la administración federal en curso para crear una “aerolínea del Estado”, o bueno, al menos del gobierno. Estos planteamientos en donde la autoridad nacional crea empresas propiedad de la nación o bien con un fuerte respaldo gubernamental, en donde sus engendros se convierten en estandartes oficiales para fines mediáticos, propagandísticos y de comunicación política y social son anacronismos del pasado distante.

Estas acciones en un mundo regido desde hace décadas por la libre empresa, la competencia entre particulares dentro de marcos normativos estandarizados, y ajustes derivados del mercado promovidos principalmente por los consumidores, y donde el papel del Estado es meramente de supervisión normativa y de arbitraje operacional, son vistas ya como meras medidas populistas obsoletas, relegadas a modelos de gestión y desarrollo superados y rebasados, y herencia de experimentos fallidos a la luz y postre de la historia. La última década del siglo pasado evidenció más allá de la duda razonable que el modelo de respaldo estatal a las acciones comerciales en un marco de competitividad abierta internacional tiene sus serias limitaciones, y que la estatización corporativa es una receta para el fracaso.

Desde entonces el mundo entero ha migrado de estos planteamientos, y más allá que seguir una lógica política-ideológica se ha concentrado en una aplicación pragmática-lógica. Ese modelo simplemente no funciona, y aun que en el corto plazo aparentemente ofrezca beneficios a mediano plazo es difícil que sobreviva, y en el largo plazo sólo ofrece un desenlace catastrófico y con costos espectacularmente altos. Por desgracia, ese es el rumbo que ha emprendido la actual administración nacional, que haciendo gala de su insuperable y ofuscada oclusión prospectiva, y su férrea adhesión a principios que no superan la primera prueba ni contraste con la realidad, ha decidido seguir en esa trayectoria. En esta ocasión, incursionando en uno de los ámbitos más competitivos y complejos comercialmente hablando en la historia universal: la aviación.

En su momento el planteamiento parecía un sinsentido (hasta cierto punto, todavía lo es) y de hecho pocos analistas lo tomaron en serio. Desde hace meses se identificó que muy difícilmente las aerolíneas comerciales mexicanas y extranjeras harían uso del Aeropuerto Felipe Ángeles (Santa Lucía) y que el proyecto estaba destinado a ser un fracaso, totalmente inviable en el mediano y largo plazo. Comercial y estratégicamente no tiene mucho futuro, y eso lo hemos comentado en ya incontables ocasiones en este y otros espacios. El argumento no es “que no se pueda hacer”, es que había otras alternativas más rentables, eficientes, lógicas y trascendentes. Ante este escenario, muchos actores aeronáuticos simplemente no le ven sentido a operar en el AIFA, y en razón de su baja conectividad con la Ciudad de México, menos sentido tiene planear operaciones trascendentes en esta futura instalación. La palabra operativa aquí es “trascendentes”, no solo ocasionales, coyunturales y temporales para adecuarse al entorno, momento y conveniencia contextual.

Es así como esta “magna obra” estaría destinada a la ignominia; a menos que fuera la base de operaciones de una “aerolínea nueva”. Este proyecto inicialmente se manifestó como un “rescate” a Mexicana de Aviación, lo cual como hemos comentado, es un absurdo total. No se puede rescatar algo que se perdió hace una década, ni es una verdadera solución a la injusticia que se le aplicó a sus trabajadores. No tiene valor como marca (a menos que lo veamos con valor histórico) y recuperarla es revivir un cadáver sepulto hace años. Por lo tanto, desde hace algunos días se ha manejado otra versión: será una aerolínea que siga los principios rectores de la ideología de la presente administración, es decir, bajo el término de “bienestar”. Lo que sea que eso signifique, claro está, ya que esta denominación en la presente administración se caracteriza por su ambigüedad, su amorfismo y su falta de precisión definitoria.

Qué nombre tendrá a final de cuentas el proyecto es cuestionable; pero lo que no lo es, es el hecho que desde hace al menos diez meses se ha integrado un conjunto de inversionistas privados (mayoritariamente afines al gobierno actual) que buscan contribuir financieramente a lanzar esta aerolínea en los próximos meses, si no es que semanas. Considerando -por criterios no definidos- que la coyuntura político-social del país es apropiada para su lanzamiento, un conjunto de actores gubernamentales y privados afines consideran que se publicite el proyecto antes de que concluya este año, y que para la inauguración programada del AIFA esta aerolínea doméstica pueda hacer de este oasis entre Zumpango y Tecámac su base de operaciones e inaugure la obra con vuelos nacionales.

De acuerdo a varias fuentes de información públicas y privadas, el objetivo de esta aerolínea sería para transporte de pasajeros domésticos y para turismo nacional a precios accesibles. Exactamente cómo van a lograr esto es todavía una interrogante, pues no se ha hecho público el plan de negocio. Sin embargo, podemos anticipar que seguirá la dinámica de otros proyectos con el mismo argumento de fondo emprendido por el gobierno actual. Y eso nos dice que realmente no tiene mucho respaldo ni sustento. Más allá del capital privado y la anuencia y apoyo gubernamental, no se anticipa que haya mucho atrás. Y esto tiene sentido, pues su función sería dar sustento operacional al Felpe Ángeles, que hasta el momento sólo ha sido titular de escándalos mediáticos, de posibles malos manejos, y como una meta inamovible de la presidencia de la República.

Sólo el tiempo dirá que pasará, pero el pronóstico es claro. Quedan pocas dudas del lanzamiento de esta aerolínea, y que será autorizada por esta administración en fast track. Sin duda habrá fuentes de empleo, y posiblemente algunos ex trabajadores de Mexicana de Aviación encontrarán un salario en esta nueva entidad. Sin duda, si esto se consolida, volarán sus aviones, y el AIFA, inicialmente tendrá operación. Pero ¿y en cinco años? ¿y en diez? ¿y en quince años?

Le puedo hacer un pronóstico sustentado, mismo que espero esté equivocado: será un “aeropuerto” con muy poco uso, muy poco rentable, limitado, acotado, sin posibilidad de prospectiva, intrascendente. Será juzgado en retrospectiva como un fracaso por su carencia de visión, y un derroche del erario público como no se ha visto en la historia nacional. Será la evidencia de la sinrazón, de la obtusa cerrazón, y de una visión al interior del país y a un pasado superado. Pero, dirán quienes ahora respaldan este proyecto, en su momento parecía una buena idea.

Estas explicaciones a posteriori ya las vimos en el siglo pasado, la evidencia es contundente. Sin duda quienes defienden este proyecto y sus subsecuentes seguirán la vía de la descalificación, del demérito, del insulto y de la denostación. Sería bueno que en su lugar comenzaran argumentando con razones y sustentos discursivos sólidos. Empezar con la presentación del plan de negocios de esta aerolínea para los próximos diez años y que demuestren su viabilidad sería un muy buen primer paso.

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