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09/12/2021

Los futuros tres años

José Medina Go… / Domingo, 6 Junio 2021 - 21:59

El día de ayer llevamos a cabo uno de los procesos definitorios más importantes para la vida nacional en décadas. La elección intermedia de la presente administración federal sin duda será un elemento trascendente para el futuro del país, y sus implicaciones repercutirán profundamente en la vida de todos los mexicanos. Al momento de la elaboración de la presente columna semanal todavía no existen resultados definitivos de este proceso, y su desenlace en lo general no es objeto ni sujeto de este espacio especializado en temas aeronáuticos. Sin embargo, independientemente del resultado del multi controvertido y pluri referido proceso electoral en México, el Estado Mexicano tiene un gran camino que avanzar en los próximos tres años que le quedan a la administración federal en prácticamente todos los aspectos de la vida nacional, y en nuestro caso en particular en materia aeronáutica y aeroespacial.

Invoco nuevamente la aparente lejana memoria de la descalificación de Categoría 1 a 2 de la aviación nacional como resultado de la auditoría de la FAA. Aunque hubo quienes trataron infructuosamente de minimizar esta situación, las repercusiones a aviación nacional no se han hecho esperar, y los indicadores claramente los vemos en la paulatina descapitalización de las aerolíneas nacionales, los señalamientos de preocupación de las mismas, y la contracción de las expectativas de crecimiento y recuperación de éstas ante el nuevo escenario producto de la determinación de la autoridad estadounidense.

Sin embargo, también debemos aclarar que esta descalificación, aunque representó un duro golpe para todo el sector aeronáutico nacional, en el fondo fue una calificación negativa a las autoridades nacionales en la materia. Realmente fue a ellas a quien esta evaluación tuvo como objeto, y los comentarios de la FAA en razón del cumplimiento de las normas de la OACI giran en torno de la ineficiente gestión pública en la materia. No busquemos excusas o justificaciones, las causas y motivos de las severas críticas de la autoridad internacional se venían anunciando desde hace meses, e imposible es tratar de justificar una descalificación así sustentada argumentando que la culpa es de otros. La reducción a la Categoría 2 se refiere principalmente a la inadecuada gestión pública en la materia y en la falta de presencia competente de quienes encabezan las instituciones rectoras en el país en estos temas.

El primer paso para enmendar camino es reconocer la situación en la que se encuentra. Una vez aclarado esto, y sin intención de seguir profundizando en las implicaciones para el sector, debemos preguntarnos ¿qué debemos hacer para enmendar esta situación? La respuesta es dolorosamente sencilla, aunque no es simple; y requiere de una gran madurez y posición de altura de nuestras autoridades. Ya no podemos seguir con visiones limitadas, acotadas o con pequeñeces de comportamiento justificando un discurso vacío. Se requiere de una intensa cooperación, intercambio y genuina apertura para la colaboración entre el sector público y privado, entre los funcionarios y los especialistas, y entre los tomadores de decisión y los críticos sustentados.

Esta administración federal se ha caracterizado por ser notoriamente obtusa ante las críticas, particularmente hostil contra quienes poseen una opinión diferente, marcadamente agresivos contra quienes no apoyan totalmente sus posturas, innecesariamente descalificadores frente a los especialistas que les contradicen, e irreflexivamente denigrantes frente a quienes perciben como opositores. Esto tiene que cambiar. Debe de haber una apertura tolerante, respetuosa, inclusiva y genuina al sector privado, a los especialistas, a los críticos, a los opinantes. Si no por que se acepte su valor intrínseco, al menos para recibir otros puntos de vista, y en su caso, identificar algo que pudiera ser de utilidad. 

Este ejercicio de humildad y de apertura de las autoridades en la materia es tal vez uno de los obstáculos más difíciles de vencer, y posiblemente uno de los más importantes para enmendar el rumbo para recuperar la imagen internacional tan demacrada de la aviación nacional. Indudable e incuestionablemente: México posee grandes y notorios especialistas en materia aeronáutica y aeroespacial, sólo hace falta hacer uso de ellos. El tener tanto capital humano potencial es útil siempre y cuando haya la apertura y la voluntad de hacer caso y de no cerrarse irreflexivamente a otras posturas. Esa es la clave de emplear a especialistas. Este sería un paso importante, que las autoridades de manera humilde, pragmática, sencilla, se abrieran a recibir el aporte de los especialistas aeronáuticos mexicanos, aunque esto implique contradecir en fondo y esencia la dirección en que la Administración Pública Federal se ha encaminado en los últimos tres años.

El siguiente paso es aún más complicado: tras reconocer el aporte informado y sustentado de aquellos especialistas, elaborar un proceso de Planeación Estratégica Integral para enmendar el camino, principalmente orientado a tomar las acciones necesarias para regresar a la Categoría 1 lo antes posible. Este proceso debe ser pragmático, informado, objetivo y transparente. No puede conducirse a través de paradigmas ideológicos tendenciosos, de discursos públicos o filias/fobias personales. Debe ser un programa comprensivo elaborado por profesionales, con el respaldo total para llevarlo a cabo de una manera directa y eficiente.

El siguiente paso es crítico. Debe llevarse a la práctica este Plan Estratégico, y de manera acotada y responsable implementarse, pese a que contradiga en su forma el discurso hasta ahora exhibido. Se trata de una labor técnica, profesional, objetiva. No hay cabida para espacios grises, negociables, o tendenciosos. Debe ser implementado con estricto apego a un plan eficiente, con conocimiento y sustento técnico profundo y con fines y metas claras y alcanzables. Para ello se requiere la participación integral no sólo de las autoridades y las aerolíneas nacionales, sino también de múltiples sectores de la sociedad civil, y de otros ramos productivos. Estamos hablando de un esfuerzo nacional integral para fortalecer la aeronáutica nacional, no de un plan sectorial inherentemente limitado por su propia concepción. 

Evidentemente el camino es sencillo, pero complejo. De hecho, no se esta proponiendo nada nuevo, ilógico, ni siquiera novedoso. Es algo bastante racional, y aunque sintetizado para fines de exposición en este espacio, es difícilmente controvertible. Sin embargo, falta un ingrediente esencial sin el cual muy poco se puede hacer: voluntad. En primer lugar, de las autoridades -tal vez lo más difícil de lograr, ya que han demostrado una profunda tendencia en la dirección opuesta- las cuales deben encabezar este esfuerzo. Pero de manera secundaria y no negociable está la voluntad del sector privado. Sin éste, componente poco se puede lograr. 

El gran obstáculo a superar es la desconfianza ante las autoridades tras todo lo que hemos visto y vivido en tres años. En este periodo se ha minado profundamente la confianza en las autoridades nacionales en nuestro sector y en prácticamente todos los aspectos de la vida pública nacional. Es difícil emprender un proceso complejo si no hay confianza, y no se puede conseguir ésta si no hay claridad y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Ese es, a final de cuentas, el mayor de los retos: voluntad común, confianza mutua, coherencia integral, competencia y transparencia. No hay más camino, veremos si se puede consolidar en los siguientes tres años. 

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