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15/04/2021

El segundo de dos años perdidos

José Medina Go… / Domingo, 6 Diciembre 2020 - 20:41

En repetidas ocasiones hemos apuntado en este espacio la intensa interconexión que existe de la industria aeronáutica y aeroespacial con la vivencia cotidiana de un Estado, en nuestro caso México. Todo se encuentra vinculado, y aunque algunas voces mal informadas exijan y procuren discriminar entre temas, separar entre discusiones, y separar los temas “cómodos” (que ya son pocos) y los “incómodos” (que ya son muchos), lo anterior no sólo es imposible sino improcedente: vivimos en un sociedad moderna, interconectada, dinámica y en vías de rápida gestión.

Los hechos -no las palabras- nos indican que la actual administración federal mexicana quiere exactamente lo contrario. Tal pareciera que sus titulares se sienten más cómodos en una férrea pero incompleta y sesgada percepción de la realidad de hace cuarenta años y no en los albores de la tercera década del siglo XXI. Errado es este contexto, por que no sólo creen el país se puede mover como ellos percibían de manera idealizada la realidad de hace décadas, sino que no pueden -y aparentemente tampoco quieren-dimensionar el porvenir; la evidencia pública sugiere que simplemente son incapaces de tener visión prospectiva, estrategia o trascendencia. Es mejor regresar a una lógica idealizada de algo que nunca fue a enfrentar la realidad que es y un mañana que vendrá pase lo que pase.

A un pequeño, pero vocal e ignominioso, grupo de personas estas líneas les resultan asonantes y ofensivas. Más que reconocer que el esfuerzo reflexivo es descriptivo asumen el mismo como una confrontación discursiva donde desde la distancia virtual profesan improperios y críticas sin sustento de todo aquello que no resuena con las palabras de apoyo absoluto, incondicional y ciego a su liderazgo ideológico-político y rayando en lo psico-social. Sin embargo, la evidencia descriptiva es amplia, incuestionable, incambiable. Nada más le gustaría al suscribiente que lo que profesan esas voces que buscan demeritar con improperios estos señalamientos fueran ciertas; pero la realidad es ineludible y no responde a demagogia ni se intimida por descalificaciones. México, sin duda alguna, esta concluyendo el segundo de dos años totalmente perdidos, y cuyos daños tendremos que sufrir como sociedad por décadas.

Este periodo se debe a una causa generalizada: la toma de decisiones imprudente, irreflexivas, ilógicas, sin sustento, con ignorancia prominente y con un desprecio a todo lo que consideran “oposición”. El tema es muy amplio, y no compete a este espacio profundizar en ello. De entrada, no acabamos en el corto espacio que tenemos. Quedémonos únicamente en el entorno aeronáutico y aeroespacial, bajo la consigna analítica que estos dos contextos se vinculan a la realidad nacional más amplia.

Desde la cancelación del NAIM (devastadora decisión irreflexiva) y el proyecto de Santa Lucía (Felipe Ángeles) sabíamos las cosas no estaban bien. El esfuerzo que por décadas se había realizado en México para elevar la situación y condición de nuestra aeronáutica nacional en materia comercial se desplomó por decisiones totalmente carentes de sentido. Claro, se acusaba “corrupción”, y sin duda la había; pero a la fecha la administración federal no la ha probado, ni hay un solo procesado administrativa o penalmente por las “tranzas” del NAIM. Solo palabras, cero pruebas contundentes.

Se genera el proyecto Felpe Ángeles, y a la fecha las denuncias (estas si, documentadas y referidas a la autoridad competente) son rampantes e innegables. Que poca difusión se les dé, o que las autoridades no procedan, es otro tema. Más de los mismo. Ahora bien, este “aeropuerto” esta avanzando en su construcción a pasos agigantado, es cierto. Pero sin los adecuados estudios, planeación y desarrollo. Sin respetar normas, leyes y reglamentos. Pasándole encima a cualquiera que se les oponga (la Fuerza Aérea y el personal militar no cuenta en esta aseveración, su consignación y disciplina es admirable para adecuarse a estos cambios), violentando derechos ajenos y saltándose los trámites obligatorios para dar cumplimiento en tiempo y forma a un proyecto que en la vida real pocas aerolíneas van a usar. Esto no es vaticinio de mal augurio, solo refleja lo que ya numerosas compañías aeronáuticas han indicado.

Las aerovías nacionales han caído en profunda crisis. No sólo los esfuerzos de las autoridades por “rediseñarlas” han resultado en un total desastre, sino también debemos considerar las avanzadas federales por desmantelar sindicatos de controladores de vuelo, personal de mantenimiento, servicios auxiliares a la navegación aérea, y otros rubros vinculados. ¿Por qué hacer esto? Por desmantelar lo que se tiene, por ahorros draconianos, por recortes mal entendidos, y por genuina incompetencia (nuevamente, término descriptivo, no calificativo, aclaro). Recortar estos servicios es en el largo plazo una tendencia suicida.

El 2020 se caracterizó por el COVID-19, y ciertamente impactó brutalmente en la industria aeronáutica. A nivel global veremos sus efectos por años. En México, por décadas. ¿Por qué? Por que mientras que en otros países los gobiernos dieron estímulos y apoyos al sector aeronáutico comercial para amortiguar el golpe de la pandemia, aquí se les dejó morir solos y a su suerte. Empresas quebradas, contratos incumplidos, operaciones colapsadas. Pero eso sí: no podía haber incumplimiento de impuestos, cuotas y pagos programados so pena de mayores multas y retribuciones negativas. No sólo no se apoyó a nuestra industria, se le estranguló.

Mientras que otros países han dado firmes pasos orientados a la recuperación aeronáutica, en México seguimos en una actitud pasiva. Aclaro y empero: actitud, no palabras vacías cargadas de demagogia. ¿Cuántos empleos y oportunidades se han perdido en nuestro sector en este año? Incontables. ¿Todo es culpa del COVID-19? Terminantemente no. Sin duda ha sido un factor catalizador, pero no determinante. La no-acción gubernamental, la pasividad y la parálisis operativa, y la burocracia centralista, acrítica e inanimada si lo son.

Podríamos seguir, pero se acaba el espacio. Sin duda estas líneas generarán crítica irreflexiva, pues tal parece ser la marca de los tiempos. Sin embargo, dejo al lector como siempre la reflexión, el análisis y la conclusión. La evidencia esta a la vista. No debemos dejar que la experiencia agobiante y reptiliana de estos últimos meses nos nuble la vista y nos dé una ceguera cognitiva permanente. Más que demagogia, discursos, acusaciones y descalificaciones provenientes desde la seguridad relativa del poder y la autoridad, veamos la realidad por lo que es: 2020 es el segundo de dos años perdidos de México.

¿Qué hacer ante este escenario? Difícil pregunta, pero sencilla respuesta. Empecemos por no negar la realidad, y después hagamos algo por cambiar nuestro entorno. No caigamos en el error de volver a creer en la demagogia, al menos no en materia de aviación. Este es un entorno técnico, lógico, progresivo. Comportémonos al nivel de nuestro entorno, y actuemos con visión del porvenir, no del ayer.

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