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22/11/2019

En los cielos no hay retirada

José Medina Go… / Domingo, 28 Julio 2019 - 21:15

Una de las grandes máximas de la doctrina militar aérea, ya sea para fines defensivos u ofensivos, es que no existe la retirada. De hecho, si revisamos los antecedentes y ejercicio de cualquier nación contemporánea que posea un Poder Aéreo moderno y adecuado a su contexto simplemente no encontraremos dicho planteamiento. Las razones son obvias si vemos el espacio de operaciones de Defensa Nacional en operaciones bélicas y diferentes a la guerra: en el entorno aéreo no hay donde ocultarse, no hay donde retroceder, y la única alternativa está en prevalecer o bajar a tierra (no necesariamente aterrizando voluntariamente, cabe aclarar). En otras palabras en materia de Doctrina de Defensa y Combate Aéreo –el referente global en materia del Poder Aéreo y por consecuencia de Poder Nacional- hay dos opciones: vencer o perderlo todo.

Este planteamiento nos lleva a una profunda reflexión nacional y global, la cual encierra la clave para discernir el porvenir predecible y esperable de la sociedad internacional a la cual pertenece México. Es para estas alturas de este espacio una afirmación reiterativa e ineludible que el futuro del Poder Nacional de los Estados se encuentra profundamente vinculado a su desarrollo y proyección aérea, incorporado en el término Poder Aéreo en virtud de que incorpora capacidades civiles, militares, aéreas, aeroespaciales, terrestres, logísticas, de infraestructura, tecnológicas, educativas, doctrinarias y prospectivas para la proyección del Poder Nacional por los cielos que integran nuestro planeta en un conjunto continuo y mutuamente vinculante. 

Por consecuencia lógica, un buen indicador del desarrollo presente y potencial prospectivo del Poder y el Desarrollo Nacional es ver cómo se concibe y ejerce su Poder Aéreo. Reiterando que es fundamental contar con una doctrina firmemente arraigada en los principios conceptuales y operacionales que le otorguen dinamismo y prospectiva al ejercicio integral del Estado en esta y en cualquier materia estratégica, el Poder Aéreo de México debe fundamentarse en una visión de vanguardia, con miras al futuro, y siempre a un horizonte que se precipita hacia nosotros constantemente en este vuelo al futuro nacional e internacional.

En este esquema es prioritario e imperativo tengamos claro que en materia de Desarrollo y Poder Aéreo no podemos –ni debemos- retroceder. De hecho, siquiera plantear este escenario en términos doctrinarios es una locura, ya que implica perder capacidades y espacios frente a otros actores, por lo tanto perderíamos capacidades de respuesta y control del espacio y entorno aéreo, y por tanto se verían afectados nuestros intereses estratégicos.

Por su parte, es importante aclarar que el avance en entorno aéreo no sólo es por el desarrollo de nuevas capacidades y ámbitos, sino también por la inercia que posee el sector nacional especializado. Es decir, la aceleración relativa del avance en un sector depende de qué tanto impulso tenga el mismo en el momento que se gestione una proyección adicional que le dé un impulso al crecimiento. Esto nos lleva a la conclusión de que en caso de que falte este “empuje específico” por falta de estímulos por una causa u otra, aunque haya un “avance relativo” el mismo se debe a la inercia del sector, y al ser limitado otros Estados pueden avanzar mucho más rápido en entornos nuevos y pre-existentes. Lo anterior se traduce en un “retroceso relativo”, que es igual a la proverbial “retirada doctrinaria”.

Esta reflexión es importante tenerla clara al momento de evaluar y considerar el desarrollo de México en esta importante materia. Reiterativo, improcedente y hasta empecinado sería el hablar sobre los grandes obstáculos que enfrenta nuestro país y nuestro sector con las determinaciones de la actual administración federal. Invocar el caso de Santa Lucía y Texcoco es retar a una migraña cognitiva sin fin ni sentido, y tratar de justificar el planteamiento oficial para este aberrante “proyecto” es camino seguro a una hemipléjica frustración reflexiva. El sólo ver cómo se ha dado este tema en las últimas semanas, donde los amparos se ignoran y se generan estudios medioambientales y de viabilidad financiera y técnica “al vapor” (y estamos siendo generosos en el planteamiento) nos remite a distinguir una tendencia a aferrarse a un sin-sentido y a una visión del pasado, sin contexto, sentido ni futuro. 

A las pruebas nos remitiremos, pues este proceso augura un innegable “retroceso relativo” al que ya hicimos mención, y una “retirada” en el desarrollo aeronáutico nacional. Estas determinaciones oficiales ocurren por la conjunción de dos factores, a saber: un planteamiento hecho desde “tierra” y no desde una visión aérea integral, y la falta de una Doctrina Aérea Nacional. Lo que en este texto se plantea no es nuevo, ni estamos dilucidando una verdad oculta en la secrecía. Son reflexiones ineludibles que parten de un principio de Descubrimiento Inevitable, es decir que tarde que temprano nos daríamos cuenta.

Es entonces momento no de corregir el pasado –inútil empresa que resultaría- pero si tratar de enmendar el futuro. Es imperativo desarrollemos una postura y visión crítica y objetiva del porvenir, y generemos una doctrina aérea que sea acorde a la prospectiva de México en el siglo XXI. Este esfuerzo debe ser una labor de Estado, es decir que sea integral entre el gobierno y sus instituciones, y la sociedad y sus organizaciones. Ante una coyuntura donde aparentemente los primeros no están a la altura del reto que tiene México frente de sí, es entonces fundamental que la sociedad civil, al sector académico y empresarial, y la población en general inviertan los esfuerzos cognitivos y prospectivos necesarios para gestionar una Visión Doctrinaria Aérea, que en su momento las autoridades del Estado conviertan en Doctrina Aérea Nacional.

Ese es el gran reto que nos aguarda, ese es el horizonte donde se encuentra saliendo el sol y el esa es la meta que perseguimos, a sabiendas que nunca llegaremos a ese final y solo podremos ir en espiral ascendente si queremos progresar. Esa es la invitación de esta semana, a mirar al futuro y no al pasado, y a darnos cuenta que como Estado nos encontramos en un eterno “combate aéreo” con otros Estados, y en este caso no hay retirada. Solo volar alto y vencer; o retroceder y ser derribados. ¿Qué queremos entonces?

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