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04/04/2025

Drones en el cielo de los aviones: el desafío de volar juntos

Luis Salazar Brehm / Jueves, 3 Abril 2025 - 01:00

 

¿Te imaginas un cielo donde drones y aviones comerciales comparten la misma autopista aérea sin chocar ni estorbarse? No estamos hablando de ciencia ficción: es un futuro que ya se está escribiendo, vuelo a vuelo, sensor a sensor, norma a norma. La integración de aeronaves no tripuladas en el espacio aéreo controlado —el mismo por donde vuelan los aviones que tomamos para viajar— está transformando las reglas del juego en la aviación.

El cielo no es el límite, pero sí un rompecabezas

Incorporar drones en este entorno no es tan simple como pedir permiso para despegar. Los drones, por naturaleza, operan de forma diferente a los aviones tripulados: no tienen piloto a bordo, vuelan a velocidades distintas y, muchas veces, no son visibles para los radares tradicionales. ¿Cómo garantizar que un dron no se cruce por accidente con un Airbus que va en aproximación a un aeropuerto?

Una de las claves está en dotar a los UAS (sistemas de aeronaves no tripuladas) de “ojos electrónicos” capaces de ver y evitar obstáculos como lo haría un piloto humano. Sensores, cámaras, radares en miniatura y algoritmos de inteligencia artificial se están convirtiendo en la nueva cabina de mando digital. Pero no basta con ver: también hay que comunicarse, y aquí aparece otro reto.

Muchos drones pequeños no llevan transpondedores ADS-B, esos dispositivos que permiten a los controladores aéreos ver en pantalla dónde está cada aeronave. Si pierden el enlace de control —algo que puede pasar por interferencias o fallos técnicos— pueden convertirse en un verdadero riesgo flotante.

Rediseñando el tráfico aéreo desde cero

El control del espacio aéreo fue diseñado durante décadas para aviones tripulados. Integrar drones significa repensar procedimientos, reglas, tecnología… y también mentalidades. La NASA, junto con la FAA, desarrolló el sistema UTM (UAS Traffic Management), que permite coordinar vuelos de drones a baja altura y más allá de la vista del operador sin saturar a los controladores humanos.

Estas pruebas son más que ensayos técnicos: son ensayos del futuro. Lo mismo sucede con iniciativas como LAANC, un sistema automatizado que ya permite solicitar y recibir autorización para volar drones cerca de aeropuertos. Y desde 2023, la Identificación Remota (Remote ID) es obligatoria en Estados Unidos: cada dron debe emitir en tiempo real su posición e identificación, como una matrícula aérea digital.

Cuando un dron vuela como un avión

Una de las demostraciones más impresionantes de este avance fue el vuelo del Ikhana, un dron de gran tamaño operado por la NASA. En 2018, cruzó el espacio aéreo civil a 20,000 pies sin necesidad de un avión escolta. ¿Cómo lo logró? Gracias a sensores detecta-y-evita, un plan de vuelo aprobado y una coordinación impecable con el sistema de tráfico aéreo. Fue como ver a un robot integrarse con los humanos sin que nadie notara la diferencia.

Este vuelo fue más que una hazaña técnica. Fue una declaración: con la tecnología adecuada, drones grandes pueden compartir el cielo con aviones comerciales de forma segura y ordenada.

Un cielo compartido, una visión compartida

La integración de drones en el espacio aéreo controlado no solo es un reto tecnológico, también es una transformación cultural y operativa. Requiere que ingenieros, pilotos, autoridades y usuarios hablen el mismo idioma —o al menos, el mismo protocolo aéreo.

La meta es ambiciosa: un cielo unificado donde drones de reparto, aeronaves de inspección y jets de pasajeros convivan como si siempre hubieran estado ahí juntos. Un cielo donde la automatización y la tradición se den la mano para crear un sistema más eficiente, seguro e inclusivo.

¿Y tú, qué opinas?

¿Te gustaría ver drones entregando paquetes desde el cielo o inspeccionando infraestructuras sin interrumpir el tráfico aéreo convencional? ¿Te genera confianza esta integración? Queremos leerte. Comparte tus comentarios o preguntas y sigamos explorando juntos este fascinante mundo donde lo no tripulado ya no es sinónimo de futuro, sino de presente.

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