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21/09/2020

Semana 1: ¿avances o retrocesos?

José Medina Go… / Domingo, 7 Junio 2020 - 20:26

Justo acabamos de terminar la primera semana de lo que las autoridades federales llaman “La Nueva Normalidad”. Más allá de vacíos discursos repetitivos la predicción de hace apenas una semana lamentablemente se cumplió: la única “nueva normalidad” que vivimos es una continuación -por no decir un incremento desproporcionado- de la pandemia de COVID-19 que nos aqueja. La realidad es inocultable; y los errores, falacias y desinformación deliberada de aquellos nombrados como titulares para encabezar el esfuerzo nacional contra esta epidemia en México han quedado más que claros y manifiestos. Parece ya una sátira cómica el cómo esos mismos actores que se invistieron de total y absoluta autoridad en el tema -al punto de desdeñar, minimizar y despreciar a aquellos que percibían no tenía su mismo nivel de preparación o especialización en temas sanitarios- se retractan y contradicen sus propias declaraciones en cuestión de horas.

Como hemos repetido en ya incontables ocasiones en esta columna, esto es muy mala señal. Esto habla de “autoridades” sin verdadera autoridad, de “especialistas” casi improvisados, de una extremadamente pobre seriedad profesional, y de “servidores públicos” que públicamente autodemuestran que no sirven. El mensaje a la ciudadanía es terrible; pero a los actores internacionales de los cuales somos interdependientes es aún peor. Se demuestra que la titularidad del Estado Mexicano y sus instituciones son de contradicciones autogeneradas, de una irresponsabilidad que raya en lo criminal y de (aparente) incompetencia coyuntural. Malos mensajes, malas señales. Pero no hay peor ciego que quien no quiere ver.

Caso en cuestión (otra vez) es el “Aeropuerto” Felipe Ángeles, en construcción en las inmediaciones de la Base Aérea Militar 1 en Sana Lucía, Estado de México. Desde hace más de un año en esta columna se ha repetido una y otra vez -casi hasta el hartazgo repetitivo- que este proyecto es inviable, costoso al extremo, ineficiente a todas luces, y brutalmente ofuscado. Esta pandemia de COVID-19 lo ha dejado más a relieve. Mientras que todo el país se encontraba en “cuarentena” y en la Jornada Nacional de la Sana Distancia, pareciera que la zona de la obra en la BAM1 estaba en otra dimensión. No una dimensión paralela donde la realidad era alternativa; sino perpendicular en una vivencia subjetiva y divergente. Pareciera que en esa realidad el COVID-19 no existía, y que hubiera recursos infinitos. Durante ese periodo de resguardo nacional se intensificaron las labores de construcción de este proyecto del sexenio.

Ignorando todas las medidas de seguridad, protección y de decoro ante la apremiante y trágica situación nacional, tal pareciera que en esta realidad selectiva de la dimensión perpendicular de este proyecto insignia la orden fue intensificar esfuerzos: hay que dar resultados, a como de lugar y cueste lo que cueste. Algo habría que presumir de este proyecto y así fue. Bueno, a medias. Lo que se presumió fue otras cosas no tan agradables, pero tampoco impredecibles.

Este proyecto no sólo es técnica y financieramente ineficiente y cuestionable, sino que desde su concepción ha estado plagado de irregularidades, de correcciones, de contradicciones y de giros abruptos a rompecuello. Dese un “cerro que nadie vio” hasta restos arqueológicos y paleontológicos en una proporción que hacen meritorio un museo de sitio exclusivo para éstos. Dejemos de lado cuantas normas de protección a antigüedades, al patrimonio cultural e histórico y del registro paleontológico se están trasgrediendo por dar velocidad a la excavación, extracción y salvamento de éstos; sino que los encargados de estas labores in situ en la mayor parte de los casos no están cualificados para tal fin. En medio de la cuarentena no había muchos especialistas que pudieran atender al urgente llamado de sacar todos los vestigios y restos. ¿Mal momento? Pareciera ser constante en esta obra.

Pero por si fuera poco hay otros detalles que no se han aclarado. El Felipe Ángeles esta en una Base Aérea Militar, con conectividad limitada a vías de comunicación terrestre. Para que sea un proyecto funcional es necesario hacer carreteras y conectividad terrestre de alto nivel con la Ciudad de México y con Toluca. Sin ello sería un islote aislado. ¿Y esas obras? ¿Cuándo se van a hacer? ¿Quién las va a hacer? ¿Con qué recursos? ¿Son proyectos rentables?

De entrada, sabemos que de la última pregunta la respuesta es un rotundo negativo: solas estas vías de comunicación no son rentables; para que lo sean requieren de que el Felipe Ángeles sea enteramente funcional. Lamentablemente, sabemos que por su diseño no tendrá las mismas capacidades -ni remotamente- que el extinto NAIM en Texcoco. Dejaron morir un proyecto que actualmente estaría en un 80-85% terminado y con capacidad de proyectar a México a nuevos niveles como punto de enlace transnacional de América Latina para el mundo por un proyecto que simplemente no tiene ni una mera fracción de su alcance ni potencialidades.

Siguen los rumores (algunos de ellos ya demostrados) de actos de flagrante corrupción en la obra del Felipe Ángeles. Si el argumento para clausurar el proyecto del NAIM y endeudar a México por miles de millones de pesos fue “evitar la corrupción” esto sería como curar la enfermedad inyectando al paciente con veneno crotálico. Se canceló un mega proyecto por un absurdo mal planeado, ya que recordemos que un aeropuerto se construye desde el aire, de las alturas mirando a tierra para su mejor aprovechamiento, y no desde tierra viendo como reacomodamos a nuestro beneplácito los cielos y todo lo que en ello vuela. De origen el proceso lógico-cognitivo esta erróneo, pero en su momento las autoridades no quisieron escuchar.

Es así como la realidad nos vuelve a recordar cómo un mega proyecto aeroportuario de talla mundial fue sacrificado con saña innecesaria para dar vida a un complejo constructivo que si acaso llegará a ser una “central avionera”. Parece que en tiempos de pandemia se privilegió la insistencia en un costoso absurdo que en la salud pública de los trabajadores. Lo peor de ello es que aquellos actores del sector aeronáutico nacional que en su momento señalaron su negativa a participar en esta visión del futuro aéreo nacional son ahora sujetos de críticas infundadas, sanciones injustificadas, persecución injustificada y desdeño inmerecido. Este tema será objeto y sujeto de futuras columnas, pero no hace falta más que ver las críticas descalificadoras a todos aquellos que han señalado que el Felipe Ángeles nos esta costando mucho más de lo que nos ofrece.

Y con este escenario empezamos la Semana 2 de la “Nueva Normalidad”. Tal pareciera un “más de lo mismo”, y nuestra industria aeronáutica nacional sigue en crisis. El despegue abrupto de recuperación que pronosticaba el discurso oficial fue reducido a una ilusión tras la realidad. En un momento donde la tasa de contagios y mortalidad en México por coronavirus va al alza era imposible otro desenlace. El estrangulamiento a nuestras aerolíneas sigue vigente, el aire escasea para su subsistencia, y los mensajes que las autoridades transmiten al interior y al exterior del país es alarmantemente contradictorio, sesgado, infundado, hostil y hasta despectivo. En un momento donde requerimos urgentemente unidad nacional pareciera que las autoridades promueven la desunión, la disrupción y la polarización.

Veremos que nos aguarda la siguiente semana.

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