Pasar al contenido principal
21/09/2020

Y llegó la fecha para ... ¿qué?

José Medina Go… / Domingo, 31 Mayo 2020 - 19:07

Reza el dicho “no hay plazo que no se cumpla”. Y dicho y hecho, hoy llegamos a la fecha prometida, esperada, señalada y reiterada. Hoy llegamos a una coincidencia interesante: por un lado, nos encontramos exactamente en la mitad del año; por otro, arribamos al día donde las autoridades federales con amplia bomba y platillo desde hace más de mes y medio al fin de la “Jornada Nacional de la Sana Distancia”. Lo que por semanas se avisó, llegó. En teoría, a partir de hoy concluye un periodo de cuarentena preventiva, y como país nos encontramos dispuestos y preparados para regresar a una “Nueva Normalidad” (sin definir), y listos para reactivar las labores económico-productivas tras la pandemia. Pero la realidad dice otra cosa.

La diferencia entre la semana pasada y ésta en materia del reinicio de actividades es exactamente…ninguna. Pero de hecho no nos podemos sorprender ni alarmar. De hecho, esto era algo totalmente previsible, y hasta esperado. Los únicos que pareciera que tenían alguna expectativa distinta son aquellos individuos y entidades que siguen ciegamente lo que disponen las autoridades federales en México. Cegados por un discurso dogmático, ideológico y totalmente alejado de la realidad objetiva, nuestro país se encuentra en lo más crítico de una pandemia que desde su origen fue perfectamente mal manejada por las autoridades institucionales del Estado Mexicano. Rebasemos ya los discursos inocuos y palabras vacías, cargadas por una insaciable necesidad de reconocimientos laudatorios: México está en un momento crítico de esta crisis por el coronavirus, y lejos estamos de una recuperación.

La semana pasada llegamos a cifras récord de defunciones por esta enfermedad, y esto ha llevado a un extrañamiento internacional de la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, la Organización de las Naciones Unidas entre otros actores. Evidentemente, esto repercute en la percepción de México como actor global, y en la potencial toma de decisiones de otros participantes del sistema sobre sus interacciones con nuestro país. Si a esto le juntamos una serie de cuestionables decisiones en materia de política interior/exterior de nuestras autoridades, tenemos el escenario perfecto para la desconfianza, la incertidumbre y el cuestionamiento. 

Recordemos que no esta mal cuestionar las cosas; lo malo es no poder ofrecer una respuesta inteligible ante la obviedad de las preguntas. México como actor internacional ha demostrado ser una contrariedad interna desgarradora: el gobierno federal dice una cosa, algunos gobiernos estatales dicen otra, y la iniciativa privada les da la vuelta a ambos y busca sobrevivir como puede de manera independiente. Terrible panorama. Pero en materia de aeronáutica comercial esto es una cita casi segura con el verdugo del mercado global. Cada vez más empresas de nuestro sector se encuentran enfilados a la bancarrota, así como al cierre indefinido de operaciones. Los pocos que sobreviven se consolidan y buscan alianzas para aguantar un poco más.

El entorno aeronáutico mexicano se puso como meta llegar al primero de junio, momento en el cual se esperaba se abrieran los cielos para volver a volar. Bueno, ya llegamos. Pero volar…eso no va a ser posible. En México debemos prepararnos a que ciertas regiones del país inicien ciertas actividades, dependiendo de cómo va comportándose la pandemia; pero en otras como la Ciudad de México de manera oficial las autoridades nos dicen que debemos esperar otras dos semanas. En realidad, debemos prepararnos para otro mes. Tal vez más. 

Difícil es saber o predecir cuándo la aviación comercial, al igual que el resto de la actividad económico-productiva en México volverá a arrancar motores. Mientras que indudablemente existen medios y modelos estadístico-predictivos diseñados exactamente para esto y que han demostrado ser increíblemente exactos, México tiene un problema de origen: la medición. No importa que sofisticado sea el modelo matemático usado, o la metodología prospectiva-predictiva de alta precisión; mientras no tengamos una medición real de la situación que guarda la pandemia, difícilmente tendremos un resultado prospectivo creíble. 

Y ese es exactamente el problema: debido al gran temor de algunas autoridades para enfrentar la realidad del COVID-19 en México no se llevaron a cabo mediciones apropiadas del avance epidemiológico, y por tanto no se pueden elaborar modelos predictivos apropiados; y en consecuencia no se puede programar ni planear las acciones productivas y sociales subsecuentes para reabrir nuestra economía. No es una postura sesgada, es una realidad lógico-matemática incuestionable. Por lo tanto, llegamos a una fecha que se veía como una meta, pero que en verdad carece de todo sentido real, significado trascendente o expectativa material. Tan sólo llegamos al fin de la primera mitad del año, pero la crisis nacional y en nuestro sector sigue en ascenso vertiginoso.

En un escenario prospectivo realista, a lo largo de este mes sin duda veremos un incremento paulatino y muy gradual de las operaciones aéreas nacionales. Posiblemente para julio veamos un incremento real en el tráfico aéreo, pero con menos actores. Muchas empresas aeronáuticas no podrán volver a emprender vuelo, y sus rutas serán tomadas por otros, pero de manera limitada. La recuperación tomará meses, si no es que años. Pero la desconfianza en las autoridades aeronáuticas nacionales se ha perdido al menos por lo que queda de esta administración, sino es que más. 

La inversión extranjera en materia aeronáutica en México, que de por sí ya estaba reducida, se verá aún más limitada. En el ámbito  de la industria aeroespacial inicialmente veremos un incremento en el volumen de inversión, pero eso se deberá a la urgencia primaria de Estados Unidos y Europa por obtener componentes aeroespaciales críticos y estratégicos en el corto plazo, como hemos comentado en otras ocasiones. Pero con la actuación del gobierno federal durante estos primeros seis meses del año, no nos sorprendamos de que algunas empresas busquen sacar de nuestro país sus contratos, plantas y proyectos de desarrollo y gestión en busca de otras latitudes más permisivas, razonables y seguras. 

No es un escenario alentador ni prometedor, pero es realista. La baja confianza y las precarias condiciones de nuestro sector en el país va a orillar a actores privados racionales a tomar decisiones que no fortalecen a la aviación mexicana, pero que tienen un argumento sólido y racional de sustento. ¿Cómo contrarrestar esto? Necesitamos un sector privado nacional que de manera autónoma invierta en la aviación mexicana, y que busque alternativas de solución a una crisis cuando el Estado no se apresta a ello. Solo así la aviación mexicana podrá volver a emprender vuelo. Nos esperan meses complejos, pero el futuro de la aeronáutica nacional depende de lo que hagamos en los próximos seis meses. Ese si es un periodo temporal con sentido y finalidad clara. Hagamos buen uso de ese tiempo, y no nos ilusionemos con fechas vacías. Veremos cómo respondimos como sector el 1 de Diciembre; ahí podremos medir la efectividad del dinamismo del sector aeronáutico y aeroespacial mexicano. 

Facebook comments