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26/10/2021

El lamentable caso del CIAAC

Juan A. José / Martes, 20 Julio 2021 - 16:15

Sus instalaciones lo dicen todo: abandono, obsolescencia, deterioro

Cada vez que las observo, no puedo dejar de remontarme a esos años sesenta y setenta en los que el CIAAC, o mejor dicho, el Centro Internacional de Adiestramiento de Aviación Civil, era un todo un orgullo a nivel latinoamericano para nuestra aviación.

Cuando tuve el privilegio de cursar la carrera de piloto privado y comencé a estudiar la de comercial, el CIAAC, creado el 28 de noviembre de 1952 por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), con el objeto de incrementar y elevar el nivel técnico de la formación y capacitación de los recursos humanos en materia de aviación, incorporándose a la estructura de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a partir de 1º de julio de 1961, no solamente era la mejor opción para hacer esto último, (inclusive a nivel de la oferta internacional) sino además, era la fuente de la que emanaban una buena parte de los textos que acompañaban diversas carreras técnicas aeronáuticas, solamente la de aviador. Dicho en otras palabras, era gran escuela aeronáutica de México y se podría decir que muy posiblemente de toda América Latina, por lo que ingresar a ella becado, por cierto algo severamente limitado en cuanto a número de lugares disponibles, era todo un reto y una gran aspiración.

¿Pero qué le pasó al CIAAC?

Quizás, y eso es lo más triste y preocupante, es que el centro fue víctima de aquello que también ha plagado a la autoridad aeronáutica mexicana hasta llevarla a los bajísimos niveles de calidad y prestigio que la caracterizan; de la misma manera en la que hacia la primera década del Siglo XXI la entonces Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) virtualmente cayó en pérdida, es decir, “se estoleó”, el CIAAC pasó todavía más a un segundo o tercer plano en las prioridades de quienes encabezaban la gestión aeronáutica oficial, tanto así que el Organismo Público Descentralizado denominado Aeropuertos y Servicios Auxiliares vio una oportunidad de convertir su área de capacitación en todo un centro de formación al más alto nivel, no solamente en materia aeroportuaria, sino aeronáutica en general, esfuerzo traducido en lo que hoy día conocemos como Centro Internacional de Instrucción de Aeropuertos y Servicios Auxiliares “Ing. Roberto Kobeh González” (CIIASA), cuyas puertas abrieron en el año 2010 y reconocido como Centro Regional de Excelencia en instrucción TRAINAIR PLUS y Centro Internacional de Instrucción en Seguridad de la Aviación por la OACI.

La pregunta es obligada: ¿Y por qué terminó siendo el CIIASA lo que el CIAAC debió ser?

Creo que la respuesta tiene que ver con el perfil, limitaciones e intereses personales o políticos de quienes regían a la aviación civil mexicana al momento en que ASA encontró que estaba en condiciones de convertir a su área de capacitación en algo verdaderamente importante, decidiendo, tal y como quien firma esta nota considera debió haber sido, que no fuese la DGAC por medio del CIAAC, sino ASA por medio de la “flexibilidad” de gestión y capacidad de hacerse de recursos propia de un Organismo Público Descentralizado, la que finalmente dotase a la aviación civil mexicana de esa competente institución académica que requería.

El problema es que por más acreditaciones o reconocimientos internacionales que tenga, ni ASA, ni el CIIASA son autoridades aeronáuticas certificadoras, lo que convierte, por lo pronto y hasta donde tengo entendido ocurre, a este último en un gran centro de instrucción, pero nada más, dejando al CIAAC, que es parte de la estructura de una autoridad certificadora, en una condición de incapacidad para influir de manera determinante, tal y como debiera hacerlo, en el desarrollo de la aviación civil mexicana, aportando, mediante instrucción, blindajes a la seguridad de las operaciones de la misma manera que ocurre en otras naciones del orbe, caso de Argentina, Brasil, los países de Centroamérica y la Comunidad Europea, Colombia, Chile, Estados Unidos, Francia, Perú y Uruguay que tienen, ahora sí que sus CIAACs, como parte de sus AFAC´s, DGAC´s, FAAs o como se les quiera denominar a sus autoridades aeronáuticas.

Para colmo de males, el estado del CIAAC, entidad responsable entre otras funciones de formar, capacitar y adiestrar a los Inspectores Verificadores Aeronáuticos e Investigadores de Accidentes adscritos a la hoy día Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), además de funciones de evaluación para el reconocimiento de “saberes adquiridos” por parte del personal técnico aeronáutico sujeto a la profesionalización contribuyó, por lo menos parcialmente a esa preocupante degradación de su gestión de por parte de la autoridad norteamericana en la materia.

La buena noticia es que por lo menos a niveles directivos, el CIAAC sin duda está en buenas manos, comenzando por las del general Carlos Antonio Rodríguez Munguía, al frente de la AFAC, quien decidió poner al mando del centro a toda una institución de la gestión, cultura y academia aeronáuticas mexicanas, me refiero al general Benjamín Romero Fuentes, quien a su vez ha invitado a apoyarle a verdaderos profesionales de lo aeronáutico y de la capacitación, caso de los maestros Alfredo Martín del Campo Covarrubias y Gabriel Rojas Hernández.

Esperemos que estos competentes y reconocidos especialistas aeronáuticos, ahora funcionarios públicos, cuenten con los respaldos legales, financieros, técnicos y políticos que una autoridad certificadora y más una que se enfrenta a los retos de la magnitud a los que se enfrenta la AFAC necesita, de lo contrario, me temo que las instalaciones del CIAAC la esquina del Boulevard Aeropuerto y la Avenida Fuerza Aérea Mexicana (otrora nuestra avenida Hangares) en los linderos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México no serán por mucho tiempo otra cosa que ese virtual, descuidado, pero entrañable museo de aviación y de Aeroméxico en particular.

Quiero dejar bien claro que no es que quien firma este comentario editorial desee que el CIIASA deje de ser ese nuevo orgullo internacional de la formación aeronáutica latinoamericana en el que con justicia se ha convertido, por el contrario, deseo que siga consolidándose como tal, pero también quisiera ver al CIAAC recuperando lo propio y lo más importante, siendo un factor a nivel autoridad que contribuya a garantizar la seguridad en los cielos de México, haciendo lo que por ley le corresponde, lo cual  la verdad es mucho.

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