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20/09/2021

La masificación a debate

Redacción A21 / Domingo, 9 Mayo 2021 - 21:13

Por José Miguel Campillo

Las compañías aéreas están reestructurando su pensamiento de negocio. La pandemia ha hecho que modelos de negocio como las low-cost choquen con aspectos esenciales que el coronavirus ha puesto de manifiesto. Modelos donde el síndrome de la lata, el hacinamiento del turista y el sometimiento torticero durante 9 o 10 horas en espacios mínimos y en posturas casi fetales, han hecho que el placer de volar se convierta  en un tormento casi endémico.

La economía de escala ha sacrificado conceptos tan humanos y básicos como la seguridad, la calidad y el placer de volar. ¿Volvemos a los tiempos de antaño?, yo no tengo la respuesta pero lo que está claro es que se abre una pequeña ventana a una aviación donde primarán otras cosas que se han olvidado.

La comodidad de viajar es intrínseca al disfrute y en eso hay que hacer una profunda reflexión. ¿Qué estamos haciendo mal? La masificación y las aglomeraciones son la antítesis del placer por volar

A la hora de vender un billete, no hay que vender precio, ya que es algo subjetivo. Hay que vender comodidad y que el avión no sea un aparato que te lleva y te trae, sino que sea el primer hotel, apartamento o esa playa a donde te diriges. Que el viaje sea una amalgama de buenas sensaciones y no un suplicio digno de abandonar.

Las compañías pequeñas lo saben. Las compañías ejecutivas, salvando las diferencias con las compañías comerciales, han mantenido los conceptos de seguridad y comodidad como su “leitmotiv”. Se necesitan estudios exhaustivos de rutas confortables o salas de espera en el aeropuerto para evitar embarques tumultuarios y desesperantes.

Hay compañías en países como Francia o Canadá que se han dado cuenta de que el camino retorna a una aviación de calidad, aunque eso implique un aumento del precio del billete. Pero eso no debería ser un hándicap si se trata de un viaje confortable y saludable. Hay un segmento de gente que apuesta por evitar la masificación aunque eso suponga pagar un poco más.

A muchos pasajeros les va a costar viajar pegados a mucha gente después de estar encerrados tanto tiempo y dónde la distancia entre personas ha llegado para quedarse. Con estas premisas, no va a ser tan fácil de vender. Y no se cuestiona el negocio de low-cost, sino la cantidad de gente que estará dispuesta a viajar como se hacía antes de la pandemia.

El coronavirus nos ha traído aires de cambio, la reflexión de lo que teníamos antes y lo que queremos en un futuro y la aviación no está ajena a este cambio. La adaptación es una realidad, porque la sociedad tiene una nueva realidad.

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