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03/04/2020

¿Algún día lamentaremos la construcción de Santa Lucía?

Francisco M. M… / Miércoles, 4 Diciembre 2019 - 20:46

“Debemos respetar el pasado y desconfiar del presente si deseamos garantizar la seguridad del futuro” - Joseph Joubert

Hace apenas unos días el presidente López Obrador llevó a cabo una junta de información en Santa Lucía para presentar el avance del 1% en la construcción de lo que será el aeropuerto internacional. En la reunión, invitó a medios informativos, algunos miembros de su gabinete, expertos, defensa nacional y representantes de aerolíneas.

Es de llamar la atención el hecho de que, después de la información vertida, ninguno de los presentes hizo ver al presidente todos los inconvenientes que tiene la obra y sobre los cuales han hablado toda clase de expertos. Sin embargo, en ese momento, hubo un silencio absoluto.

La última noticia es que no hay manera de que las pistas programadas cumplan con el requisito indispensable de permitir aproximaciones y salidas simultáneas de aviones, debido a que los ejes centrales de ambas pistas no cumplen con la distancia de separación establecida en el anexo 14 de la OACI, lo cual representa un enorme inconveniente ya que esta construcción se trata de aumentar el número de operaciones de forma eficiente y sobre todo segura. Por otra parte, ahora se planea utilizar un pista para despegues y la otra para aterrizajes lo cual nos regresa a la misma forma de operación ineficiente del actual aeropuerto Benito Juárez.

La propia empresa francesa especializada Navblue, a la cual el gobierno ha pagado una buena cantidad de dólares para efectuar estudios de viabilidad aeroportuaria y administración del espacio aéreo, ha dejado en claro que el aeropuerto de Santa Lucía y la combinación de las operaciones civiles y militares con el actual Benito Juárez traerán inconvenientes que no  garantizan la posibilidad de aumentar el número de operaciones como se pretende y como era el plan desde un principio.

El no poder realizar salidas y aproximaciones simultáneas y operar como se pretende en Santa Lucía traerá como consecuencia lógica la acumulación de tráfico en tierra y las consiguientes demoras, lo cual tendrá como consecuencia secundaria -pero aún más importante- la  acumulación de aviones en espera en secuencia de aproximación a ambos aeropuertos en el espacio aéreo el cual, debido a condiciones orográficas y de mal tiempo casi todo el año, se satura constantemente con los riesgos a la seguridad que esto trae.

No hay que olvidar que cada día operan aviones más grandes como el A380, el A350, el B777 y el futuro B777X, que son aeronaves con requerimientos de espacio mayores, sin olvidar la necesidad de una mayor separación entre estos y las aeronaves menos pesadas para evitar accidentes, debido a la estela de turbulencia de sus motores que ya ha causado en el pasado distintos incidentes y accidentes mortales.

Los expertos en control de tráfico aéreo hablan de la posibilidad de una total y complicada reingeniería del espacio aéreo de la Ciudad de México y la implementación de sistemas satelitales modernos y sofisticados, además de sistemas de ayuda en tierra muy caros que servirán para mejorar solo un poco el control de los cientos de aeronaves que salen y llegan, pero nadie se atreve a garantizar el aumento en el número ni la eficiencia y sobre todo la seguridad de miles de pasajeros que debería ser la primera consideración de todos los involucrados.

Los constructores militares aseguran que se podrán ahorrar unos 23 mil millones de pesos en la construcción de pistas, lo que resulta poco si consideramos los 100 mil millones tirados a la basura en Texcoco.

Por otra parte y debido a la “austeridad republicana“ surgen las dudas y sólo es de esperar que las pistas no cumplan en todo con las especificaciones de materiales y resistencia establecidas mundialmente, o, ¿en qué parte de la construcción se piensa ahorrar?

En el futuro veremos más y mayores inconvenientes que irán surgiendo durante la construcción y al final los problemas para lograr que las aerolíneas operen en Santa Lucía y su combinación con el Benito Juárez, lo que requiere de una logística complicada y muy cara, sin olvidar la necesaria y definitivamente autónoma certificación oficial de instituciones internacionales.

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