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20/09/2021

Pórtate bien con tu copiloto

Juan A. José / Martes, 18 Mayo 2021 - 21:41

Me da la impresión que hay conceptos que por su importancia merecen ser reiterados, caso de ese muy aeronáutico “pórtate bien con tu copiloto, porque puede ser tu comandante en la próxima aerolínea” que en estos tiempos de crisis laboral tiene particular vigencia, conforme miles y miles de profesionales  de tierra y aire nos enfrentamos a retos tan básicos como el tener un trabajo remunerado.

Hace unos cinco años, compartí con mis estimados lectores en el portal de T21, medio de comunicación hermano del que acoge esta columna, una reflexión en torno a papel que en la vida profesional  y personal juega el “tratar a los demás como nos gustaría ser tratados” y mejor aún, “tratarlos además como les gustaría ser tratados”.

Pensaba entonces en esa generación de experimentados comandantes de vuelo, cuarentones o cincuentones de Mexicana de Aviación, Aviacsa o Aero California, por ejemplo, que “sin deberla ni temerla”, se vieron forzados a buscar trabajo en otras aerolíneas nacionales o extranjeras, en algunos casos desprendiéndose de esas cuatro barras que portaban en el uniforme, abandonando los asientos “de la izquierda” en las cabinas de pilotaje y haciendo nuevamente fila en los escalafones. Y eso si bien les fue, toda vez que no siempre encontraron trabajo como pilotos y acabaron haciendo otro tipo de labores profesionales más terrenales.

Comentaba que en mi opinión la vida es una rueda de la fortuna en la que comenzamos desde abajo, haciendo lo posible por escalar a base de esfuerzo hasta alcanzar ciertos niveles, aspirando a mantenerse nivelados en ellos por el mayor tiempo posible. El problema, apuntaba, es que nada es para siempre y se puede caer con extrema facilidad, ya sea por culpas propias, circunstancias fuera de nuestro control o simple y sencillamente por la evolución natural de las cosas, en el marco de una compleja condición y por cierto bastante difícil de manejar conforme se tiene que volver a verlo todo desde abajo, asunto en el que la variable ego juega un papel crucial para el adecuado manejo de la nueva realidad.

Nada más válido en estos tiempos en los que millones de hombres y mujeres de todo el mundo hacen esfuerzos por obtener un empleo luego de haberlo perdido por culpa de los recortes asociados a las consecuencias de la pandemia. Lo que sucede es que cuando un profesional encuentra una oportunidad laboral, si es que lo logra, es muy probable que lo haga asumiendo roles de menor responsabilidad que los anteriores o reportando a quienes alguna vez fueron “sus copilotos”, muchos de los cuales conservando esa calidad humana que los caracterizaba que les hacía valorar más a la persona y su experiencia que al número de barras, cargos o insignias que ostenta, los reciben con respeto, aprecio y hasta cariño. Desgraciadamente no es siempre el caso y el otrora comandante se puede enfrentar al resentimiento de sus nuevos superiores y por lo tanto sufrir humillaciones y reclamos no siempre hábilmente disimulados.

No cabe duda que uno cosecha lo que siembra, de ahí la importancia de adquirir y desarrollar tanto la inteligencia emocional como las habilidades profesionales al iniciar y recorrer una vida laboral, acumulando, si es posible, además de horas de vuelo, buena voluntad de los compañeros de ruta. Y digo si es posible toda vez que, por mejor desempeño que tengamos, siempre nos toparemos con detractores o con gente tóxica por la que no vale la pena preocuparse.

Lo he vivido en carne propia varias veces; me ha tocado interactuar con y hasta formar muchos “copilotos” siendo privilegiado en la mayoría de los casos con poder cosechar su afecto, agradecimiento y trabajo en equipo. Lógicamente también me he visto forzado a tener que lidiar con los resentimientos de algunos otros que no dudan en poner frente a uno y a su ruta, tormentas de todo tipo.

De esta manera rindo un homenaje a esos grandes y generosos “copilotos” que al recibir sus cuatro barras no pierden el piso y no se olvidan de que alguna vez requirieron del respaldo, tolerancia, orientación, colaboración y capacitación de alguien más, comportándose con ellos con la elegancia propia de una persona agradecida y decente.

Entonces, en el aire o en tierra ¡a portarse bien con nuestros “copilotos”!

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