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17/10/2021

Investigación de accidentes

Gonzalo Carrasco / Miércoles, 4 Agosto 2021 - 19:41

“La investigación de accidentes e incidentes aéreos desde el punto de vista de la seguridad pretende exclusivamente mejorar la seguridad aérea y prevenir futuros accidentes”. Este párrafo tan sencillo de leer envuelve grandes verdades, es algo sacado de la red y nos muestra qué es lo que nos debe interesar y cómo es que tenemos que hacerle para lograr algo, SEGURIDAD, ni más ni menos. Existen sendos reglamentos, profusa información, se imparten cursos de todo nivel para precisamente lograr o acaso buscar que las operaciones aéreas sean seguras. Prácticamente todos los idiomas del mundo “conocen” el término, “seguridad aérea”, seguridad, seguridad, seguridad, el lograrlo implica, cero daños, cero personas lastimadas, cero muertos.

En Estados Unidos existe la NTSB (National Transportation Safety Board), en español, Junta Nacional de Seguridad en el Transporte, es el organismo que se encarga de realizar las pesquisas que llevan a esclarecer los accidentes aéreos y obtener básicamente dos cosas, causas probables y factores contribuyentes, con esto se diseñan las recomendaciones que son las que nos ayudarán a evitar futuros accidentes, al menos por esa causa. En Europa, en concreto en España la agencia es una comisión cuyas siglas son CIAIAC, Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de a Aviación Civil, en Canadá realiza estas operaciones la Junta de Seguridad e Investigación de Accidentes de Transporte de Canadá. Todos los países que estén adheridos a OACI, deben contar con una agencia de investigación de accidentes, esto está contenido en el Anexo 13 del Convenio de Aviación Civil Internacional, aquí se encuentran las normas y métodos recomendados internacionales (cito textual lo que dice el Anexo).

Cabe mencionar que el documento que se emita no sirve para fines punitivos ni pretende encontrar culpables, de lo que trata es de conocer las causas o lo más cercano a ellas que llevaron a un accidente, tampoco pretende que su información sea tomada por alguna autoridad judicial, tan solo se persigue identificar qué motivó la aparición del accidente y emitir recomendaciones para evitar que se repita el hecho. El hacer esto de esa manera es lo que se ha decidido en todos los países que forman parte del conjunto de miembros de la OACI. Hay que hacer hincapié en que se subraya con gran notoriedad que esto aplica para aeronaves desarrollando vuelos en el marco civil solamente, en los otros rubros existe reglamentación específica al respecto. Es más, si en el análisis de un accidente de aviación civil se integran ingredientes de una índole diferente de los criterios civiles de la aviación los resultados nunca podrán ser fidedignos ni servirán para el fin capital de una investigación: evitar que se repita.

Ahora bien, aunque el origen de los departamentos de investigación de accidentes en aviación es en organismos gubernamentales el deslinde de estos es estrictamente necesario. No es malo que algún país no haya logrado la independencia de las actividades de la investigación de accidentes. A manera de ejemplo, la NTSB en Estados Unidos, comenzó en 1926 con la Ley del Comercio Aéreo, el congreso de aquel país ordenó por primera vez que el Departamento de Comercio investigara las causas de los accidentes aéreos. Décadas después, en 1967, el Congreso unió todos los organismos gubernamentales de transporte en uno, con la NTSB como parte del nuevo departamento. En 1974, la NTSB se convirtió en un organismo independiente. Como se aprecia a la agencia mencionada le tomó casi medio siglo lograr la independencia que por fuerza debe tener cualquier organismo de investigación de cualquier país que pretenda salir del desagradable tercermundismo.

Por desgracia, mientras no se logre la independencia de las investigaciones de accidentes aéreos o de cualquier otra modalidad de transporte no se puede esperar la objetividad que el sentido común exige. Siempre habrá la duda de si se determinó tal o cual “causa probable” esta esté segada por algún tipo de interés, tal vez se pretenda cubrir alguna deficiencia de alguien o de algún organismo sensible o alguna otra razón desconocida. La credibilidad de la gente que espera un análisis objetivo e imparcial se ve trastocada y la duda siempre existirá, la desconfianza imperará mientras no se pueda asegurar que existe transparencia absoluta. De la mano de esto impera una desconfianza en las recomendaciones emitidas por una autoridad que no brinda independencia a la labor de alguna dependencia del gobierno.

En nuestro país existe la manera de intentar lograr esto, tenemos el IMT, Instituto Mexicano del Transporte y muchos actores, formales o no, que se dedican y están preparados para llevar a cabo investigaciones de accidentes, de manera imparcial. Deberíamos encargar la coordinación de esta labor de investigación a este instituto para que, eventualmente, a través de él se logre la añorada independencia y dependamos menos de la “credibilidad” importada de Estados Unidos o de algún organismo similar europeo. Mientras no hagamos las cosas de manera diferente, con una estrategia distinta, no esperemos resultados diferentes, en el tema que nos ocupa y preocupa, si no tenemos investigaciones independientes mucho menos esperemos emitir recomendaciones válidas y creíbles. 

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