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08/12/2021

Llegaron los auditores de FAA, pero para trabajar como “asesores”

Francisco M. M… / Miércoles, 13 Octubre 2021 - 21:06

Hace diez años, las autoridades aeronáuticas de México fueron sujetas a una auditoría por parte de la Agencia Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos, de acuerdo con lo establecido por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) en sus diferentes anexos.

En aquella ocasión, hubo alrededor de 30 hallazgos en diferentes temas con los que las autoridades de la anterior DGAC no cumplían y por ello nuestro país fue degradado a categoría 2, lo que sucede muy ocasionalmente y en países del tercer mundo que de una u otra manera han abandonado a su industria aérea.

En esos días, el gobierno de Felipe Calderón puso manos a la obra para resolver todos los hallazgos reportados y muchos recursos económicos, técnicos y humanos fueron dirigidos para resolver problemas en el funcionamiento de la DGAC y así fue como en 162 días, México pudo recuperar la categoría uno.

Diez años después de aquella degradación y posterior recalificación, llegó una nueva auditoría a nuestras autoridades de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), creada por decreto Presidencial en el año 2019, y nuevamente México fue degradado a categoría 2 por no cumplir con los requerimientos establecidos por OACI en cuanto a regulación, certificación y seguridad.

El programa IASA analiza ocho elementos críticos para calificar la capacidad de un país de regir y controlar el desarrollo de su aviación.

La FAA se basa en los estándares y prácticas recomendadas en los Anexos 1 (Licencia del Personal), 6 (Operación de Aeronaves) y 8 (Aeronavegabilidad de la Aeronave) de la OACI.

En el año 2010, cuando sufrimos la primera degradación, la antigua DGAC no podía garantizar la continuidad en las supervisiones de seguridad con la que deben operar las aerolíneas comerciales, faltaba personal calificado y entrenado, no se contaban con manuales internos ni tampoco procedimientos para expedir certificados de operación, no se cumplía con las normas internacionales de capacitación técnica y no se contaba con suficiente presupuesto.

Este año, México (otra vez) tuvo fallas en cada uno de los ocho elementos críticos.

Vale la pena comentar que los hallazgos que ha habido en la última auditoría son prácticamente los mismos que fueron encontrados hace una década y que ya nos habían costado la degradación, lo que nos deja claro que no aprendimos la lección.

En ese nivel nos encontramos ahora y como están las cosas se ve muy complicado que sea en el corto plazo cuando podamos ser nuevamente recalificados en categoría 1, a menos que algo muy especial e inesperado pudiera suceder.

Para estos días de octubre, se esperaba la visita de los auditores para revisar si AFAC ya había cumplido con las recomendaciones que se hicieron hace unos meses, pero al momento de escribir esta columna sabemos que esos auditores no vinieron como estaba programado sino que, siendo los mismos, han venido, pero para trabajar como asesores.

Estos “asesores” estarán en México del 11 al 15 de octubre para ayudar a nuestras autoridades a encontrar el camino de la reclasificación a categoría 1; ayuda y asesoramiento que seguramente va a costarnos una buena cantidad de dólares.

Vale la pena decir que en México tenemos profesionales de la industria de primer nivel,  bien preparados y con experiencia que pudieron haber sido aprovechados por AFAC como asesores para ayudar a resolver problemas en todas las áreas.

Ahora bien, quienes hemos sufrido en carne propia durante décadas y que conocemos los graves problemas por los que atraviesa la AFAC, entendemos mejor las razones por las que las cosas no están funcionando.

Ya nos hemos referido anteriormente a la falta de recursos financieros, humanos y tecnológicos necesarios para lograr un adecuado funcionamiento de la Agencia y está a la vista que esos recursos tampoco han llegado. 

Podemos decir que además de las necesidades que ya mencionamos, parece que la falta de voluntad política y un verdadero plan de reorganización a cumplir en tiempos reales es lo que tiene a AFAC en un grave problema.

Tal parece que hasta ahora el General Rodríguez Munguía no ha logrado formar un equipo honesto,  comprometido y capaz que lo ayude a encontrar la fórmula para reorganizar, ordenar y eficientar una agencia federal de aviación que prometía mucho al principio, pero que hasta hoy solo ha vivido un cambio de nombre.

Por lo que estamos viendo, tristemente habría que aceptar que AFAC, tiene mayores y mucho más profundos problemas que la DGAC que le precedió.

Sabemos que al interior de AFAC se han llevado a cabo cambios de personal, de manera inexplicable se ha separado de la Agencia a gente preparada, con actitud de servicio y con experiencia y se han promovido a otras a quienes se les ha dado cierto poder de decisión, pero no están haciendo el trabajo y no tienen lo que se requiere para funcionar profesionalmente en puestos tan importantes, de estricta confianza y con tanta responsabilidad.

En esos puestos es necesaria la gente que sepa trabajar en grupo, probadamente honesta, con empatía, liderazgo, experiencia, conocimientos y bien entrenada.

En puestos de dirección y subdirección deberían asignarse a profesionales que puedan comunicar eficientemente los pasos y procesos que deben seguir sus subalternos de acuerdo con un plan bien concebido y perfectamente comprendido por todos para poder lograr eficiencia y eficacia.

Por ahora, parece que las cosas se siguen complicando en AFAC y ya llegamos a una nueva prórroga hasta fines de diciembre para certificados médicos y licencias a personal técnico, lo que definitivamente no va a gustar a los asesores o auditores.

Lo anterior, aunado a la falta de regulaciones y certificaciones actualizadas a escuelas  y aerolíneas, y por otra parte a la falta de ese plan de reorganización del que hablamos, parece que nos tiene todavía muy alejados de poder regresar a la categoría 1, con todas sus indeseables consecuencias para la industria aérea de México.

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