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21/06/2018

Actualización y recomendaciones en fatiga

Octavio Amezcua / Viernes, 26 Enero 2018 - 11:43

Antes que nada, quisiera ofrecer una disculpa a mis lectores por haberme ausentado por algún tiempo obligado por una serie de circunstancias, y quisiera agradecer profundamente las muestras de apoyo que he recibido, especialmente por parte de los directivos de esta publicación. En esta nueva serie de artículos, informaré a ustedes sobre algunas condiciones médicas, y a través de mi trayectoria como investigador de accidentes de aviación, trataré de llevarlos al interesante mundo del Factor Humano, que ha sido la causa de la mayoría de estos accidentes además del principal causante de los conflictos que ha sufrido la humanidad a través de su historia.

En la industria aérea siempre se ha tenido que mantener un equilibrio muy balanceado entre economía, eficiencia y seguridad, y el querer estirar demasiado la liga hacia el lado de la economía, tratando de que las tripulaciones de vuelo rindan aún más, necesariamente llevará a una disminución en la eficiencia y sobre todo en la seguridad, provocando un mayor desgaste y cansancio en las tripulaciones con sus posibles consecuencias.

Recientemente se emitió la Norma que regula el trabajo de las tripulaciones aéreas en nuestro país (NOM-117-SCT3-2016), personal que se ve seriamente afectado por los cambios de horario (con la consiguiente ruptura de los ritmos circadianos), temperatura, presión, densidad, etc., de los cuales hemos venido platicando a lo largo de los artículos anteriores.

Si usted como pasajero se ve afectado, ¡imagínese lo que es enfrentarse a esos cambios fisiológicos repetidamente!; además de lo anterior, y como no es difícil deducir, no es lo mismo el que una tripulación de un avión trasatlántico efectúe 3 o 4 vuelos al mes que fácilmente lo llevan a las 90 horas efectivas de vuelo con 7 u 8 despegues y aterrizajes, a una tripulación de vuelos de corto o mediano alcance en donde se pueden efectuar más de 30 o 40 vuelos al mes con sus consiguientes aterrizajes y despegues para llegar al mismo número efectivo de horas de vuelo, por lo que cuantificar la fatiga es sumamente difícil.

Es por ello que la Norma referida, toma en cuenta dichas diferencias para establecer los lineamientos adecuados para cada tipo de vuelo. Basándome en un interesante trabajo escrito por mi colega y amigo Guillermo Salazar, de la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA), trataré de resumir lo que es la fatiga, sus efectos y cómo prevenirla.

Definición

Definir la fatiga en humanos es extremadamente difícil, debido a la gran variedad de sus causas, mismas que pueden abarcar desde el aburrimiento o la alteración del ritmo circadiano, hasta el esfuerzo físico extremo.

En términos sencillos, la fatiga se puede definir simplemente como cansancio. Sin embargo, desde un punto de vista operacional, una definición más exacta quizás sea: “La fatiga es una condición caracterizada por una sensación de incomodidad creciente con reducción de la capacidad para trabajar, reducción de la eficiencia en cumplir metas, pérdida de la capacidad para responder a estímulos, y que usualmente está acompañada por la sensación de cansancio y agotamiento”.

La fatiga puede desarrollarse a partir de varias fuentes; el factor importante no es qué es lo que causa la fatiga, sino el impacto negativo que la fatiga ejerce sobre la persona y su habilidad para realizar tareas.

Un día largo de estímulo mental como estudiar para un examen o procesar datos para un reporte, pueden ser tan fatigantes como la labor manual; ambos pueden sentirse de manera diferente, pero el efecto resultante es el mismo, la inhabilidad de funcionar normalmente.

La fatiga conduce a la disminución en su habilidad para llevar a cabo tareas. Varios estudios han demostrado que como resultado de la fatiga en una persona se muestra una alteración significativa en su habilidad para realizar tareas que requieren destreza manual, concentración, y procesos de alto nivel intelectual.

La fatiga puede ocurrir de una manera aguda, es decir, en un periodo relativamente corto (horas) después de una actividad física o mental significativa, o puede ocurrir en forma gradual o crónica sobre un periodo de días o semanas. Típicamente, esta última situación ocurre con alguien que no logra obtener suficiente sueño durante un periodo de tiempo prolongado (como en los casos de apnea de sueño, “jet lag,” o trabajo de turno nocturno repetido), o alguien que está involucrado en actividades físicas o mentales demandantes sin suficiente descanso.

Cualquier persona fatigada va a exhibir los mismos problemas: somnolencia, dificultad en concentración, apatía, sensación de aislamiento, molestia, incremento del tiempo de reacción al estímulo, reducción del funcionamiento mental de alto nivel, vigilancia disminuida, problemas de memoria, fijación a la tarea, y aumento de errores mientras se ejecutan las tareas.

No es bueno que esto le suceda a un piloto, menos aún, si no hay otra persona en el avión que pueda ayudar (en aviones privados de un solo piloto). En varios estudios, individuos fatigados de manera consistente no siempre reportaron que tan cansados realmente estaban, de acuerdo con parámetros fisiológicos, o peor aún, NO SE DAN CUENTA de su estado; un individuo cansado no reconoce en verdad el grado de su debilidad. Ningún grado de experiencia, motivación, medicamento, café, o esfuerzo, pueden superar la fatiga.

Prevención de la Fatiga

Obtener un sueño adecuado es la mejor manera para prevenir o resolver la fatiga. El sueño proporciona al cuerpo un tiempo de descanso y recuperación; un sueño insuficiente puede resultar en problemas físicos y psicológicos.

En promedio, un adulto saludable funciona mejor con ocho horas de sueño no interrumpido, pero variaciones personales significativas ocurren; por ejemplo, un incremento en dificultades de sueño ocurre cuando envejecemos, con el acortamiento significativo del sueño nocturno; asimismo, una variedad de condiciones médicas pueden influir la calidad y duración del sueño (por nombrar algunas: apnea del sueño, síndrome de piernas inquietas, ciertos medicamentos, depresión, estrés, insomnio, y el dolor crónico).

Por otra parte, algunos de los factores sociales o de comportamiento más comunes que pueden llevar a la fatiga son: actividades hasta altas horas de la noche (veladas), el uso excesivo de alcohol o cafeína, viajar, conflictos interpersonales, medio ambiente desconocido o incómodo, y trabajo en turnos nocturnos.

Nadie es inmune a la fatiga. Con todo, en nuestra sociedad, el establecimiento amplio de medidas preventivas para combatir la fatiga es a menudo una meta muy difícil de alcanzar. Los individuos, así como las organizaciones, con frecuencia ignoran el problema hasta que ocurre un accidente, y aun entonces, la implementación de cambios duraderos no está garantizada. Los cambios en el estilo de vida no son fáciles para los individuos, particularmente si esa persona no está consciente y en completo control de la condición; como un ejemplo, los pilotos comerciales deben lidiar con horarios de turno nocturno frecuentemente y con disrupciones del ciclo circadiano.

A menudo, por los conflictos que vivimos todos en ciudades como la de la Ciudad de México, también se tienen que recorrer distancias largas al trabajo, de modo que para cuando el ciclo del trabajo comienza, ya se ha viajado por varias horas. Por otro lado, mientras que un piloto de aviación ejecutiva puede que no tenga que lidiar con algunas de las situaciones antes mencionadas, sí es común que carguen con alto estrés al tener que llevar la administración de las aeronaves, por lo que el estilo de vida y otros factores pueden conducir a la fatiga.

Recomendaciones de modificaciones al estilo de vida

No
• Consuma alcohol o cafeína 3-4 horas antes de irse a dormir.
• Consuma grandes comidas, justo antes de la hora de dormir.
• Lleve preocupaciones del trabajo a la cama (suena difícil, pero existen métodos para tratar de evitarlo).
• Ejercítese 3 a 5 horas antes de la hora de dormir mínimo. Mientras que el ejercicio promueve un estilo de vida saludable, este no se debe hacer antes de la hora de dormir pues “espanta” el sueño.
• Si se requiere, use medicamentos para inducir el sueño (siempre guiado por su médico).


• Esté consciente de los efectos secundarios que pueden causar ciertos medicamentos, inclusive los que se pueden adquirir en forma de venta libre (somnolencia o la vigilancia deteriorada son de particular interés).
• Consulte a un médico para diagnosticar y para tratar cualquier condición médica que está causando problemas con el sueño.
• Cree un ambiente confortable para las horas de sueño en casa; obtenga un colchón y almohada cómodos.
• Cuando se encuentre viajando, seleccione hoteles que proveen un ambiente confortable.
• Propóngase alcanzar el hábito de dormir 8 horas en la noche. Cuando sea necesario, y si es posible, tome una siesta durante el día, pero limite la siesta a menos de 30 minutos. Siestas más largas pueden producir inercia del sueño, lo cual es contraproducente.
• Intente establecer una rutina para concluir el día a la misma hora todos los días. Esto establece una rutina y le ayuda conciliar el sueño más rápido.
• Si no puede conciliar el sueño dentro de 30 minutos después de irse a la cama, levántese y trate una actividad que ayude a inducir el sueño (NO vea TV pues violenta el sueño; puede ser el leer, escuchar música relajante, etc.).
• Obtenga pleno descanso y minimice en lo posible factores estresantes antes de irse al trabajo. Si los problemas impiden una noche de sueño buena, reconsidere su rutina e incluso cámbiela como pueda corresponder.

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