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30/09/2020

Entre salidas, regresos y ambigüedades

José Medina Go… / Domingo, 26 Julio 2020 - 20:27

Las últimas semanas el entorno de la aviación nacional se ha caracterizado por noticias complejas, sucesos aparentemente inconexos que sientan precedentes complejos para nuestro sector, y por tendencias negativas que esconden una profunda lucha por la supervivencia en un mundo que ha cambiado muy profundamente. El COVID-19 nos ha dejado una marca indeleble profunda, y las cicatrices serán visibles por años. Pero también la gestión pública de la actual administración dejará profundas marcas, lamentablemente no positivas.

En las colaboraciones semanales anteriores se ha señalado una clara tendencia a nivel nacional: la actual administración federal -ya sea por desatinos u ocurrencias, filias o fobias, planes o dogmas, visiones o cegueras- está impactando negativamente al sector aeronáutico nacional. Tanto por lo que acontece al interior de nuestras fronteras, así como por la imagen internacional que proyectamos, poco a poco nuestro sector se complejiza. Nos urgen buenas noticias, que estimulen la inversión y el desarrollo, o que nos den aliento para seguir adelante en búsqueda de retomar vuelo. Lamentablemente, la semana pasada fue todo lo contrario.

El tráfico aeronáutico nacional poco a poco se va regenerando. En comparación a hace cuatro semanas los radares sobre el espacio aéreo mexicano han sido testigo como se ha multiplicado el tránsito aéreo. Cierto, ni remotamente en el volumen e intensidad de inicios del 2020, pero sin duda muy superior al que veíamos en abril o mayo. Algunas empresas han quebrado en su lucha por la supervivencia; otras siguen en “terapia intensiva”; y otras más siguen en esas tensiones y distenciones para sobrevivir. En ese caso esta Aeroméxico, cuyo personal ha acordado reducir su percepción salarial en más de un tercio para preservar sus empleos y permanecer volando. Sacrificios que esperemos den frutos, y que todo parece ser así será.

Pero mientras un conjunto de profesionales de la aviación hace hasta lo imposible por mantenerse a flote, a nivel federal parece que poco a poco nos sumimos más en la incongruencia. De entrada, debemos señalar el regreso a cielos (y tierra) nacional del Boeing 787-8 matrícula XC-MEX, mejor conocido como el TP-01 o el multifamoso “Avión Presidencial”. Ese que se iba a rifar, pero no se pudo (aunque la “colecta” tipo Lotería sigue en pie); ese que tan pronto arribó la 4T despegó desterrada por ser un opulente símbolo del pasado; ese que hubo varias “ofertas” para comprarlo, pero que no se puede porque es una aeronave arrendada; ese por el que pagábamos una verdadera fortuna para mantener en un hangar de California porque en México no lo queríamos. Si, efectivamente, ese mismo “portento del pasado”, regresó a México. En específico a un hangar de la recientemente re-nombrada Base Aérea Militar 19, antes Sexto Grupo Aéreo, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Debemos preguntarnos ¿por qué regresa esta aeronave ahora? ¿no que estaba en California en lo que se “vendía”? Las respuestas son demasiado obvias, pero intrascendentes en el gran contexto nacional que nos rodea. Una incongruencia más que debe dar marcha atrás. La historia del TP-01 todavía no acaba, y debemos estar preparados para ver mucho más de ella. ¿Qué imagen transmite el arribo de esta aeronave a México? Ciertamente que las autoridades pecan de poca seriedad, de ambigüedad y de obviedad. Malas señales para la inversión extranjera. Pero siendo totalmente objetivos, el impacto es relativamente muy pequeño: es más una cuestión de imagen mediática y de repetición de lo ya conocido y discutido.

El verdadero tema en cuestión es una “posible salida”. Sin duda desde hace más de una semana esta en el tablero nacional la salida del Secretario de Comunicaciones y Transportes, bajo condiciones -por decir lo menos- “curiosas”. En la aviación militar internacional, esa expresión es empleada para indicar sutilmente que algo no marcha bien. Cuando esta expresión se emplea, por lo general es que algo esta bastante mal, pero no sabemos exactamente qué es. Lo mismo sucede con este anuncio, que ha rebotado por varios días en el ambiente. Primero se afirmó (en fin de semana, para colmo), luego se negó, y luego se cuestionó.

Mal indicio fue cuando a inicios de la semana pasada, en días laborables, el Presidente de la República, ni más ni menos que el jefe inmediato del Secretario de Comunicaciones y Transportes, no pudo ni afirmar ni negar esta declaración. Respondió a las preguntas de manera confusa, ambigua, dubitativa. Perfectas malas señales, y mal augurio cuando el Titular del Ejecutivo no puede responder claramente a una pregunta clara en torno a la situación que guarda uno de sus más cercanos colaboradores.

Esto si es una clara señal a nuestro sector, tanto a nivel nacional como internacional. El que un Secretario de Comunicaciones y Transportes, como titular de la autoridad en nuestro sector, por días no se sabe su situación o futuro trascendente y/o los motivos para su permanencia o salida, transmite una clara e inequívoca señal de inestabilidad, de falta de control y de incertidumbre. Exactamente lo que en estos momentos no necesitamos.

Difícil es saber las causas de todo este nuevo escándalo federal, y no es este el espacio ni el momento para la especulación porque deberíamos adentrarnos en otros terrenos y meternos en otras turbulencias. Pero a nivel internacional la semana pasada si se oyeron voces en el sector aeronáutico y aeroespacial de sorpresa, de reiterada duda y de desconfianza para México. Son voces que no oímos claramente por la distancia, pero que incuestionablemente se multiplican en la escena internacional.

Estamos en un momento donde el mensaje que debemos transmitir al exterior es de certidumbre, de confianza, de estabilidad. No podemos darnos el lujo de la ambigüedad, o la incompetencia. La aviación mexicana necesita un liderazgo fuerte y firme, estable y confiable, y prospectivo y de altura. No estamos haciendo “crítica destructiva”, ni señalando cosas que no se hayan dicho antes. Pero si debemos reconocer que nuestro sector requiere una seriedad y una madurez que no estamos externando.

No debemos olvidar que el futuro lo construimos hoy, y que las acciones que emprendamos en este momento poseen trascendencia integral en el porvenir. Difícil ya es la situación nacional, y complejo ya es el entorno de la aviación mexicana. No tenemos necesidad de complicarlo más, ni de enrarecer el ambiente con mensajes contradictorios y ambigüedades pasajeras. Necesitamos claridad, confianza, certidumbre y temple. Solo así podremos regresar a las alturas.

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