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05/04/2020

Entre científicos e ingenieros

José Medina Go… / Domingo, 22 Marzo 2020 - 21:05

Dando seguimiento a las tres columnas anteriores del suscribiente, en las cuales se traza una línea general sobre la cual podría proyectarse el potencial aeronáutico y aeroespacial de México como actor internacional, la entrega de esta semana nos lleva un paso más allá en la reflexión estratégica del tema. Sin embargo, es prudente advertir al lector que esta colaboración puede ser potencialmente controvertida y sujeta a debate y a diferentes posturas. De hecho, el objetivo de esta aportación semanal es precisamente ese: ser un catalizador reflexivo y que promueva la multiplicidad de opiniones, de posturas contrastantes y de discusión constructiva. No hay nada mejor para empezar la semana que un tema controvertido que nos lleve a aportar diversos puntos de vista y que nuestro punto de unión sea una sana y constructiva discusión.

Es interesante señalar también que el tema de esta semana es aplicable a diversos ámbitos de la vida pública nacional y global. Desde esta “pandemia global” que nos aqueja, así como en la toma de decisiones prospectivas en el comercio y la administración pública, los enfoques que esta semana presentaremos sobre la aeronáutica y el espacio son igualmente aplicables. Recordando un poco de la semana anterior, hablábamos de las ramas del conocimiento que debemos estimular y fomentar urgentemente como país si queremos proyectar todas nuestras potencialidades nacionales en la materia, y de esta forma seguir siendo actores activos en una sociedad internacional altamente compleja y dinámica. De la misma forma, señalamos que tal pareciera ser que la presente administración federal no ha identificado, reconocido o ha flagrantemente ignorado el desarrollo estratégico nacional en estos rubros.

Esperando (tal vez con pecaminoso optimismo) que en algún momento del futuro cercano se enmiende este curso de acción, y que se realice una reflexión constructiva y real al más alto nivel del Estado Mexicano para tratar de corregir el grave daño presente y potencial futuro al sector aeronáutico y aeroespacial en que se está incurriendo, será prudente reflexionar sobre cuál aproximación estratégica se debe adquirir y desarrollar, en razón que el camino es claro y esta trazado previamente con precisión.

En el mundo aeronáutico, aeroespacial y espacial existen dos grandes posturas, ora complementarias ora contradictorias. Por un lado, tenemos a los científicos, este cuerpo de élite intelectual que desarrolla y genera nuevos conocimientos y aproximaciones ante los problemas y temas que enfrentan a nuestra especie en su desarrollo y gestión al porvenir. Llegar a este punto no es fácil ni rápido, en razón que requiere décadas de gestión especializada y de desarrollo intelectual abstracto. La generación de conocimientos de vanguardia, independientemente del campo de conocimientos que nos refiramos, es producto de una sumatoria acumulativa de información previamente generada y la gestión prospectiva de nuevos recursos analíticos, para en conjunto generar un producto que pueda ser trascendente y no sólo una aparente curiosidad temporal.

De hecho, muchos de los conocimientos más trascendentes de la física teórica, la cosmología y la astronomía en su momento fueron identificados como meras “curiosidades”: conocimientos complejos, pero con poca posibilidad de trascendencia al no poderse aplicar en su momento a problemas específicos y vigentes. Lo que realmente ocurría es que como civilización no contábamos con los recursos tecnológicos o las aproximaciones apropiadas para poderles dar un eficiente empleo y una trascendencia aplicada a situaciones contextuales y coyunturales vigentes.

Esto nos lleva al segundo grupo de amplia trascendencia y valor agregado: los ingenieros. Este grupo de profesionales deben tomar los aportes y productos de los científicos y traducirlos en aplicaciones reales, así como convertir estos conceptos en aplicaciones materiales, ya sea por medio del desarrollo de nuevas tecnologías o la eficiente adecuación de las vigentes. El ser un verdadero ingeniero especialista no es una ruta profesional fácil, pues no solo requiere de la comprensión de complejos productos científicos sino también la experiencia para poderlos empelar eficientemente, así como la ingenuidad y la creatividad para desarrollar aplicaciones, técnicas y tecnología para emplear abstracciones complejas en productos puntuales y aplicables. Bajo esta lógica, no todos los científicos pueden ser ingenieros, ni todos los ingenieros pueden trascender a ser científicos.

Evidentemente, cualquiera de las dos ramas anteriormente expuestas requiere de una amplia vocación profesional, de una indudable dedicación y especialización, y de la correcta coyuntura para su eficiente empleo. La aeronáutica y el entorno aeroespacial requieren indiscutiblemente de científicos e ingenieros comprometidos y que puedan realizar una vinculación simbiótica trascendente, y ambos son requeridos para poder hacer frente a los grandes retos que como especie enfrentamos en innumerables rubros y temas cotidianos.

En el caso de México a lo largo del siglo pasado desarrollamos amplias capacidades científicas y de ingeniería, al punto que actualmente somos reconocidos a nivel internacional por la cantidad y calidad de los aportes que nuestros connacionales han expuesto en los últimos años. Sin embargo, en el plano estratégico, como país debemos reflexionar y decidir qué ruta queremos tomar, a saber una de tres opciones: o tomamos la postura científica, en la cual orientamos la mayoría de los recursos nacionales en desarrollo y generación de nuevos conocimientos aeronáuticos, aeroespaciales y espaciales, así como en ramas del conocimiento vinculadas; tomamos la postura de ingeniería, tomando los aportes de otros Estados y creando nuevas aproximaciones y tecnología de vanguardia para aplicar los mismos y así fomentar la proyección industrial global; o decidimos generar ambas posturas al mismo tiempo.

Cabe señalar que si tomamos el tercer camino es mucho más arduo, más costoso, y ciertamente más complejo. Pero la recompensa por esta decisión es la posibilidad de México de convertirse en una potencial mundial en la materia, al tener ambas capacidades estratégicas y trascendentes en el entorno global.

Finalmente, debemos recordar que la no acción es una acción en sí misma, y esta parece ser la postura de México en el contexto contemporáneo. Es por ello que invito al lector a esta reflexión sobre el camino que debemos emprender, y la postura que debemos adquirir tanto en lo individual como sector y como país. Y usted ¿es científico, ingeniero, o cautivo de ambos? ¿Qué quiere que seamos en veinte años como país? ¿Qué postura considerar es la más acertada?

Buen inicio de semana.

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