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19/11/2019

Riesgos adicionales a la seguridad aérea: UAV y otros sistemas de propulsión

José Medina Go… / Domingo, 29 Septiembre 2019 - 20:02

La semana pasada en este espacio el suscribiente abordó el tema del ataque con drones en Arabia Saudí del 14 de Septiembre, así como discutió la necesidad de que México desarrolle protocolos de actuación de carácter preventivo ante esta tecnología en caso de que fueran empleados para fines disruptivos del orden social, legal y de Seguridad Nacional. Sin duda abordar este tema es abrir la Caja de Pandora, ya que se abre la discusión de la necesidad de regular eficiente y oportunamente estas tecnologías, pero también dejar suficientes grados de libertad para el progreso, el desarrollo y la proyección de este tipo de aeronaves. Pero la discusión no se queda ahí.

La tecnología de las Aeronaves No Tripuladas (UAVs, Drones, etc.) no es nueva, ni los riesgos asociados a estas son novedosas. Atraigo a la atención del lector que el primer Vehículo Aéreo No Tripulado fue de hecho diseñado para fines militares de reconocimiento e inteligencia y ataque furtivo, era supersónico (podía volar al menos a Mach 3.3) y hasta hace pocos años fue desclasificado. Sin duda esta aeronave es objeto de controversia y debate en numerosos entornos, pero lo que es incuestionable es que varios aspectos son interesantes de este UAV, conocido como el D-21: era operado exclusivamente por la Fuerza Aérea de Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia de ese país (CIA), era uno de los proyectos más secretos y clasificados del gobierno de Estados Unidos, y tenía un record de accidentes increíbles. Uno de ellos fue durante una misión de reconocimiento sobre territorio chino, y hay indicios que una de estas aeronaves en su momento fue partícipe de un percance sobre espacio aéreo mexicano hace algunas décadas. 

Pero lo más destacable es la fecha “oficial” -que en el mundo de la inteligencia por lo general es años más tarde de la verdadera concepción del proyecto- del diseño de esta aeronave: Octubre de 1962. El proyecto fue desarrollado por Lockheed Martin, en su división de Skunk Works (Proyectos Clandestinos) y fue un complemento al proyecto A-12/M-21, que sería conocido en la aviación posteriormente como el SR-71 “Blackbird”, una de las aeronaves más extraordinarias que alguna vez fueron diseñadas y que surcaron los cielos de nuestro planeta. Sin embargo, lo destacable del dron D-21 es que era una aeronave autónoma, operada a control remoto y que podía ser empleada para fines de reconocimiento o para ataque, dependiendo de la carga que se instalara antes de despegar. 

El razonamiento es obvio: si esto era posible en la década de 1960 ¿qué capacidades existen actualmente? Evidente es el potencial de los Vehículos Aéreos de Combate No Tripulados (UCAVs por sus siglas en inglés) como los Reaper y los Predator de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, sin embargo los ataques en territorio saudí demuestran más allá de la duda razonable que con menos recursos y tecnología drones civiles pueden generar daños catastróficos. Por su parte, como comentamos en su momento este tipo de vehículos es muy complicado-más no imposible- detectarlos y neutralizarlos, y aunque se han desarrollado medidas de seguridad física para tales fines distan mucho de ser invulnerables. 

Pero esto también nos debe llevar a preguntarnos qué otras tecnologías pueden ser empleadas para fines destructivos/disruptivos que no se encuentran reguladas y que se encuentran potencialmente a la mano de actores potencialmente adversos a los Estados contemporáneos. De entrada cualquier mecanismo de propulsión que sea difícil de detectar, así como para orientar un objeto que pueda se convertido en un misil o arma debe estar en nuestras consideraciones. Por su parte debe de cumplir con dos características esenciales para ser considerado como amenaza potencial: que su diseño potencialmente pueda ser empleado para un fin nocivo y que exista el acceso a estos medios por individuos o grupos con intencionalidad nociva. 

Sin duda vehículos con medios de propulsión mecánica y de combustión se encuentran por sobra considerados. Pero hay otras tecnologías de vanguardia que también deben ser analizadas, tales como la propulsión electromagnética. Pese a que los diseños comerciales son relativamente novedosos los conceptos y preceptos físico-teóricos para su empleo han sido planteados y desarrollados desde hace décadas. Sin intención de profundizar en detalles técnicos innecesarios para este espacio, esta tecnología implica el uso de campos electromagnéticos para generar presión, que a su vez pueden impulsar un vehículo u objeto a muy altas velocidades y prácticamente sin dejar una estela que pueda ser rastreada. Debido a su velocidad, baja “firma”, y falta de requerimiento de combustible y de motores convencionales (en caso aplicable), es considerablemente difícil detectar oportunamente estos objetos/aeronaves. 

Finalmente, esta tecnología no es restrictiva a los Estados y grandes corporaciones, ya que los fundamentos teóricos son públicos y se han discutido ampliamente en numerosos espacios informativos. En consecuencia debemos preguntar: ¿qué impide que grupos antisociales empleen estas tecnologías de manera adversa a los fines del Estado? Realmente muy poco; y eso es lo preocupante. No se trata de ser “alarmistas” como irreflexivamente podría suponerse, o bien como “extremistas”. Más bien debemos ser conscientes de estas tecnologías, regularlas y prepararnos para su empleo dentro y fuera del marco legal nacional e internacional vigente. 

En el entorno internacional existe relativamente poca regulación en esta materia, y en el ámbito nacional la misma es virtualmente inexistente. En buena parte esto se debe a que la discusión nacional se sigue concentrando en ver tecnología contemporánea que para fines y efectos prácticos dista mucho de ser de vanguardia. En consecuencia, la discusión nacional en materia de Seguridad Aérea debe estar bajo el entendimiento que las mayores amenazas no son aquellas para las que estamos plenamente preparados sino para las que no estamos preparados (obvio), y por lo general esto implica tecnologías avanzadas y sofisticadas para las cuales no estamos preparados (no tan obvio). Sea entonces este un llamado a ampliar nuestra mirada y prospectiva, a reserva que queramos estar poco o mal preparados para los riesgos y amenazas del porvenir en este complejo y siempre dinámico mundo de la aviación. 

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