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23/03/2019

Acciones, hechos y palabras: congruencia para la seguridad aérea

José Medina Go… / Domingo, 10 Marzo 2019 - 17:34

En el marco del Aviation Summit en la Ciudad de México el 28 de Febrero pasado, Alexandre de Juniac -director general de la IATA- indicó contundentemente que el plan del Gobierno Federal de México de construir tres aeropuertos en el Valle de México como una respuesta a la cancelación del NAIM no sólo es compleja, sino que no resuelve los problemas de saturación, se encuentra plagado de problemas técnicos y comerciales y es potencialmente inseguro. La SCT, con todo el aplomo que le ha caracterizado, no tuvo más que aceptar y consentir.

El Estado Mexicano se encuentra ya liquidando pagos de cancelación para proyectos que integraban el NAIM. Si hacemos una sumatoria de todo lo que se ha pagado hasta el momento –y lo que nos falta por pagar– el monto asciende a una cifra aterradoramente alta. De hecho en ciertos cálculos, parece ser que los pagos en total ascienden a mucho más de lo anticipado, proyectado y presentado públicamente por el Gobierno Federal. Esto aunado a los costos programados para fortalecer el Aeropuerto Benito Juárez, el de Toluca, adaptar a la BAM 1 Santa Lucía para la aviación civil internacional y el proyecto de Tizayuca elevan el costo de la decisión de cancelar Texcoco a un vertiginoso monto que el Estado debe subsanar por medio del erario público.

Por si esto no fuera suficientemente crítico, el 27 de febrero tuvimos uno de los días más “reveladores” de la SCT, el cual sigue cimbrando los fundamentos de la confianza pública y sembró el peor enemigo de las instituciones: la duda. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes señaló que las grabaciones del helicóptero en el que perdieron la vida la Gobernadora del Estado de Puebla, su esposo y legislador federal y dos pilotos en vísperas de Navidad del año pasado se reservarían por al menos cinco años, argumentando que sus contenidos “podrían afectar la Seguridad Nacional”.

Legisladores, líderes de opinión, medios de comunicación, académicos, periodistas y las redes sociales no dejaron de denunciar esta aberración, señalando que la misma era “evidencia contundente de una conspiración”. Horas más tarde, la SCT y el propio titular del ejecutivo ya informaban a los cuatro vientos que esto era “un error”, “un malentendido” y que “los medios […] no entendieron”. Se rectificó e informó que las grabaciones se pondrían a disposición pública con fecha 28 de febrero. Con gran anticipación el medio especializado, interesado y curioso esperó estas grabaciones, bajo la concepción que sus contenidos serían contundentes para la investigación. Se escuchó esta trágica grabación, esperando la parte donde autoridades federales hacía menos de veinticuatro horas argumentaban había contenidos que potencialmente “podrían afectar la Seguridad Nacional” y encontramos exactamente…nada.

Todo este incidente es parte de una larga serie de desaciertos, falacias, errores y omisiones por parte de las autoridades federales correspondientes. Sin duda, la declaración inicial fue trágicamente equivocada, y nos muestra la falta de tacto al momento de emitir declaraciones que tienen que ver con la seguridad aeronáutica nacional. No sólo abrieron la puerta a las dudas, la especulación y la incertidumbre (todo lo que el Estado por su propia naturaleza debe evitar y minimizar) sino también quedó claro algo más alarmante: o consideran que algo hay en este caso que puede afectarlos, o no están entendiendo realmente cómo se maneja la Seguridad Aérea Nacional y la investigación de incidentes, o simplemente no entienden que es la Seguridad Nacional.

Cualquiera de estos tres escenarios es terriblemente preocupante, y dejo al reflexivo lector su propia interpretación informada. Si juntamos este incidente a los otros ya presentados el panorama que se dibuja es francamente preocupante. El Estado Mexicano tiene un franco problema en materia de política aeronáutica nacional, y la urgencia de establecer una autoridad institucional competente en la materia de carácter definitorio para esta administración ya rebasa los límites de lo aceptable en el entorno nacional e internacional.

Más alarmante es que el Gobierno Federal está sembrando demasiadas semillas de desconcierto, duda e incertidumbre en el sector aeronáutico nacional e internacional. Como hemos presentado en este espacio en repetidas ocasiones, nos encontramos en un sector donde la confianza lo es todo, ya que las percepciones pueden ser tan o más contundentes que los hechos. Esto debería llevar al Estado Mexicano y sus instituciones reorientar sus esfuerzos a la brevedad. Estas afirmaciones y análisis podrían parecer para algunos como una exageración pero realmente se trata de un llamado a no sembrar dudas ni ambigüedades en un entorno que sediento se encuentra de claridad y que suplica definiciones contundentes que sean congruentes con la tendencia global.

En esta época donde los dichos populares están de moda el mensaje es: “no hagas cosas buenas que parezcan malas, ni malas que parezcan buenas”. El costo de cualquiera de las dos es demasiado alto, y no lo veremos inmediatamente sino en el mediano y largo plazo. Ya la IATA nos lo dijo clara y contundentemente. Es de sabios hacer caso.

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