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12/11/2019

Una flecha que no dio en la Diana

Paco Corona / Lunes, 11 Abril 2016 - 12:15

Hace unos días un buen amigo erró el tiro y su flecha cayó fuera de la diana. El hecho no sería noticia de no haber sido porque su flecha era un avión y la diana el aeropuerto Mariano Escobedo de Monterrey. Para quienes no estén familiarizados con el caso, en lugar de aterrizar en éste, el avión tocó tierra en el Aeropuerto del Norte, a escasas millas del otro.

No digo más, es de todos conocida la noticia, pero me quiero detener un momento precisamente en las noticias, y no en el hecho. Por un lado, pareciera que el apetito morboso queda satisfecho con irónica facilidad, pese a devorar rápidamente información, datos, declaraciones, suposiciones, hipótesis y hasta chismes, no importa lo preciso, lo cierto o lo correcto. Todo se reduce a que sea información rápida y creíble y de preferencia impactante, al menos en el título.

Pero profundizando más en este tema, ¿cómo se genera la noticia? Bueno, pues alguien pregunta, otro contesta y el primero hace pública la respuesta del segundo.

Lo normal es esperar que quien conteste esté involucrado de una forma directa o indirecta con la investigación y aquí es donde encontramos el principio del caos. No es una hipótesis, es prácticamente una certeza que normalmente la primera información alrededor de un incidente o accidente aéreo sea equivocada; no existe una ley que nos lo explique, pero me doy la opción -si me lo permiten- de bautizar una como Ley Corona, y ésta dicta:

La exactitud en la información que se genera alrededor de un accidente aéreo es directamente proporcional al tiempo que la separa del hecho e inversamente proporcional al interés público del mismo.

Y al parecer no hay excepciones a la regla... ¿Esto qué significa? Que las declaraciones y suposiciones que se dan en las primeras horas serán tan inexactas –o incluso falsas- como serán precisas las que aguardaron meses o años a que el dictamen oficial se presente, aunque para este momento el interés de la gente ha desaparecido.

Sin embargo, lo que me ocupa en esta ocasión no son esas suposiciones falsas o las noticias amarillistas, las cuales no hay forma de erradicar. Me enfoco, en cambio, en la información que emana de gente allegada a la investigación, como autoridades, investigadores, involucrados y expertos, y es aquí donde es problemático que la información filtrada pueda interferir en la investigación, afectar a los involucrados o simplemente tergiversar los hechos.

¿Por qué me preocupa? Si bien no se viola la “Ley Corona”, al ser una fuente “confiable” quien alimenta este círculo vicioso, hace automáticamente verdad una mentira, o al menos una media verdad, y de la suposición crea una certeza ante el ojo público, con las consecuencias que esto puede tener para todos.

En el anexo 13 de la OACI (Investigación de accidentes e Incidentes de Aviación), el Adjunto E (orientación jurídica para la protección de la información obtenida...) están redactados siete numerales que, para no irme más lejos, tratan sobre el manejo de la información contenida en una investigación formal, y específicamente de la filtración de datos oficiales sobre la investigación, y cómo esto no debe ocurrir. Claro que, en el caso del error de mi buen amigo, este tipo de filtraciones no ha existido… ¿o sí?

Veamos: no habían pasado ni 48 horas de aquel aterrizaje en el Aeropuerto Del Norte (ADN) y ya se tenían las típicas teorías todas ciertas del hecho, descripciones detalladas de la secuencia en la que supuestamente se dio el aterrizaje, palabras y hasta pensamientos y conclusiones de la tripulación.

Lo que ya todo mundo daba por hecho es que no había más que decir: era un evidente error de pilotaje que se debía castigar severamente, bueno, hasta declaraciones de que ya habían sido expulsados de la aerolínea.
¿Pero cuál es la realidad? La colección de dichos era tan falsa como las monedas de tres centavos –en las que no me pienso detener–, pero otras que evidentemente forman parte de la investigación formal igual circulan con ligereza y eso es lo preocupante. ¿Quién las filtró? y ¿por qué las filtraron?; que esto haya sucedido es el resultado de una lamentable actuación negligente.

Estas declaraciones no buscan más que dos minutos de fama, sin la más mínima conciencia que en su actuar están violando uno de los principios básicos, contenidos precisamente en el adjunto E del anexo 13 de OACI, el cual dice, textualmente:

La protección de la información sobre seguridad operacional es esencial para garantizar su continua disponibilidad ya que el uso indebido de esta información puede impedir la disponibilidad futura de esta información y afectar de forma adversa la seguridad operacional”.

Y si esto no es lo suficientemente claro, pregúntenle a los afectados si se les ocurriría volver a abrir la boca... pa´ la próxima –dirán– que investigadores, autoridades y expertos se rasquen todos con sus uñas. ¡No se vale!

Buen fin y buen vuelo.

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