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27/01/2020

Entra la FAM y la Fuerza Aeronaval: dos servicios hermanados y distantes

José Medina Go… / Domingo, 15 Diciembre 2019 - 20:48

Aprovechando que nos encontramos en fechas pre Navideñas y cargados de un entorno coyuntural caracterizado por contradicciones, interdicciones y recogimientos orientados a realizar un balance general frente al fin de este 2019  el suscribiente aprovecha la coyuntura para compartir una reflexión repetitiva de nuestro entorno y que en múltiples ocasiones se ha ratificado con las aportaciones de distinguidos oficiales, jefes, capitanes, generales y almirantes de nuestras Fuerzas Armadas: existe una gran afinidad conceptual y operacional entre nuestra Fuerza Aérea Mexicana y la Armada de México en una gran cantidad de rubros y temas, pero un gran distanciamiento en otros.

La FAM es una de las dos Fuerzas Armadas que dependen de la Secretaría de la Defensa Nacional, mientras que la Armada de México es el brazo operativo de la Secretaría de Marina. Recordemos nuevamente que el entorno conceptual es cómo concebimos las cosas, mientras el operacional es cómo las llevamos a cabo y cómo las medimos. Bajo estos criterios, así como reconociendo que ambas Instituciones de carácter histórico han sostenido rumbos diferentes, han gestionado mecanismos de desempeño propios y particulares, y han gestionado y desarrollado su propia doctrina y visión como entidades castrenses, debería de ser una situación distinta.

Para entender el por qué de esta situación debemos reconocer los antecedentes de la aviación militar de carácter global. Mientras que sin duda el ámbito aéreo obedece y sigue sus propios criterios y representa una innovación sustancial e independiente del desarrollo civilizatorio humano, es innegable que se debió recurrir a precedentes y aportaciones de otras ramas del conocimiento técnico y tecnológico, siendo las más afines el ámbito naval. Desde la terminología empleada hasta la perspectiva general del entorno y la técnica de su aplicación, la aviación se vio como una nueva extensión del entorno marítimo, por lo que naturalmente algunos fundamentos partieron de tan noble origen.

La aeronáutica se concibió como un nuevo entorno náutico, un entorno de élite, de maestría y dominio del ser humano frente a su entorno. El aire, al igual que el mar, es un contexto ajeno al ser humano, el cual no puede ingresar al mismo sin herramientas e insumos, así como conocimientos precisos y con un elevado grado de valentía y arrojo. El aire, al igual que el mar, es un espacio donde el ser humano no puede sobrevivir sin recursos tecnológicos, pero que con la práctica y el avance material que ofrece el ingenio dedicado de las mentes más brillantes de nuestra especie podemos conquistar, pero nunca dominar. Al igual que el mar, nunca podremos tener el dominio total y absoluto del medio aéreo, pero lo podemos usar para nuestros intereses. Lo anterior nos mueve y nos inspira a seguir avanzando en esta dirección, y de esa manera se convierte en un catalizador para el progreso, para el futuro y para la proyección de nuestra especie a nuevos entornos.

Desde esta perspectiva es entonces lógico y conducente reconocer que el aire y el mar tienen mucho en común. Por otro lado, la disposición humana para adentrarse en estos ambientes es más o menos la misma, reconociendo que no todos tienen el carácter o el interés por hacer de este entorno una vocación de vida y una profesión edificante. Es así como los aportes de un área influyen en la otra, pero eso es sólo como una consideración conceptual. En México debido a nuestro desarrollo social, institucional y como Estado en los últimos cien años la afinidad de estos dos rubros proviene de una competencia inter-institucional que ha discriminado entre nuestras Fuerzas Armadas de manera directa, pero de manera indirecta ha promovido una cohesión interna sólida y una vinculación inesperada.

Es así como el afán del México post- Revolucionario del siglo XX de fortalecer al Ejército Mexicano la FAM y la Armada de México comenzaron a compartir visiones doctrinarias, aportes técnicos e inclusive posicionamientos estratégicos. Es así como en el México contemporáneo se concibe que la primera fuerza de ataque ofensivo y defensivo es el entorno aéreo, seguido por una proyección del Poder Naval de la Federación, y posteriormente por el aseguramiento y la ocupación por parte del Ejército. Sin duda explicar a detalle este contexto doctrinario a detalle escapa por mucho de la intención de este breve texto, pero sobra decir que poco a poco la FAM y la Armada de México han ido complementando cuantiosos espacios prospectivos de nuestra doctrina militar, naval y aérea en un entorno contemporáneo.

Lo que todavía queda como una clara diferencia entre ambas instituciones es su visión aérea en el México del siglo XXI. La Aeronáutica Naval se define como el componente operacional que ofrece apoyo aéreo a las operaciones navales del Estado Mexicano, mientras que la Fuerza Aérea debe ser una Fuerza Armada de proyección global del Poder Nacional en el entorno aéreo. Que muchos quieran reducir a la FAM tan sólo como la “aviación militar” (exclusivamente un servicio que apoya las labores del Ejército) es un tema distinto, pero no cambia el hecho que doctrinariamente una Fuerza Aérea posee una dimensión totalmente distinta.

Es en este contexto donde la FAM y la Aeronaval mexicana difieren considerablemente, y aunque la segunda en teoría debe seguir el liderazgo de la primera en materia de Defensa y Seguridad Nacional en la práctica esto no necesariamente ocurre. Lo anterior se debe a diferencias doctrinarias y tradiciones contradictorias entre dos Secretarías de Estado y en una largamente postergada discusión en torno a la Defensa Nacional Aérea y Aeroespacial. Nos falta coordinación, nos falta visión, nos falta doctrina, pero sobre todo nos falta el ingrediente más importante: la Voluntad.

En este balance que tratamos de hacer al cerrar el 2019 deberíamos incluir este tema, de cómo nuestra FAM y nuestra Aeronaval deben cohesionarse coordinadamente bajo una misma Doctrina Nacional para brindar a nuestro país una verdadera protección y salvaguarda de nuestro espacio aéreo, reconociendo invariablemente que quien domina los aires controla la tierra y el mar, y esa es la clave la soberanía. Antes de acabar el año sería prudente tener claro este precepto irrevocable e indiscutible de la Defensa Nacional en el plano estratégico e integral.

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