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27/09/2020

F-16: ¿multipropósito obsoleto, opción vigente o propuesta viable?

José Medina Go… / Domingo, 24 Noviembre 2019 - 21:23

Siguiendo con la amplia discusión que el suscribiente ha mantenido en este espacio en semanas anteriores, uno de los temas más reiterativos en el medio de la Defensa y la Seguridad Aérea Mexicana es sobre la innegable necesidad de fortalecer y renovar el parque aéreo nacional para tales fines. Es incuestionable que nuestra flota aérea de la Fuerza Aérea Mexicana y Aeronaval no es ni remotamente suficiente para las necesidades nacionales contemporáneas; sin embargo, tampoco está sujeto a consideración que nuestro país lleva ya una buena temporada donde la inversión en estos temas ha sido considerablemente limitada. De hecho, tal pareciera que la presente Administración Federal en su irreflexivo afán por minimizar costos -tal vez “ahorros” mal entendidos- ha limitado aún más las capacidades aéreas nacionales, y cortado vías probables para fortalecer este importante rubro de la Seguridad Nacional.

Este tema y discusión no es nuevo, ya que tiene al menos dos sexenios que se ha manifestado en mayor o menor intensidad y con diferentes actores. Ya desde épocas del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) se hablaba en diversos círculos sobre la necesidad de renovar la flota aérea de la FAM, y en particular de sustituir los F-5 que conforman nuestra primera línea de élite de la Defensa Aérea Nacional. En general la discusión de podía dividir en tres grupos: aquellos que consideraban esta propuesta como una aberración indignante, considerando a los F-5 con una mística material insuperable para la aviación mexicana, aquellos que consideraban estas aeronaves como obsoletas y urgentes de sustitución, y aquellos que consideraban de manera prudente y moderada que podríamos preservar los F-5 y complementarlos con otras plataformas especializadas. Lo cierto es que estas nobles aeronaves han requerido de considerable mantenimiento, atención y refacciones, ya que en sí esta plataforma aérea se ha visto rebasada a nivel global por desarrollos más contemporáneos.

Sin intención de adentrarnos en cualquiera de las tres posturas anteriormente señalados, asumamos la necesidad de renovar y/o fortalecer nuestra flota aérea de primera reacción. En años anteriores existía un intenso debate en el medio sobre cuál aeronave sería la ideal para la FAM, y entre varios competidores europeos y norteamericanos el nombre que sonaba más frecuentemente era el F-16 Fighting Falcon. Lo anterior no es fortuito: el F-16 es una de las plataformas aéreas multipropósito más exitosas de la historia de la aviación, y sin duda uno de los aviones más flexibles en sus capacidades y versátiles en su aplicación. Es por ello que de una veintena de países emplean esta aeronave de manera ordinaria, e incluso Estados con mayores capacidades militares como Estados Unidos pese a tener plataformas más sofisticadas como el F-22 y el F-35 siguen recurriendo al F-16 como una aeronave multipropósito de alto valor agregado.

Desarrollado a inicios de la década de 1970, el F-16 es producto no sólo de avances tecnológicos de punta en su momento, sino también se encuentra arraigado en uno de las principales revoluciones doctrinarias en materia de combate aéreo de la historia. El Coronel de la Fuerza Aérea de Estados Unidos John Richard Boyd (1927-1997) es reconocido como uno de los grandes pensadores militares contemporáneos, y sin duda una de las mentes más influyentes en la planeación de la guerra moderna. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea y el conflicto en Vietnam, Boyd se especializó como uno de los grandes maestros del combate aéreo, desarrollando importantes teorías bélicas como la gestión energética y la eficiencia terminal. El primer principio hace alusión a que, en el combate aéreo entre dos aeronaves, independientemente de sus capacidades técnicas y las habilidades de sus pilotos, la ventaja la tendrá aquella que maneje mejor su energía y el que ahorre más de la misma siendo más eficiente. El segundo se refiere a el uso de técnica, de combustible, de armamento y de empleo tecnológico que cada aeronave pueda emplear para sin desaprovechar ningún recurso pueda ser más efectivo que las plataformas aéreas del enemigo.

En su conjunto, ambas propuestas señalan que las aeronaves más eficientes para el combate aéreo son aquellas que: gastan menos combustible, son más maniobrables, son más ligeras, poseen mayor poder de fuego, y son más versátiles. Evidentemente, conseguir todos estos atributos en una misma plataforma aérea es virtualmente imposible, pues el fino equilibrio que debe mantenerse para tal fin es complejo de conseguir. En consecuencia, para lograr estos fines el diseño de las aeronaves de combate debería de ser revolucionado y sus costos disminuidos muy considerablemente. Aviones como el F-15 Eagle eran muy versátiles pero muy caros, y sus dimensiones les impedían mucha flexibilidad operacional. Es este planteamiento el origen del F-16 y es por ello que a partir de 1976 cuando esta aeronave voló por primera vez, ésta se ha convertido en el estándar casi ideal de las aeronaves de combate. 

Ligero, ágil, flexible, relativamente barato, maniobrable y adaptable, el Fighting Falcon (o “Viper” como se le refiere afectuosamente en algunos círculos) es sin duda un referente internacional. Inicialmente fabricado por General Dynamics, en 1993 tras la venta de la división aérea de esta empresa a Lockheed Corporation y en 1995 con la unión dé esta con Martin Marietta, el F-16 es fabricado hasta nuestros días por Lockheed Martin y se han desarrollado más de quince variantes especializadas. Es una aeronave multipropósito de alto valor agregado, y cada nueva generación se incorporan nuevos recursos técnicos y tecnológicos para incrementar las capacidades de esta aeronave. 

Por supuesto, este argumento no quiere decir que México debe adquirir F-16 como un complemento de su parque aeronáutico, o bien sustituir las aeronaves de ala fija que tiene por esta plataforma. Pero si implica que aquellos criterios doctrinarios que dieron vida al F-16 Viper deben ser incorporados en nuestra visión de Defensa Nacional, y que las futuras adquisiciones de ala fija y rotativa para incrementar las capacidades de nuestra Fuerza Aérea y Aeronaval sigan aquellos principios esenciales que dieron forma a uno de los aviones de combate más emblemáticos y exitosos de la historia.

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