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14/12/2019

Dominio aéreo = prioridad estratégica

José Medina Go… / Domingo, 30 Junio 2019 - 20:04

En este espacio semanal ha sido un tema recurrente el Poder Aéreo Nacional, entendiendo por este el componente vertical del Poder Nacional sobre nuestro espacio aéreo soberano y la capacidad del Estado Mexicano para influir en otros actores globales por medio del aire e incluso el espacio. Recordemos que el término “Poder” hace alusión a la capacidad que un actor tiene para influir en otros para obtener sus intereses, ya sea en un tiempo presente o potencial futuro. En consecuencia, el Poder Nacional es la suma de todas las capacidades (presentes y potenciales futuras) que coadyuvan a consolidar, proyectar y expandir los intereses de la Sociedad o conjunto de Sociedades de un Territorio, representado en un Gobierno que se materializa en Instituciones. En otras palabras, el Poder Nacional lo ejerce el Estado; coordinando, promoviendo, catalizando e incentivando su sociedad a contribuir positivamente para fines que aseguren, consoliden y comprometan los medios para afianzar intereses estratégicos e integrales en el presente y/o en el porvenir.

El Poder Aéreo Nacional, es en consecuencia, la suma integral de las capacidades gubernamentales-institucionales y privadas de la sociedad del Estado que de manera presente y prospectiva coadyuvan para influir en otros actores globales para el beneficio de intereses nacionales, y para proteger y salvaguardar los mismos dentro de la soberanía nacional de carácter vertical. Recordemos que la soberanía no sólo se ejerce sobre nuestro territorio, sino también –por Derecho Internacional- donde se ubique una aeronave, buque o instalación diplomáticamente acreditada del Estado Mexicano. Lo anterior nos remite a una visión y proyección global en razón que nuestro medio de interacción es común. Sin embargo, si seguimos avanzando en esta reflexión llegaremos a la conclusión que la comunidad global se proyecta cada vez más hacia el espacio, y en este –nuevamente por Derecho Internacional- no puede ejercerse la soberanía del Estado. En otras palabras: en este entorno el Poder se ejercerá no en virtud de una serie de coordenadas geoestacionarias sino por las capacidades reales con las que cuenta cada Estado para proteger sus intereses.

El Poder Aéreo (y en consecuencia el aeroespacial) tiene varios niveles de gestión, los cuales son inversamente proporcionales a los adversarios/oponentes/competidores. Es decir, mientras que un Estado avanza en la progresión se enfrentará a una competencia de otros actores que a su vez poseen un “nivel” específico; por lo que mientras un Estado avanza frente a otro, su contraparte debe obligadamente “ceder” o “retroceder” en su posición. De ahí que los “niveles del Poder Aéreo” son un espacio de competencia transnacional importante, donde realmente se ve y se nota el esfuerzo y las capacidades reales y potenciales de un Estado frente a otros. Es, de esta forma, una radiografía clara de cómo es y cómo se podría comportar un Estado; y en consecuencia es un claro indicador del porvenir de ese país y su sociedad.

De carácter individual el primer nivel es la Incapacidad, siendo este auto explicativo. El segundo nivel es la Negación Aérea, es decir tener los recursos (terrestres y/o aéreos) para negar la acción aérea de otros actores. El tercero es la Paridad, es decir tener las mismas capacidades de interacción aérea que otros actores en un espacio, contexto y coyuntura determinada. El cuarto es la Superioridad, o tener una ventaja relativa o comparativa frente a otros actores aéreos. A partir de este punto se puede apreciar un claro beneficio y oportunidades para el Estado que posee la Superioridad, pues puede consolidar una oportunidad competitiva para su beneficio. 

El quinto lugar es Superioridad Aérea, la cual implica la consolidación de una o más áreas de oportunidad y explotación de ventajas relativas, las cuales implican un claro beneficio al Estado y le permiten controlar los designios de otros actores transnacionales para su beneficio. En razón del planteamiento anterior en el que hablábamos de la correspondencia opuesta de otros actores, su o sus contrapartes tan sólo pueden aspirar a tratar de “negar” el espacio aéreo para las operaciones ordinarias, pero realmente no ofrecen una resistencia significativa (tampoco despreciable, pero definitivamente en una posición de total desventaja).

El sexto y máximo nivel alcanzable es el Domino Aéreo: control total y absoluto del espacio aéreo propio y del de otros actores, donde toda la toma de decisiones de otros se encuentra totalmente subordinada a las del Actor Dominante y que en consecuencia puede influir a discreción en las acciones de los Dominados para su beneficio inmediato o estratégico. La contra parte tendría la “Incapacidad Aérea”, y por lo tanto no representa una ponderación influyente en la toma de decisiones. Este nivel es al que todos los Estados modernos y contemporáneos buscan aspirar, y para alcanzarlo invierten cantidades extraordinarias de recursos, ya que los beneficios de consolidar esta posición superarán por mucho en el corto, mediano y largo plazo la inversión necesaria para obtenerlo.

El suscribiente se alegraría en señalar que este es el nivel al que México debe buscar aspirar y consolidar, pero sería tanto igual a un delirio diurno. Trágico es ver que ni siquiera en la doctrina nacional hay cabida y albergue para estos términos, y por tanto algunos ni siquiera figuran en a visión y planeación nacional (cuando esta se elabore y se publique, claro esta). Es entonces menester del suscribiente incentivar al lector a la reflexión y a urgir a que se contemplen estos términos y sus plenos significados e implicaciones en la Doctrina y la Visión Nacional.

Bajo la premisa que “no se sabe lo que no se sabe”, debemos considerar que existen estos términos, visiones y prospectivas para posteriormente darnos a la concienzuda tarea de emprender los esfuerzos por alcanzarlos. Es decir, debemos construir los medios para llegar a ascender en esta “pirámide” de los niveles del Poder Aéreo para beneficio futuro de la Nación. Lo primero sería identificar en cual nivel estamos, y a cual queremos llegar.

¿Usted que opina? ¿En cuál nivel estamos? ¿A cuál podemos realistamente aspirar? ¿La visión aeronáutica y aeroespacial nacional actual y vigente realmente nos lo permite? ¿Qué debemos hacer para llegar ahí? Muchos temas, demasiadas reflexiones, cuantioso trabajo por delante. Y apenas es lunes.

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