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15/08/2018

El avión presidencial, visión de Estado y el pacta sunt servanda

Rodrigo Soto-Morales / Lunes, 16 Julio 2018 - 12:10

Twitter: @rsotomorales

La fórmula pacta sunt servanda puede traducirse como aquella obligación —más de tipo moral que legal— que consigna la obligatoriedad de los pactos libremente establecidos. En el caso del arrendamiento financiero del Boeing 787 José María Morelos, es decir, del avión presidencial, no se mantendrá. 

El contrato de arrendamiento financiero del avión presidencial se celebró dentro del marco de un acuerdo más amplio, un pedido a la Boeing Company por parte de Aeroméxico; y por tanto a un mejor precio.

Ahora la arrendadora tendrá que hacer nuevo negocio, colocando la aeronave en un mercado secundario de aviones presidenciales u oficiales, dadas la mejoras técnicas ex profeso con las que cuenta. 

La presidencia en turno y algunas firmas consultoras de negocios han afirmado que si se vendiera la aeronave a alguna aerolínea comercial, su venta representaría una pérdida de más del 58% de su costo, es decir, 128.2 millones de dólares (mdd). 

De hecho, el caso se analizó detenidamente con anterioridad (ver en El Financiero, nota de Eduardo Ortega , 14/01/2016). Ascend Flightglobal Consultancy, empresa internacional especializada en valuación y asesoramiento para la compra y venta de aeronaves fue la encargada de realizar un estudio al respecto. 

Este documento concluyó que, de comercializarse con su configuración actual en el mercado de aeronaves privadas, la venta podría concretarse en un plazo de entre 12 y 24 meses, dada las características de este mercado y la complejidad del contexto económico actual. Con todo, si se vendiera en 24 meses, la pérdida podría ascender a 30% de su valor (65.9 mdd) y si se colocara en 36 meses a cerca de 35% (76.2 mdd).

Los posibles compradores cuenta con esto como apalancamiento para su negociación, por lo que en su momento la conclusión del estudio fue clara: "En virtud de la pérdida que ocasionaría la venta al erario público y a que prevalecería la necesidad de renovar el avión presidencial a un tipo de cambio mayor, se determinó conservar la propiedad de la citada aeronave".

Además —todo el que está dentro de la industria aeronáutica o tiene un coche o una motocicleta lo sabe—, si el vehículo no se utiliza, se deteriora. Así que, mantener el avión estacionado en el hangar presidencial, significaría daños a sus piezas, la pérdida de su certificado de aeronavegabilidad —condiciones para volar—, por lo que se devaluaría más rápido y la pérdida sería mayor, ya que muy difícilmente sería adquirido por algún particular.

Cualquier plan financiero que se precie  —por muy conservador que sea—, parte de no perder. Por lo que en este caso, el plan de austeridad no sería tal, sería simplemente un “plan de pérdida de valor y de activos”.

Se gasta lo que se debe, aunque se deba lo que se gasta

Un presidente “virtualmente” electo y a meses todavía de asumir el cargo ya ha empezado a decir y repartir a manos llenas. Parte de esa grandilocuente manera de proceder, consistente con lo que dijo durante su campaña, fue confirmar, a través de su “virtual jefe de gabinete”, que la aeronave en cuestión será vendida junto con otras que conforman la flota del Estado Mayor Presidencial. 

La inmadurez política que lleva a considerar que todo lo hecho por otra administración está mal es lo que —en éste y otros temas— tiene a México en crisis y fracasos continuos. El caso del avión presidencial revela esa actitud del cuento de nunca acabar con nuestra clase política: “volver a empezar para imponer el sello personal” en temas donde lo que de verdad importa es la mejora y la continuidad. El cambio por el cambio no siempre se justifica.

Una verdadera visión de estadista, integral, no toma únicamente el criterio económico —la austeridad—  como eje de decisión con relación a un equipo que no es de tipo “administrativo”, sino “estratégico”. Pues las características y el desempeño de los aviones del Estado Mayor Presidencial, atienden también a elementos de Seguridad Nacional, y por tanto “táctico-operativos”. 

Es verdad que este tipo de aeronave no lo tenía ni Obama, pero Obama sí tenía aviones militares caza, de última generación escoltándolo y bases aéreas repartidas por el mundo en territorio de países aliados. 

México, gracias a diversos trabajos de mantenimiento general, ha recuperado la operatividad de dos aviones Northrop F-5 Tiger II, un modelo E y un modelo F. Este par de aviones ya se han visto recurrentemente sobre los cielos de la base aérea de Santa Lucía, confirmando que aún existe un impulso por no dejar morir la aviación supersónica de México. Ni qué pensar de contar con una flota de F-22 o F-35. 

En materia de giras internacionales, seguridad en espacio aéreo mexicano, y capacidad operativa, contar con un buen avión presidencial puede ser un gasto caro, pero necesario. Pues para bien o para mal, el presidente de los Estados Unidos Mexicanos es el “primer mandatario”, es decir, el enviado con una tarea concreta en servicio del pueblo al que “representa”. 

Creo que todos los mexicanos quieren ser bien representados, ser bien atendidos y servidos por su presidencia, y sin duda, eso implica austeridad, pero una austeridad prudente, justificada y sobre todo, oportuna.  Una austeridad que sólo busca popularidad, impacto mediático y configuración de imagen, no es austeridad, es propaganda.

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