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16/07/2018

Militarizar el espacio

Rodrigo Soto-Morales / Lunes, 25 Junio 2018 - 10:20

Twitter: @rsotomorales

Vamos a tener la Fuerza Aérea y vamos a tener la Fuerza Espacial, separadas pero iguales

—Donald Trump, 18 de junio de 2018

El pasado lunes 18 de junio, el presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump, se dirigió a legisladores y al Consejo de Seguridad Nacional (NSC por sus siglas en inglés) para reclamar la falta de atención que, según él, recibió el espacio exterior durante la pasada administración. 

Subrayó que un rasgo distintivo de la herencia y cultura estadounidense siempre ha sido conquistar nuevos horizontes y traspasar nuevas fronteras, por lo que hizo un llamado a la creación de la “sexta rama” de las fuerzas armadas de su país, la que denominó “Space Force”. Con esto, afirmó que se lograría asegurar el dominio de los Estados Unidos en el espacio, asunto que hoy en día no sólo es de interés, sino cuestión de Seguridad Nacional. Por ello, ordenó al Pentágono empezar “de inmediato el proceso de creación de estas fuerza armada espacial.”

Esta decisión dará un impulso vertiginoso a la Guerra Fría del Siglo XXI y la Carrera Espacial de los próximos doscientos años. China, Rusia y Europa estarán ahora ponderando sus contramedidas y ajustando sus planes, al tiempo que tratarán de discernir en qué temas pueden contar con Estados Unidos y en cuáles no. 

Ante este nuevo panorama, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) será ahora mismo un hormiguero donde los encargados de recolectar y analizar la información estratégica sobre la industria buscarán detalles y confirmaciones. Es casi imposible que esto no se haya sabido antes entre los aliados. Pero con Trump —durante la misma elección en la que llegó al poder, y por lo que hemos atestiguado durante su mandato en los últimos meses—, lo imposible no es descartable.

Militarizar el espacio es un hecho consumado desde la carrera espacial de los tiempos de posguerra. Los satélites primero fueron equipo militar y luego se les dieron usos civiles.  Incluso tras el fin de la Guerra Fría, y hasta ahora, se han priorizado los usos militares sobre cualquier otro. 

La Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos es el foro para el desarrollo del derecho espacial internacional, adscrito a la ONU, también debe estar ponderando la situación. Esta Comisión ha concluido cinco tratados internacionales y cinco conjuntos de principios sobre actividades relacionadas con el espacio. 

Estos cinco tratados (disponibles en este sitio) abordan cuestiones como: la no apropiación del espacio ultraterrestre por un país, el control de armas, la libertad de exploración, la responsabilidad por daños causados ​​por objetos espaciales, la seguridad y el rescate de naves espaciales y astronautas; la prevención de interferencia perjudicial con las actividades espaciales y el medio ambiente; la notificación y el registro de las actividades espaciales, así como la investigación científica y la explotación de los recursos naturales en el espacio ultraterrestre, y la solución de controversias. 

Cada uno de los tratados subraya la noción de que el espacio ultraterrestre, así como las actividades que se lleven a cabo en él, y los beneficios que puedan obtenerse de él deben dedicarse a mejorar el bienestar de todos los países y la humanidadhaciendo hincapié en la promoción de la cooperación internacional.  

 

Cooperación internacional para el bien de la humanidad o... 

No es difícil leer las intenciones y el estilo de Trump. Al contrario, sus mensajes son definidos y directos. Trump quiere mantener el dominio del espacio ultraterrestre, desde el punto de vista tanto militar como civil, comercial, etcétera. Estados Unidos cuenta con la tecnología para ello, y, en términos económicos, solamente China podría superarlo. De allí su guerra comercial contra el gigante asiático y sus negociaciones con Corea del Norte. 

Trump va a negociar para promover su meta, y cumplirá con quien lo apoye. Aquél país o sujeto que no represente una ventaja o posibilidad de lucro en favor de su estrategia, sencillamente está fuera de su agenda. Y, en algunos casos, no merece ni la mínima cortesía. Trump se ha convertido en lo que John Rawls llamaría un “Free rider”, un estratega aislacionista que no está a favor de la globalización ni del multilateralismo, si estos no le convienen. 

Con su imposición de aranceles, el mandatario estadounidense ha demostrado que el derecho internacional del comercio exterior no le importa, veremos si ahora le importa el "Tratado del Espacio Exterior" sobre los principios que rigen las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes. Aprobado por la Asamblea General de la ONU en su resolución 2222 (XXI), abierta a la firma el 27 de enero de 1967, entró en vigor el 10 de octubre de 1967. Sus países depositarios son Estados Unidos, Rusia y el Reino Unido, y los últimos cambios al tratado se ratificaron en 1992.

La actitud de Trump era de de esperarse, como de era de temer el inhumano espectáculo que los Estados Unidos han dado al mundo con la separación de padres e hijos migrantes. El tema aquí es que, según el Derecho internacional, ningún Estado tiene soberanía, propiedad o derecho de preferencia sobre el espacio ultraterrestre, ni la Luna, ni los cuerpos celestes; y su uso sólo debe ser científico y pacífico. 

El anuncio del lunes pasado sin duda agrega tensión hacia fuera y hacia dentro del país norteamericano. Lo único que quedaría por esperar es que en las concreciones de este plan vengan los matices, como ha sucedido en otras ocasiones con esta administración, que no siempre ha podido llevar a cabo tal cual lo que proclama.

Es momento de desempolvar el Derecho Espacial —que es un derecho internacional por antonomasia— y agudizar la diplomacia para que todo se interprete y se ejecute en su justa y debida proporción. Esperemos que el “pluralismos razonable” se manifieste en la Cámara de Representantes y en el senado estadounidense para que esa vocación de avanzada sea en pro de la humanidad entera, pues como dicen en béisbol: "jugar a los soldados en el espacio es jugar en ligas mayores…".

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