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20/11/2019

Aviones, seguridad y democracia

Rosario Avilés / Lunes, 4 Noviembre 2019 - 20:46

Las primeras dos palabras son inseparables. Sin seguridad no hay aviación y eso está tan claro que cualquier cosa que ponga no sólo en riesgo, sino incluso en duda, la seguridad en las operaciones aeronáuticas está, tarde o temprano, condenada al fracaso. La tercera palabra, la democracia, es aparentemente un vocablo extraño, si no fuera porque de la transparencia de los procesos y de la capacidad de los usuarios de castigar o premiar un producto, depende en gran medida la supervivencia de una marca.

Lo que ha sucedido recientemente con el Boeing 737 MAX es un ejemplo muy claro de que en un entorno democrático, como es la economía estadounidense, lo bueno o malo que pueda hacer una empresa trasciende y es un inmediato foco de atención que, inclusive, pone en el banquillo de los acusados a una compañía emblemática y fuerte, bastión de la defensa y la industria aeroespacial de los Estados Unidos. Pero eso, lejos de hablar mal del sistema, lo refuerza.

Que hoy se sepa que en el desarrollo del modelo MAX hubo errores, omisiones, prisas, descuidos relevantes, que llevaron a la muerte a casi 300 personas, es producto de un entorno donde la información fluye (no sin previa investigación pero accesible) y, por otro lado, donde la palabra, el prestigio, la responsabilidad pública, son aquilatadas y tan valiosas, que una sesión del Senado puede hacer temblar a una de las empresas más importantes de ese país.

Esto ha obligado a Boeing a tomar medidas, cambiar personas, reestructurar procesos y tener un ente supervisor por encima de los mandos directivos, que será responsable ante el Consejo de Administración y ante la opinión pública de lo que en materia de construcción de aviones se haga al interior. Buena noticia, si tomamos en cuenta que Boeing sigue construyendo aviones cada día y sus diversos modelos siguen volando y vendiéndose.

Este episodio, por lo demás, hizo que los ingresos y las ganancias de la empresa cayeran 23% y 97%, respectivamente; que las entregas estén al 70% y que el mercado se cobre el incidente con un castigo severo al precio de las acciones. Paralelamente, los usuarios han estado siguiendo muy de cerca lo que hacen ésta y otras armadoras de aviones en el mundo, donde cualquier pequeño defecto (grietas, fatiga de materiales, grapas para sostener alas, vida de los motores, etc.) está ya bajo el escrutinio público.

No se puede decir lo mismo de lo que sucede en otras latitudes. Los accidentes e incidentes graves, así como el descubrimiento de malas prácticas en el armado de aviones, apenas merecen una ligera llamada de atención en casos como el Sukhoi o, más recientemente, los atrasos del C-919 de la empresa china COMAC, que también ha estado bajo vigilancia por posibles prácticas desleales, según explica un informe de la empresa de seguridad estadounidense Crowdstrike, citado por El Confidencial, de España.

De acuerdo a ese informe, el avión se ha demorado, entre otras cosas, por la negativa de varios proveedores occidentales a continuar en el proyecto por supuestos ataques cibernéticos para sustraer planos y otros secretos industriales. Sin embargo, de ello se sabe muy poco y desde luego, no es motivo de escrutinio de la prensa en aquel país.

A pesar de lo que se diga y del escándalo que puede suscitarse con la develación de correos, las opiniones de especialistas, las protestas de los damnificados y el público regaño del Senador por Connecticut Richard Blumenthal al CEO de la Boeing, Dennis Muilenburg, el entorno democrático le hace mucho más bien que mal a la industria.

En la medida en que los consumidores tienen acceso a la información y a que ésta sea pública, ya sea motu proprio o a través del mercado de valores, el sector del transporte aéreo será más fuerte, seguro y eficiente.

Lo oí en 123.45: ¿Y Mexicana? E-mail: raviles0829@gmail.com

 

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