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25/08/2019

Señor Armstrong, ¿llegó realmente el hombre a la Luna?

Juan A. José / Martes, 16 Julio 2019 - 21:17

Dadas las distancias involucradas en lo que toca a viajes espaciales, la variable del tiempo cobra particular relevancia. Tiempo…ese gran activo que la vida nos obliga a valorar conforme pasan los años. Ya han pasado cincuenta de ellos desde aquél día en el que, todo parece indicar, el ser humano realizó uno de sus más grandes sueños: posarse en la superficie de nuestro satélite natural, la Luna.

¿Todo parece indicar?

Así es…y es que uno de los grandes debates en todo tipo de foros, desde la sobremesa de una comida entre amigos o un gran panel científico gira alrededor de una pregunta:

¿Realmente llegó el hombre a la Luna?

Tuve la oportunidad de planteársela nada menos que a Neil Armstrong, comandante del Apolo XI, en Las Vegas, Nevada, el 12 de octubre del año 2004, durante la Convención de la Asociación Nacional de Aeronaves Ejecutivas de los Estados Unidos, pero no lo hice; es más, jamás pasó por mi cabeza hacer tan inoportuno cuestionamiento a un hombre que era conocido por ser renuente a entrevistas y parco en sus comentarios con extraños.

Mi breve conversación con él, por cierto, uno de los momentos que más atesoro, se centró en Charles Lindbergh; de hecho, fue mi tarjeta de presentación como presidente de la Lindbergh Collectors Society lo que me dio acceso al reservado pero histórico personaje, que junto con otros dos astronautas escribieron una de las páginas más apasionantes de la aventura humana, 

Uno de ellos es el amable Michael Collins a quien Lindbergh le prologó un libro diciéndole: “Usted y yo compartimos el haber estado en solitario más lejos que nadie”, haciendo referencia al detalle de que no bajó al satélite, sino que se mantuvo orbitándolo en espera del regreso de sus compañeros, siempre amenazado ante la posibilidad de que estos no pudieran despegar de regreso al Módulo de Mando “Columbia” y así verse obligado a intentar regresar a la Tierra sin ellos. El otro miembro de la tripulación es el temperamental Buzz Aldrin, que se afirma, nunca pudo con el hecho de no haber sido el primero en descender del “Eagle”, honor que recayó en el ingeniero aeronáutico originario de Ohio.

Armstrong me dijo que, para mi enorme satisfacción, en buena medida atribuía el haber podido contar con un cohete espacial capaz de llegar a la Luna a los esfuerzos del piloto del “Espíritu de San Luis”, quien logró que el inventor Robert Goddard obtuviese los recursos financieros para desarrollar buena parte de la tecnología que, a su vez, empleó el alemán Werner von Braun para concebir cohetes espaciales a base de etapas propulsadas por combustible líquido, caso del Saturno V que impulsó al Apolo XI.

Es así que de esta manera un tanto personal, e inclinado a creer que el 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin, efectivamente pisaron la Luna, celebro los primeros cincuenta años del épico viaje, con la esperanza de que algún día, los humanos regresen a la Base Tranquilidad y con evidencia en mano, acaben con el debate.

De hecho, recientemente los norteamericanos, en voz de su vicepresidente y empresarios privados anunciaron planes para regresar al astro en un plazo de cinco años, algo que debo ser honesto me genera mucha ilusión ante la posibilidad de poder sentarme nuevamente ante un televisor para seguir la transmisión de ese nuevo alunizaje.

Sin embargo, más allá de la polémica, hay algo que me inquieta: En 50 años, cuando se recuerde el centenario del Apolo XI, ¿sabrán mis nietos quién era Neil Armstrong? ¿la opinión pública recordará ese aniversario? Como historiador aeronáutico, sinceramente así lo espero, pero con cierto escepticismo, dada la facilidad con la que los hombres olvidamos a los nuestros y perdemos la capacidad de asombro.

¡Todo un tema! Por lo menos en este 2019, muchos no lo hemos olvidado.

Es justo concluir dedicando esta entrega a la memoria de Armstrong, cuya alma deambula entre uno que otro cráter lunar, desde el 25 de agosto del año 2012.

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