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22/07/2019

Y… ¿cómo le vamos a hacer?

Gonzalo Carrasco / Jueves, 31 Enero 2019 - 21:54

No es nuevo que la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) ha alcanzado niveles importantes, pues los tiempos de espera antes y después de los despegues y aterrizajes hoy llegan a la exageración. Y si bien es cierto que en los aeropuertos de las grandes capitales del mundo el manejo de operaciones de despegue y aterrizaje es muy grande, al nuestro no se le ve salida para lograr no sólo un poco más de eficiencia, sino para aceptar un eventual incremento por la crisis que acusa en ciertos horarios.

Por fortuna la guía y control de las aeronaves se realiza diariamente con seguridad dada la preparación técnica y habilidad de pilotos y controladores aéreos quienes, conscientes del problema, se desempeñan con gran responsabilidad.

Cabría aquí hacer una pausa y plantear preguntas como: ¿por qué se saturó si una de las dos grandes líneas troncales –Compañía Mexicana de Aviación– dejó de operar? ¿Cómo y por qué se permitió la saturación y no se alertó a la comunidad aeronáutica del problema que se veía venir? ¿Por qué motivo se permitió la subutilización de aeropuertos como el de Toluca o Querétaro, siendo que estaba contemplados en el plan de desarrollo de la zona del Valle de México? ¿Qué motivos orillaron a la no utilización del aeropuerto de Toluca, aún siendo la base de inicio de tres aerolíneas mexicanas, a saber Volaris, Viva Aerobus e Interjet?

Cuando operaba Mexicana con base de operaciones en el AICM los números no acusaban una saturación. Baste recordar una serie de providencias que se tomaron para evitar llegar a ello: se sacó a la aviación privada de los hangares y lo mismo sucedió con las escuelas, que tuvieron que desplazarse a otros aeropuertos y/o aeródromos como Zihuatanejo, Acapulco, León, Cancún y varios mas. Además se restringió la operación de vuelo a funcionarios sólo de alto rango.

Entonces llegó 2010 y con ello el declive de la primera aerolínea de México, que se combinó con el surgimiento de tres compañías que, por la gran influencia de sus dueños, se anticipaban como líneas de gran calado. Recordemos también que ya se habían neutralizado y detenido operaciones de varias otras como Aviacsa, Azteca, Aerocalifornia y más que, según versiones oficiales, se encontraban con problemas financieros y/o operativos (y tengo serias dudas de que acaso no haya sido algo premeditado).

El caso es que a tambor batiente despegaron, literalmente, tres aerolíneas que abrazaron el modelo de bajo costo –promesa que todo mundo aceptó como verdadera puesto que el mundo así lo estaba experimentando–, y que iniciaron sus servicios a mediados de la década de los dos miles en los aeropuertos de Toluca (Interjet y Volaris) y Monterrey (Viva).

Hablando de la terminal mexiquense, ésta rápidamente dejó ver ciertas complicaciones técnicas dada su gran elevación que limitaba seriamente el funcionamiento (performance) de los aviones pero bueno, las compañías así la eligieron y aceptaron. Por su parte, la regia Viva tenía vuelos a la Ciudad de México pero con slots (horarios de operación) limitados pues tenían preferencia los operadores de tradición en el AICM como Aeroméxico.

Pese a todo, las cosas iban “viento en popa” pues los índices de crecimiento de la actividad turística iban en aumento, las operaciones aéreas se incrementaron de manera considerable y ¡por fin! se estaban ocupando infraestructuras de gran inversión tanto privada como oficial, todo en beneficio de la nación.

Pero de repente, y acelerado por la suspensión sorpresiva de la gran tronco que era Mexicana de Aviación, se decide que Volaris, Viva e Interjet tuvieran como base de operaciones la Ciudad de México. Pero el hecho es que aún no se decretaba la quiebra formal y el que se incluyeran tres nuevas líneas complicaría las cosas ante un eventual regreso de la troncal. Así, el fraude y la “negación” de los jugadores novatos y antaños en el AICM al resurgimiento de la desvalida Mexicana forzaron aún más las cosas hasta que ya no cabía nadie más. Desde entonces, las autoridades se limitaron a permitir más slots para que llegaran las extranjeras, y parecieron decididas a evitar a toda costa el regreso de nadie.

Si la saturación no fue casual sino más bien fue inducida por la autorización que se dió a las tres líneas nuevas de bajo costo –aunque ahora Interjet alega no ser de bajo costo sino de un esquema mixto–, hoy que existen severos problemas de saturación debería de analizarse quién de entre Aeroméxico, Volaris, Viva Aerobus o Interjet debe reducir sus operaciones en el AICM. ¿O es que hubo alguien beneficiado de esa misteriosa apertura de los cerrados cielos del Valle de México? ¿Se hizo con transparencia la operación que permite ahora que lleguen todas las líneas mexicanas sin restricción alguna?

En principio, dos cosas debieran hacerse para optimizar la utilización del AICM: una es regresar a Toluca a quienes allá nacieron y a Monterrey la que es de allá, y luego otorgarles slots pero pensando en no complicar la de por sí saturada área terminal del centro del país.

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