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19/08/2018

Más del accidente aéreo en Cuba

Gonzalo Carrasco / Viernes, 1 Junio 2018 - 11:07
He estado leyendo las últimas noticias acerca del accidente en Cuba del B737 de Global Air. Por ejemplo, están las historias que refiere un expiloto de compañía, quien se queja acremente del mantenimiento que recibían los aviones de la línea aérea. Me llama la atención que, en una entrevista en video, el capitán aceptara haber despegado el avión con sobrepeso en varias ocasiones y que justificara su accionar dadas las presiones de la alta dirección. Aunque entendible, este hecho me resulta difícilmente asimilable y, bajo ningún motivo, aceptable. 
 
Esto me remonta a tiempos pasados en México cuando existía una compañía llamada Taesa, propiedad del señor Alberto Abed y a quien algunos todavía refieren como “un gran empresario mexicano”. Dicha línea aérea operó varios años bajo el cobijo de las autoridades aeronáuticas del país y se dice que recurría a terrorismo laboral, mantenimiento inadecuado de sus aeronaves y sobornos de inspectores con tal de que sus vuelos nunca fueran “afectados”. 
 
Después de mil problemas serios y varios accidentes, Taesa fue cerrada por insegura y por falta de apego a los procedimientos establecidos. Tan vergonzoso como suena, el accidente del Global Air en La Habana parece ser una reedición de aquellos macabros tiempos.
 
Estoy de acuerdo en que ninguna conjetura –pues lo que se conoce hasta hoy no pasa de ser eso– coadyuva al esclarecimiento del accidente. No obstante, uno no se puede quedar callado ante lo aterrador de este suceso que ha causado un gran dolor en el pueblo cubano y, por supuesto, en el mexicano. 
 
¿Falla humana o de mantenimiento?
 
Dado que las condiciones metereológicas prevalecientes al momento del despegue del B737 eran buenas, como causas probables sólo quedan el error humano y falta de mantenimiento. El primer factor habría que analizarlo detenidamente utilizando los valiosos implementos que significan las grabadoras de voz y de datos de vuelo, recién recuperadas por las autoridades cubanas. 
 
De las maniobras practicadas en el simulador a través de mis veintiún años de asesor-instructor, me he podido dar cuenta que las fallas más difíciles de superar son las de controles de vuelo. La falla de motor antes del despegue, aunque delicada, es una maniobra mucho más controlable que la falla de controles de vuelo. 
 
Aún existen pocos datos pero, según una animación del despegue fatal del avión a la que tuve acceso, se aprecia una posible falla de controles de vuelo por el brusco viraje hacia la derecha –a una distancia tan pequeña del suelo– seguida de constantes alabeos, lo que representan la combinación perfecta para que se produzca un accidente como el que ahora, por desgracia, nos ocupa. 
 
Ningún piloto en su sano juicio sería capaz de virar un avión en el despegue a esa distancia del suelo y, por lo que se ve, a los pilotos del vuelo 972 no les fue posible controlar el equipo, que a los pocos segundos de haber despegado se precipitó a tierra totalmente fuera de control.
 
Respecto al mantenimiento, han surgido muchas voces –entre ellas la del capitán que mencioné más arriba– que refieren al mal seguimiento de este rubro en las aeronaves de Global Air: voces que afirman que existió colusión con las autoridades mexicanas al dejar volar los aviones con muchos faltantes, lo que se traduce en riesgos innecesarios.
 
En aviación, el mantenimiento que se debe realizar a los aviones está contemplado en numerosos y voluminosos manuales de los aviones. El transporte aéreo de personas es una actividad tan delicada que todas las acciones de mantenimiento, adiestramiento y operaciones deben hacerse del conocimiento de las autoridades para que estas certifiquen que los trabajos informados hayan sido realizados en tiempo y forma.
 
Según la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), todo estaba correcto. Varios inspectores de esta dependencia ya fueron enviados a la isla para colaborar con las pesquisas y esclarecer el accidente lo más pronto posible. No quiero pecar de escandaloso pero no sé quién puede afirmar que la autoridad aeronáutica –llámese DGAC– hizo su trabajo apegado a procedimientos, y avaló la aplicación de los servicios de mantenimiento de manera oportuna y veraz.

“Si el río suena…”

 
Así pues, se duda de que la obligación de la empresa se cubría adecuadamente en términos de mantenimiento. Las más de cien vidas que cobró el percance merecen que se esclarezcan todas las dudas y que se sepan las verdaderas causas del accidente. Aquí no caben las simulaciones. Lo que me parece inexplicable es que se permita manga tan ancha en el cumplimiento de las obligaciones de las empresas, sobre todo en un área tan sensible como el mantenimiento, como también sucede en algunas escuelas de vuelo en el país. 
 
De encontrarse negligencia por parte de la empresa, ésta sería cerrada de inmediato, amén de enfrentar serios problemas para sus representantes legales y que implican pagos de indemnizaciones y procesos quizá penales. Lo que no sé es si también deberían de hacer lo mismo con la desacreditada DGAC.

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