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23/01/2020

Bienvenida la AFAC

Francisco M. M… / Miércoles, 23 Octubre 2019 - 21:25

La excelencia no es una habilidad, es una actitud”

         Ralph Marston 

Dentro del cúmulo de malas noticias que hemos recibido, tenemos que referirnos a una muy buena para nuestra industria. Por fin, después de casi 30 años de espera, la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) es un hecho en México y sustituye a la DGAC. 

Esto sucede después de que se firmara el decreto presidencial y se publicara la información en el Diario Oficial, en cumplimiento a uno de los requisitos establecidos para mantener a la industria aérea de nuestro país funcionando en la categoría uno.

En principio y si funciona como todos esperamos, la AFAC debería ser también el inicio de la implantación de una política aérea de estado que regule a nuestra aviación para ponerla a la par de las masas adelantadas del mundo.

He leído y comparado algunos artículos del reglamento antiguo de DGAC con el de la naciente AFAC y aunque hay algunos conceptos novedosos y algunos cambios de comas y puntos, se puede ver mucho de lo que ya teníamos vigente hasta antes del 17 de octubre.

Me llama la atención que no se aborda el tema referente a medicina de aviación y que hoy tiene una importancia vital por todos los problemas que está enfrentando. Asimismo, sólo hay referencias superficiales a lo que debe de ser el departamento de Investigación de Accidentes Aéreos.

Según lo marca el propio reglamento, todos los recursos humanos y económicos de la antigua DGAC pasarán en automático a la nueva AFAC, lo cual también es de preocupar ya que muchos de los problemas que vivimos en el pasado por el pobre y burocrático funcionamiento de la DGAC tenían que ver directamente con la falta de recursos económicos y la falta de personal preparado y profesional para ocupar los diferentes cargos.

Es de esperarse que esos recursos, tanto humanos como económicos, se vean aumentados y actualizados para que la AFAC vaya adelante y pueda resolver los graves problemas que hoy está heredando.

Aunque el propio reglamento habla de la autonomía de la AFAC, existen varios artículos que dejan clara cierta dependencia de la agencia a las decisiones de la SCT que seguramente podrían marcar una diferencia en la libre toma de decisiones al interior de la AFAC, de acuerdo a sus atribuciones legales, por lo que podríamos decir que la dicha autonomía podría no ser una realidad completa.

Un tema aparte es el que se refiera al funcionamiento de la oficina de licencias a personal técnico, en donde Gonzalo Carrasco, su director, está haciendo un magnífico trabajo tratando de desaparecer un enorme elefante burocrático que, hasta ahora, nadie ha podido ni siquiera mover, a través de muchos años de funcionamiento de la DGAC.

La mano experta y profesional del Capitán Carrasco empieza a notarse en la oficina de licencias y estoy seguro que muy pronto habrá resultados tangibles en la solución de todos los problemas que hoy enfrenta y que le toca heredar de DGAC, siendo la nueva AFAC una arma que puede utilizar para continuar haciendo los cambios necesarios y para traer certeza y eficiencia en un importante departamento del que depende el normal funcionamiento de nuestra industria aérea.

El talento humano, empezando con el de Gonzalo y la gente que trabaja con él, está ahí y si para empezar se logra un cambio de actitud de trabajo basado en ser eficientes, estoy seguro que tendrán gran éxito en sus funciones.

Quienes hemos vivido de la industria aérea por muchas décadas y que fuimos testigos, además de sufrir las pésimas decisiones del pasado, esperamos y deseamos que esta nueva AFAC no sea solo un cambio de nombre y que venga a revolucionar para bien de la aviación mexicana en un funcionamiento de excelencia, en manos de gente comprometida y con experiencia.

El cambio debe de ser de forma y de fondo, ordenado pero lo más rápido posible porque la industria no deja de moverse y quien piensa al día ya está atrasado.

Lo contrario sería un grave desperdicio de talento, recursos y una gran oportunidad de modernización, además de enfrentar la posibilidad de ver a nuestra aviación degradada (otra vez) a categoría dos y eso sí sería una verdadera vergüenza. 

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