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17/12/2018

Ahora los controladores aéreos

Francisco M. M… / Jueves, 6 Diciembre 2018 - 10:15

Se veían venir las inconformidades a propósito del hecho de que ningún funcionario público puede tener un sueldo mayor al que percibe el presidente.

De entrada, fueron los mismísimos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación quienes se han negado a ver disminuidos sus sueldos y prestaciones, y ya incluso se habla de la presentación de amparos que seguramente, y por razones más que obvias, van a proceder. De ahí seguro vendrán muchos amparos más en cascada por parte de miles de funcionarios federales, que en la mayoría de los casos son verdaderos profesionales comprometidos con su trabajo el cual han hecho por muchos años.

Un buen ejemplo de ellos son los controladores de tránsito aéreo mexicanos, quienes ya han empezado a sufrir descuentos importantes en sus percepciones económicas.

Ya vimos publicado en las redes sociales el escrito que Sinacta, el sindicato que los representa, ha hecho llegar al señor López Obrador, dejando perfectamente clara su oposición a la reducción de hasta un 40% en algunos casos en sus sueldos y prestaciones. Esto tiene olor a que viene ese amparo y puede ser una papa bien caliente en las manos del nuevo director de Seneam (Servicios a la Navegación Aérea en el Espacio Aéreo Mexicano), Víctor Hernández, quien recibe la batuta de manos de todo un icono de la aviación nacional e internacional, el ingeniero Roberto Kobeh.

Durante 45 años tuve la fortuna de volar como piloto comercial para tres aerolíneas de nivel internacional –Aeroméxico por treinta y nueve, y otros seis para Turkish Airlines y Jet Airways de la India– y, habiendo recorrido los aeropuertos más complicados y las áreas más conflictivas del planeta, puedo decir con pleno conocimiento que nuestros controladores mexicanos se pueden contar entre los mejores del mundo.

Conozco a muchos a través del micrófono y a muchos otros personalmente, y puedo confirmar su calidad humana, el compromiso con su trabajo y su alto sentido de responsabilidad y profesionalismo, que han garantizado durante décadas un alto índice de eficiencia basada en la seguridad de las operaciones en todo el espacio aéreo de nuestra República.

Ellos siempre están ahí: desde los aeródromos más pequeños y poco transitados hasta las complicadas áreas de vuelo de los grandes aeropuertos de México, como los confiables guardianes que son de la coordinación y administración del espacio aéreo y del orden en nuestros cielos.

Los sueldos y prestaciones que perciben no se comparan de ninguna manera con los de controladores aéreos en otras partes del mundo –empezando por nuestro vecino Estados Unidos–, pero su responsabilidad es la misma y a veces aún mayor cuando tienen que controlar hasta 450 mil aviones de todo tipo y tamaño en un solo año, en aeropuertos como el de la Ciudad de México que se encuentra oficialmente saturado desde hace años.

Una labor de primer nivel, un compromiso profesional permanente y una responsabilidad sobre los hombros que bien vale la inversión que el gobierno de México pueda hacer en ellos, porque su experiencia y preparación no pueden ser sustituidos.

Es mala idea tratar de ahorrar en seguridad, y el trabajo de los controladores de tráfico aéreo hace justamente eso: garantizar un espacio aéreo seguro para mover a los miles de pasajeros que se transportan por aire cada día.

Los aviones no “se repelen” por sí solos (como Rioboó asegura), y a los controladores toca cuidar su separación en vuelo mediante un magnífico trabajo que habla por sí solo todos los días y que merece una remuneración de acuerdo a la altísima responsabilidad que tienen.

Difícil de comprender cuando, en el Congreso, los morenistas se despachan con la cuchara grande y se asignan un jugoso aguinaldo libre de impuestos lo que es una verdadera ofensa para los millones de trabajadores que se esfuerzan cada día haciendo un buen trabajo.

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