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22/09/2018

Competencia en la aviación mexicana más allá del AICM

Rodrigo Soto-Morales / Lunes, 14 Mayo 2018 - 16:48

Twitter: @rsotomorales

Si se trata de hacer balance sobre lo que ha sucedido en materia de transporte aéreo en México los últimos seis años, creo que cabe destacarse el crecimiento de la industria. Los números cada vez son mejores e inclusive el futuro parece prometer con fundamento.  Sin duda esto ha sido resultado de la audaz gestión de empresarios y trabajadores que han sabido asumir riesgos, al tiempo que han dado al mercado mexicano más conectividad. 

Pero para que el mercado siga siendo cada vez más amplio, y sobre todo cada vez más sano, el papel del Estado es importantísimo. Ya no sólo se trata sólo de safety & security. Se trata también de una cuestión de visión. En el sector, no nos encontramos ante una “mentalidad de cambio”, sino ante una mentalidad de “avance y mejora”. 

Precisamente por ello, no podemos limitar la opinión pública, las preocupaciones de la autoridad aeronáutica, o la rectoría económica del Estado a los temas que más han ocupado el aparador en los últimos dos años: el caso Mexicana de Aviación, o la asignación de slots en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Estos asuntos son importantísimos y fundamentales, pero no son los únicos.  

Mirando a futuro, el tema de la infraestructura aeroportuaria en otras partes del país es fundamental. Esto incluye la posible desincorporación de más aeropuertos operados por Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) o en asociación con gobiernos locales; así como la planeación urbana de sistemas aeroportuarios —donde se contemple más de un aeropuerto para brindar servicio— en ciudades como Monterrey, Guadalajara, Tijuana-Ensenada, Cancún, Puerto Vallarta, Culiacán y otras.

También es urgentísima (y no es gratuito el uso del superlativo) la creación de la Agencia Federal Aeronáutica, así como la apertura escalonada y moderada de los cielos nacionales a operadores extranjeros.  

En pocas palabras: hace falta visión de Estado, visión económica, visión de país. Y es que la industria de la aviación no sólo es negocio para quienes la operan, sino para otros mucho otros sectores que dependen de ella para concretar nuevas inversiones y operar nuevos modelos para generar riqueza.

¿Qué va a pasar si no hay Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) esta semana? ¿O si México cede a las exigencias arancelarias y de cuotas de Estados Unidos? ¿Si tenemos un TLCAN que a largo plazo no nos conviene?… Una de las respuestas más verosímiles es: “Welcome Asia”; donde el Trans-Pacific Partnership (TPP) será nuestro nuevo TLCAN. Entonces Texas será remplazado por Manchuria; Nueva York por Tokio; Chicago por Seúl. Y sin puertos ni navieras, sin aeropuertos y aerolíneas la competencia no será posible.

Sin duda, la inversión privada –nacional y extranjera– será necesaria para competir. Pero, ¿quién va a invertir sin garantías? No sólo contractuales y financieras, sino de Estado de derecho, de política económica, de política aeronáutica. Y las disputas que surgirán –así son los negocios–, deberán solucionarse por arbitrajes internacionales (en mi opinión las menos) y por jueces locales (en caso de responsabilidad, dependiende del lugar del hecho y dónde está la infraestructura); pues para los asiáticos extremo-orientales las cortes de Nueva York y Londres no serán las sedes preferidas. Por tanto, se tendrán nuevos retos legales y judiciales, y por tanto nuevos parámetros para evaluación de riesgos.

Pero nada de esto es de consideración contra el beneficio y desarrollo que implicará para el país. México ya discutió y aprobó varias reformas: laboral —aunque todavía le falta, financiera, educativa, energética. Ya es hora de una reforma de transporte. Quizá es momento de dividir al dragón de dos cabezas y contar con dos secretarías: una de comunicaciones y otra de transportes. 

En tema de corrupción e impunidad nos cocimos como la rana en el recipiente con agua: sin darnos cuenta, pues la temperatura fue subiendo muy poco a poco y nos adaptamos al calor hasta quedar cocidos. La aviación mundial va a otra velocidad que la aviación nacional; no podemos acostumbrarnos a la temperatura del agua en la situación mexicana; hay que saltar y jugar en la liga internacional. Pero esto no será posible sin el compromiso de los empresarios y del Estado. Sin imprudencias, pero con una agenda y una política aeronáutica pensadas, ambiciosas y comprometidas.

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