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21/10/2018

¿Todavía no aterrizamos?

Rosario Avilés / Martes, 2 Octubre 2018 - 09:31

Si todo sale bien, el día de hoy habrá acuerdo entre Aeroméxico y la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores. Si esto no es así, es que habrá huelga con consecuencias no medibles pero con un alto costo para todos. En esta ocasión, sin embargo, el caso de Aeroméxico puede ser la némesis de lo ocurrido con Mexicana. Los tiempos han cambiado y la lógica -incluso la de los mercados- ya no es la misma.

Tal vez vivamos una situación difícil y equívoca justo en el umbral del cambio de gobierno, pero el sector aéreo mexicano necesita reinventarse para responder mejor a los tiempos que vivimos. La mayoría de las aerolíneas están en crisis y una vez más, parece que sólo los trabajadores tienen que responder a ello.

El 1 de julio de este año hubo una importante llamada de atención por parte de los ciudadanos mexicanos hacia quienes han impulsado (con muy buena voluntad en muchos casos y con más buena fortuna en otros) un modelo económico que ha mostrado sus debilidades en la enorme desigualdad que acusa nuestra sociedad mexicana (y muchas sociedades en el mundo).

No son casuales ni los Brexit, ni los Trump, ni las exploraciones de modelos políticos en busca de uno que, al tiempo que logre el crecimiento económico, garantice que quienes hacen posible la creación de riqueza -los trabajadores, sobre todo- también gocen de los beneficios de este crecimiento. La desigualdad amenaza la estabilidad y es hora de hacerle frente.

Se ha insistido mucho en las contradicciones de un modelo que busca, por una parte, producir bienes y servicios a muy bajo costo, castigando con ello el salario de quienes los hacen posibles, y por la otra, buscando ser más “eficientes” en recurso humano, con lo cual hacen recortes de personal.

La contradicción no es aparente, sobre todo cuando sólo se estudia el fenómeno en una sola empresa: desde luego, si hay menos trabajadores que hacen más y que ganan menos, la empresa tendrá mayores beneficios. Pero cuando este esquema se repite en todas las empresas y en todos los sectores, y además en una competencia feroz en la economía globalizada, el resultado puede ser la quiebra del sistema, como en 1929.

De este modo, si se sigue por ese camino (y más aún con la automatización de muchos procesos que hoy ocupan nuestra mano de obra) lo que puede ocurrir es que existan muchos productos y servicios a muy bajo precio, pero los salarios de quienes tengan empleo serán tan bajos que no podrán adquirirlos, mientras que el resto sean desempleados que no sólo no puedan adquirir nada sino que necesitan de la asistencia de los gobiernos cuyas recaudaciones sean mínimas y no puedan hacer frente a estos requerimientos.

Se dice que los salarios de los pilotos de Aeroméxico son los mejores de la industria. Lo que no se dice es que hay dos tipos de contratos: el A y el B. Y es justamente éste el que se pide mejorar pues es sustancialmente menor al otro. Un esfuerzo por emparejar esta situación es lo menos que puede hacer la empresa que ha hecho el mejor “deal” con la estadounidense Delta y eso gracias a los sacrificios que se le pidieron a los trabajadores en los momentos de crisis y que hoy se busca que sean recompensados.

La renegociación del TLC también muestra que los inversionistas -sobre todo los estadounidenses- se dan cuenta de la importancia de que la competencia no se dé sobre la base de los bajos salarios. Son signos de los tiempos.

Lo oí en 123.45: Además, se debe investigar y hacer justicia en el caso de Mexicana de Aviación: anular las irregularidades, castigar a los responsables y resarcirle a los trabajadores su patrimonio. E-mail: raviles0829@gmail.com; twitter: @charoaviles

 

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